miércoles, 10 de febrero de 2016

Búsqueda

Lo escuchó a mitad de un concierto.

Él, atento al escenario, se enganchó de la conversación de una pareja (una muchacha y un muchacho) que estaba a su espalda.

- Me hace tanto ruido que me digan "ojalá encuentres lo que buscas" - dijo el muchacho para luego ir bajando los hombros mientras exhalaba.
- Una o uno busca nada más que el amor, señorito - dijo ella, sonrió, le obsequió una palmadita y comenzó a cantar la canción que sonaba.

Luego de un par de canciones casi sin pausa intermedia, continuó la conversación.
- Estarás de acuerdo que el amor no precisamente llega en una persona - retomó él.
- Puede ser, pero como en qué podría ser.
- Ni puta idea, pero se me ocurre - comentó él un poco desesperado.
- Ja, ja, ja, ja - se soltó ella - Bueno, lo tendré en cuenta.

Se despidió por primera vez el artista, y mientras la mayoría de los presentes pedían que volviera e interpretara otros tantos temas, la pareja se extendió.
- Mmm... por ejemplo en lo que hagamos para vivir - sugirió él.
- Mmm... ¿un lugar? ¿puede ser un lugar? - sugirió ella.
- ¿Cómo?
- Bah, que puede ser un lugar lo que represente lo que entiendes por amor. Igual creo que sea lo que sea depende de si lo compartes y con quien.
- Sí, puede ser ¿Por qué no?
- ¿A dónde te gustaría ir? - preguntó ella.
- La verdad que no había pensado en eso.
- ¡Dale! ¡Metele onda! A mí me gustaría ir a Noruega y ver una aurora boreal.
- ¡Naaa! ¡Qué puto frío!
- ¡Uuuh! ¡Bueeenooo! Por eso aclaré que a mí. ¿No me acompañarías?
- ¿Ya?
- ¡Obvio no, bobo! ¡Estamos a mitad de recital! Además no sé si a la hora que salgamos haya vuelos; lo bueno que allá es invierno y es probable verla si vamos saliendo.

Justo después de ese comentario el tipo volteó a conocerla, mientras el señorito miraba a cualquier lado; ella lo notó, se miraron, intercambiaron sonrisas y el tipo regresó la mirada al escenario.

- Do you spe... - intentó preguntar ella, pero sin éxito.
- ¡Solo español! Ni inglés ni noruego o lo que sea que hablen aquí.
- ¡Ah! ¡Perfecto! Yo también - se emocionó ella - ¿De dónde sos?
- Qué bueno que nos entendemos, aunque probablemente alcanzó a escuchar mis insultos al frío.
- No, no, eso no alcancé. Recién llego y quise hablarle para preguntarle algunas cosas.
- No sé si le sea de mucha ayuda.
- ¿Cómo sabe?¿Por qué lo asume?
- Bueno, tiene razón, depende de sus preguntas; pero si las hace en inglés...
- ¿Cómo sabe que es inglés si no lo habla?
- No sé. De hecho dije eso porque no tengo idea de qué quería decir.
- Justo le iba a preguntar si habla inglés.
- ¿Vio? No le sería de ayuda. ¿Viene mucho a presenciar esto?¿Vive acá?
- ¡No! ¡Eso le iba a preguntar!
- ¿Si vivo aquí?
- ¡No! Pues cosas del lugar. Es la primera vez que vengo.
- Yo también.
- ¡Genial! ¿Qué lo trajo?
- La verdad que era un pendiente que me robé hace años.
- ¿Cómo?
- Bueno, es algo inusual. No sé.
- ¿ Cómo que lo robó?
- Bah, alguna ocasión escuché que estaría bueno ver una aurora y me quedé con la idea.
- Pero si no le gusta el frío ¿qué necesidad?

Se antoja complicado volver a encontrarse con una persona a la que solo viste una vez y de quien desconoces casi todo excepto su deseo de conocer un lugar.
Años después, necesitados de un refugio contra una intensa lluvia, el escenario sería una tienda de música.
- ¿Cree que la música puede representar amor?
- Puede ser - respondió ella sin dejar de chusmear los discos. - ¿Suele escuchar conversaciones ajenas?
- ¿Suelen ignorar sus comentarios?
- ¿Qué le hace pensar eso?
- Cuando uno se fija en una chica que está acompañada -fijarse de que le guste- siempre espera que el tipo sea un perfecto imbécil.
- Oh, y por eso escucha demás.
- Tal parece.
- ¿Vos tenés algún lugar al que quieras ir?
- Sí.
- ¿Y lo compartirías?
- Sí.
- ¿Dónde?
- Un café. Contigo. Ahora.
- Está lloviendo.
- Qué cliché.
- Yo también te recordé.
- ¿Con la misma desesperación?
- Con la misma ilusión.

La oscuridad comenzó a llenarse de olas multicolor.
- Un poco de frío capaz que lo vale ¿no cree?
- Sí, claro. ¿Y, vino solo?
- Sí. ¿Usted?
- También. Pero cómo es que se animó a venir.
- Hace años que quería, pero no me decidía, hasta que luego de 30 años en una empresa, me echaron y con el dinero que me dieron pagué el viaje.
- ¡¿Treinta años?! ¡Son un montón!
- Sí, pero es así con las empresas: un día no te ocupan más. Era solo un número para ellxs.
- Pero ¿y por qué solo?
- Nadie quiso acompañarme.
- Claro, pe...
- ¿Usted por qué se animó?
- Bueno, es algo que desde hace años quería hacer...
- ¡Ah, mire! No me estaba espiando ¿verdad?
- ¡Ja, ja! Desde joven, pero hallé siempre otra cosa para postergarlo.
- Bueno...
- Bueno...

Quedaron en silencio.
- ¿Qué canción o melodía le pondría a este momento? - preguntó él.
- Mmm... se me ocurre "Você" de Jeites. ¿Vos? ¿Puedo hablarte de vos?
- Claro. Mmm... ¿Sabes? Me quedé pensando ¡qué curioso que ambos quisiéramos desde jóvenes venir a acá y hayamos elegido el mismo día.
- Sí, o el día nos habrá elegido.
- Ah, bueno, eso sería algo muy loco.
- ¿Vos decís?
- ¡Sí! ¡Ja, ja! ¿Loco? No sé si todavía me queda usar esa palabra, digo, suena a palabra que usan lxs jóvenes; aunque no creo que la usen más en estos días.
- Y, bueno ¿cuál usarías en lugar de "loco"?
- "Impresionante", aunque no tenga cara de utilizar esa palabra.
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Vos estás re loco!
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Me descubriste!

Se obsequiaron otro silencio.
- Che, me quedé con la duda. ¿Cómo robaste esta idea?
- Yo también me quedé con la duda.
- ¿Eh? ¿Qué duda?
- ¿Encontró lo que buscaba, señorita?

Se miraron, intercambiaron sonrisas y se tomaron de la mano. Voltearon hacia la aurora, ella se acurrucó; él la abrazó.
- Noche de bodas, de Sabina - dijo él y después le dio un beso en la frente.

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