Antes de hacer recuento de esta historia que nos hemos mandado, antes que buscar una palabra para definirla, antes que todo: nosotros.
Ese amor tan único, tan mágicamente cotidiano y que al final nos ha permitido (detrás de montones de errores, de desatenciones, de agonías) mirarnos con la misma intensidad, con la misma ternura, con la misma inocencia que el momento en que nos descubrimos, que el momento en que supiste que era yo, que supe que eras tú, que supimos que juntos inventaríamos esta aventura.
¿Qué te parece? No espero una respuesta perfecta, pensada; entonces y ahora, basta tu brazo alrededor, tu sonrisa de buenos días, tu codazo de buenas noches.
lombardo
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