aquél que garantizaba el acierto pero
no se atrevía a hacer un consejo
aunque fuese breve, pero algo.
Tan correcto porque imaginó tanto
la oportunidad, el momento, el éxito;
cúmulos de caminatas monitoreadas
con esperanza de un día compartirlas.
Luego se imponen las conjeturas y predicciones,
usualmente absurdas y saboteadoras;
agazapado por entre los pasillos y los bosques de
personas confidentes condescendientes de la intensidad
diaria de un deseo, de una necesidad.
La improvisación quizá debería ser un plan
y no tanto un recurso, porque aquello que en la mente
se ensaya a montones, suele esfumarse
al momento de ocurrir.
Para galardonar la voluntad de los pasos
que ensordecieron a la asesoría del pensamiento
y se desempeñaron junto a los sentimientos y su epicentro,
siendo la cofradía de la felicidad.
Se colapsa esta obra que tiene claro su propósito
y nada más; jamás serán ruinas pues los cimientos
y la estructura que la levantaron, parecen
ser de otra índole.
Aquello que tejen las circunstancias,
suele no parecerse a lo hilvanado por los sueños,
los resultados, cortos o superiores, son parte de lo que
en algún momento se va a evocar.
Entonces fue el temblor delator,
hoy la reminiscencia de una aparición, un acercamiento,
un distanciamiento y sin duda, de una agradable esperanza.
gatts
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