viernes, 20 de marzo de 2015

Prólogo

Dónde lo alcanzan las cosas a uno.

Haciendo un resumen, siempre he llevado a Argentina conmigo. Tal vez papá no quiera reconocerlo, pero su pasión por el futbol lo delata, y van todas las canicas - no es albur ni soy un ente mitológico que tenga más de dos, si es que hablamos de esas canicas - a que me llamó Diego Armando debido a la euforia del que para mí, y al menos para todos los argentinos con los que he platicado al respecto y uno que otro de diferente nacionalidad, ha sido el mejor jugador de futbol: Maradona.

Durante mi infancia se volvió una broma que, mientras no estuve consciente de El Diego, me molestó porque pasaban lista o me preguntaban para comprobar que el niño ya hablaba y además había aprendido su nombre. Y entonces era: "¡Diego Armando!... ¡¿Maradona?!" o "¿cómo te llamas?", preguntaban y yo:  "Diego", luego venía la comprobación de mi habla: "Diego ¿qué más?", y yo, aceptando que desde entonces descubrí mi talento para fastidiar a la gente porque querían apellidos, fecha de nacimiento, tipo de sangre y el clima y hora en Moscú, sólo decía: "Diego Armando", y acto seguido: "¡¿Maradona?!" y me agarraban la cara. Ni pedo.
Después cuando supe bien sobre Maradona, entonces sí y a la fecha es un orgullo y ahí dejo el tema porque si no me prendo chingos.
Incluso de niño quería ser como Oswaldo Ingrao, ese central que jugaba en el Atlante. Otro argentino.

Es curioso, pero tratándose de música los recuerdos más antiguos que tengo son de canciones de Piero, Leo Dan, Leonardo Favio, Palito Ortega, Sandro; argentinos todos.  Aclaro: esto no quita que Bronco y Tropical Panamá sean la mera verdura.

Yo no sé  ustedes, pero Maradona y Redondo juntos en un equipo es un lujo, un dúo dinámico histórico como Pedro y Pablo, Tintan y Marcelo, La Quirina y Mago; estos últimos los invito a que investiguen historia de Ciudad Victoria. El caso es que por esa época de Maradona y Redondo en la selección (1994) pasaban - en ese canal cuya compañía está muy de moda por haber chispado a Carmen Aristegui - varios programas que eran de mi agrado y que coincidentemente eran todos argentinos: Hola papi, Gerente de Familia, Mi familia es un dibujo y, donde me enamoré del acento, La Nena, con Valeria Britos y Rodolfo Ranni.

Pocos años después comencé a seguir la Liga argentina de futbol, cuando el súper Boca de Bianchi: Córdoba, Ibarra, Bermúdez, Samuel, Burdisso, Arruabarrena, Serna, Cascini, Traverso, Gaitán, Riquelme, Barros Schelotto, Palermo, Barijo, Delgado, Tevez; por mencionar algunos jugadores de esa etapa.

Luego siguió el tango que fue herencia del abuelo, después los Cadillacs y los Decadentes, después Piazzolla, después Páez y Calamaro; luego llegaron las empanadas, el mate y Borges, Sábato y Cortázar, y bien al último, Arlt.

Todo eso lo fui ingiriendo en la vida hasta que pude llegar y es casi como lo imaginé, sólo que mejor por esas personas y esas experiencias que jamás se me habrían ocurrido; y estoy tan agradecido de poder estar acá tan lejos de donde inicié y tomarme el tiempo que merece explicar que allá por el norte tierra de pasiones, entre las montañas se encuentra escondida de Tamaulipas la flor consentida.

Admirado admirando

Eso es saber corresponder.

Observas la versión de "Lyla" que ejecutan Clapton y Marsalis, la cara de Marsalis luego del solo de guitarra para mí dice que él no puede hacer otra cosa que tocar algo a la altura, y entonces viene la trompeta.

El trombón y el clarinete lo entienden y hacen lo propio, pero lo majestuoso empieza por los otros dos; después de ellos que pase lo que sea, no importa; incluso creo que Marsalis declara en notas su eterna admiración a lo que Clapton recién pintó con sus cuerdas.

viernes, 15 de agosto de 2014

El por qué vendo hotchos

Lo hago porque me recuerdan la noche más magnífica en la que he estado.
Flores, compartir medio litro de nieve viendo "Diario de una pasión", serenata; son generalmente indicadores de éxito. Yo no tenía precisamente los mismos recursos, pero ¡por Dios!, si tienes dos ases y acaban de bajar los otros dos, ¡tienes que apostar!
Tienes un solo tiro para el incapturable espécimen, lo fallas y cagaste. Te dan el penalti para evitar el descenso del equipo, lo mandas a la mierda y todo se va al horno.
Bien... ¡un concierto de Michael Bublé! Me van a disculpar, pero ese cabrón es como si fuera el musical de Christian Grey: todo sensual, todo funciona... ¡chingado! Simplemente no te va a dejar morir. Ok, uno no es ese dios griego del libro ni millonario, pero ¡es Michael Bublé!.
No sé por qué Bublé iba a comenzar tarde, así que me tomé el atrevimiento de sugerir una cena casera previa al recital: sorrentinos rellenos de jamón y queso, bañados con salsa bolognesa y muzzarella; vino tinto, todo a media luz, una terraza, la luna a full y el disco completo de Coltrane for lovers. Después sería el concierto y más vino, luego la Huasteca, más vino, Getz & Gilberto, más vino... ¡no mames!¡En estado de gracia!¡Tocado por Dios! Ya para esa altura iban a llover tulipanes y listo, ¡ciao!¡se chingó! Como campeón.
Era la diosa de la oficina, tan sólo verme con ella me convertía en deidad de algunos, pero eso no es suficiente, quería todas las palmas, sacarla del parque.
¡Qué preciosa mujer! Podría deshacerme buscando describirla, pero no sé si alcance, tendrían que verla. ¡Ay, nanita! Llegó un punto en que pensé en llevar cardiólogo al trabajo.
Pero así como las cosas funcionan, las cosas se pudren, son un fiasco.
Los sorrentinos fueron despreciados porque la muchacha había cenado (antes aclaro que nada tengo contra ningún alimento y benditos sean todos ellos) huevo con jamón, un chingo de salsa y refresco. Bien tenía alimento como para cuatro días. 
El vino no le gusta porque sabe gracioso... ¡hazme el chingado favor! Por lo pronto se chingó el vino con la pasta, con el concierto, con la Huasteca y con todo a la merde; a Coltrane le dieron puente y Bublé no tuvo su efecto porque no es tan bailable como las mamadas que proponen Armando Christian Pérez, mejor conocido como Pitbull, y Romeo Santos... ¡No mames!
Nos salimos del concierto porque la chica se había peleado regresando del baño porque una tipa le manchó la blusa; el tiempito al aire libre valió madre porque ella ya traía sueñito porque según estuvo de hueva el tipo este y, al chile, ya ni ganas del selfie para apantallar raza; ni la gas ni la lavada de pinche carro ni la boleada de zapatos... ¡valió ñonga!
La fui a dejar al quinto culo donde no había ni madres. De regreso el carro se apagó y ya no quiso prender. Caminé un huevo buscando un Oxxo para meterle saldo a esta madre (porque soy jodido) y poder pedir un taxi; comenzó a llover bien cabrón y yo con un hambre de la chingada porque no iba a tragar sorrentinos solo; seguí caminando todo pinche mojado hasta que topé con un carro de hotchos.

Lo que funciona, funciona aunque a veces deje de hacerlo; los fiascos, por terribles que sean, a veces son tan sólo el preámbulo de algo majestuoso.
El tipo bastante huevón me dijo: "aquí está el pan, acá las salchichas (sin albur). Prepáreselo como quiera". Terminé de prepararlo, me disponía a comer cuando noté que del otro lado del carro de hotchos estaba una mujer en condiciones similares.
- ¿Día difícil? - preguntó.
- Algo - contesté con esfuerzo - ¿Tú?
- Mal. ¿Por qué fue difícil tu día?
- Larga historia. ¿El tuyo?
- ¡Uy! ¿Deveras quieres escucharlo?
- ¡Bah! Si quieres.
- Bueno.
- Ajá...
- Me acabo de cambiar de casa y los mensos de la mudanza no hallaban el domicilio. Tardaron horas en dar.
- ¿Pues qué mudanza pagaste?
- Una muy jodida.
- Ok ¿y luego? ¿Qué haces acá? ¿Por acá te cambiaste?
- No. Mi novio me dejó.
- ¿Eh? ¿Por qué te dejó acá?
- Vive para estos rumbos, un tanto más lejos.
- ¡¿Y?!
- ¡Aaah! - suspiró, comió un poco y continuó - Pues lo llevé a la fuerza a ver a Michael Bublé, pero le da hueva y dice que es homosexual.
- ¡Órale! ¿Y luego?
- Mmm... ¿te gusta Bublé?
- No conozco mucho de él - ¡claro! ¡Hazte pendejo!.
- Pues a mí me gusta.
- Chido.
- En fin. Nos tuvimos que salir porque fuimos a comprar comida y cuando ibamos de regreso a nuestros lugares, accidentalmente choqué con una tipa que iba saliendo del baño, le manché la blusa, se molestó y me aventó la charola con la comida, lo que hizo que manchara la camisa de mi novio, se cagó y pues ¡vámonos!
- ¿Y de coraje vino a rumbarte por acá?
- ¡Ja! ¡No! - respondió y dio otra mordida.
Aún no daba una sola mordida a mi hotcho, después me contó lo que me contó y probé el mejor hotcho de mi vida.
- Veníamos para su casa porque se supone que me iba a quedar con él.
- Ajá...
- Pero ya que no pude comer en el concierto, pues tenía mucha hambre.
- ¡¿Vino y te dejó en los hotchos?!
- ¡Je! ¡No!
- ¿Entonces?
- Le venía platicando que tenía antojo de sorrentinos, le insistí y se encabronó más; me bajó y me dijo que no era un pinche restaurante.
- ¡¿Eh?! ¡¿Sorrentinos?!
- ¡Sí! ¡Pasta!
- ¡Sí, los conozco! Pero ¿por qué sorrentinos?
- ¡Ja! Porque horas antes escuché a mi vecino nuevo (el cual no conozco) ofrecerle sorrentinos a su novia (creo que era su novia, no sé), pero ella no quiso que porque había cenado huevo. Caminé, me pescó la lluvia y llegué a aquí. ¿Cómo ves?
- Pues por terrible que sea, debe ser el preámbulo de algo muy bueno.
- ¿Tú crees?
- Sí.
- Pues te creeré.
- ¡Ja! Deja cenar y ahorita nos vamos.
- ¡Ja! ¡Okeeey! ¡Provecho!

Relación

- Sólo venía media hora. De hecho no sé si sea buena idea que haya venido.
- Bueno, eso depende.
- ¿De qué?
- De lo que tengas pensado hacer en media hora.
- ¡¿Qué te pasa?! ¡¿Qué me crees?!
- Te creo la mujer más hermosa.
- Ja, ja... ¡No! ¡Espérate! Además, tengo una relación y no se ve bien que yo esté aquí.
- Yo también tengo una relación.
- ¡Ya ves! ¡Quítate! ¡Quédate con tu relación y respétala!
- Tengo una relación bastante extraña.
- ¿Qué tiene de extraña? ¿Es marciana?
- No. Me resulta de otro mundo, pero no.
   Verás, hay cosas exactas, métodos establecidos para obtener algo.
- No entiendo. ¿Qué cosas?
- Mmm... por ejemplo la distancia, la velocidad, el tiempo.
- ¿Qué con eso?
- Sí. Es decir, para obtener el tiempo divides la distancia entre la velocidad; la velocidad es distancia entre tiempo, y la distancia es velocidad por tiempo.
- Ajá...
- Bueno, contigo tengo media hora solamente.
- Ajá...
- Lo cual quiere decir que debo imprimir velocidad para ese tiempo.
- Ajá... ¿y?
- La distancia para un "nosotros", a pesar de tanta velocidad en tan poco tiempo, sigue siendo irrecorrible.
- Lo siento. Tal vez después, en otra vida.
- Es ésta.
- ¿Tú crees?
- Sí.
- ¿Por qué me besaste el día que nos conocimos?
- ¿Es reclamo? ¿Te pareció algo estúpido?
- ¡No! Pero quiero saber.
- ¿Quieres más café o ya nos vamos con algo más fuerte?
- ¡Ja! Café está bien. Mmm... algo más fuerte ¿como qué?
- Y no sé, lo que uso para limpiar el baño, tengo un litro de aceite para el carro.
- ¡Ja! ¡Tonto! Pues café entonces.

Sirvió el café, lo llevó hasta donde ella. Ella soplaba para intentar enfriarlo un poco.

- Me preguntas que por qué te besé...
- Sí - respondió mirando las ondas en su taza.
- Es bastante sencillo. Es la relación que tengo.
- ¿Cómo?
- Sí. La relación entre lo que recuerdo y lo que me pregunto.
- ¿Eh? ¿Cómo?
- Prefiero recordar tus labios que andarme preguntando a qué saben.

Ella sonrió, dio un último sorbo al café y apagó la luz.

- Bien, ya sólo tenemos 15 minutos - dijo ella un poco exaltada mientras desabotonaba su blusa.




lombardo

Nosotros

Antes de hacer recuento de esta historia que nos hemos mandado, antes que buscar una palabra para definirla, antes que todo: nosotros.

Ese amor tan único, tan mágicamente cotidiano y que al final nos ha permitido (detrás de montones de errores, de desatenciones, de agonías) mirarnos con la misma intensidad, con la misma ternura, con la misma inocencia que el momento en que nos descubrimos, que el momento en que supiste que era yo, que supe que eras tú, que supimos que juntos inventaríamos esta aventura.

¿Qué te parece? No espero una respuesta perfecta, pensada; entonces y ahora, basta tu brazo alrededor, tu sonrisa de buenos días, tu codazo de buenas noches.




lombardo

domingo, 8 de junio de 2014

Los torneos entre barrios son los mejores

Para cuando llegó la policía el ladrón ya había avanzado un tramo considerable. Entraron los oficiales y lógicamente la solitaria, por el detalle que es el que quiero platicar, ama de casa estaba exaltadísima.

– ¡Ay, nooo! ¡No puede ser! ¡No puedo creerlo! – gritaba la mujer caminando de un lado a otro cambiando cada tanto la mano en la frente y la otra en la cadera.
– Cálmese señora. ¿Está usted bien? – preguntó el oficial Manzur.
– ¡¿Cómo voy a estar bien, infeliz?! ¡Se acaban de meter a mi casa!

Eso terminó de joder lo que iba del día del oficial Manzur.

Alertando la reacción de su compañero, el oficial Dimas intervino.

– ¡Tranquilícese señora! Lo material lo vamos a recuperar, ahora lo importante es saber si no la agredieron.

La señora pegó un grito donde abundó la primera de las vocales, tomó aire, golpeó sus mejillas al mismo tiempo, encendió un cigarrillo, dio tres bocanadas, se enderezó y respondió.

– Perdóneme oficial. Ustedes cumplen con su trabajo y yo con mis pendejadas, pero entiéndanme un poco. Estoy muy asustada. ¡No! No me agredió. Lo que me encabrona es que… bueno… no sé si debería contarles…
– ¿Qué pasa? – preguntó el oficial Dimas mientras el oficial Manzur aún tenía la mirada anclada en los mozaicos del piso. – Estamos para protegerla, para asistirla. Puede confiar en nosotros – continuó el oficial Dimas.
– Bueno, es que… ¡Ay! ¡Me da pena! – comentó la señora ya serena, pero ahora con un semblante ruborizado.
– ¡Venga, señora! Tiene que cooperar – insistió el oficial Dimas luego de exhalar un poco de fastidio.
– ¡Ay, bueno! Lo que pasa es que hoy cumplo 3 años de casada y pensé que mi marido y yo tendríamos algo como una noche de bodas todo el día, pero el muy cabrón se fue a ver una Final de futbol.

Ese comentario provocó que el oficial Manzur despertara y la mirada del oficial Dimas se expandió, pero no hicieron comentario alguno y la señora continuó.

– Como este cabrón se fue y me dejó pues… ustedes saben… ¡inquieta! Pues me metí a bañar con agua fría. La cuestión fue…

Olvidé mencionar que la señora estaba de muuuy buenas carnes.

– … Fue que en la regadera y que el agua no se sentía tan fría, y ya con la untada de jabón, pues empecé a recorrer mi cuerpo con ambas manos y una se detuvo entre las piernas.

Los oficiales no podía creer lo que escuchaban y seguían atónitos.

– Ahí estaba cuando el imbécil que se metió a la casa dijo: "¡Ay, estúpida! ¡Estás bien sabrosa!"; ahí reaccioné y me cubrí con lo que encontré y le arrojé el champú, salí a corretearlo, pero el infeliz corrió más rápido y se salió. O sea ¡el muy pendejo me estaba viendo!

El oficial Dimas se compuso como pudo, pero el oficial Manzur seguía fuera de si aunque ahora con una mirada de rabia.

– Señora ¿vio la cara del sujeto? – preguntó el oficial Dimas.
– ¡No! Sólo sé que iba en mezclilla y con una playera roja. Bueno creo que sí lo alcancé a ver, pero no me acuerdo bien.
– Ok. Saldremos a patrullar a ver si lo vemos o alguien más lo vio.

Los oficiales recopilaron los datos pertinentes y se fueron, bueno el oficial Dimas y se llevó a su compañero Manzur.


– Manzur… Manzur… ¡Manzuuur!
– ¡¿Qué, güey?!
– ¿Estás cagado por lo que creo?
– ¡A huevo, cabrón! ¡Pinche comandante cagada!
– ¡Ya güe'! Es sólo un juego.
– ¡No mames! ¡Es la pinche Final! ¡Me va de la verga en muchas cosas y el fucho es en lo poco que la armo y me olvido de todo!
– Güey ¿crees que el marido se fue a ver esa Final?
– ¡A huevo, ojete! Es aquí en el barrio, por eso el cagada del comandante me mandó a patrullar, porque ese ojete vive en el barrio contra el que jugamos la Final; sabe que ando de goleador y el puto me manda a jalar.
– ¿Trajiste tus cosas?
– No, güe'; andaba todo cagado hace rato y me salí hasta sin tragar.
– Pos vamos aunque sea a apoyar a la raza; total si sale algo nos avisan por radio.
– Pos vamos, ya qué chingados.


El ladrón no conocía el barrio, amaneció ahí producto de una peda, pero igual quiso robar.

Salió corriendo y como no sabía para donde irse, corrió hasta llegar a un campo de futbol en donde había un chingo de gente presenciando una Final. Ahí estuvo mezclado entre la muchedumbre los últimos 15 minutos del primero y los primeros 25 del segundo.

El juego de ida en el campo del ahora visitante había quedado empatado a cero y ahora, hasta el minuto 25 del segundo, iban empatados a uno, pero el gol en patio ajeno le daba la copa a los forasteros.

En ese tan mencionado minuto 25 llegaron los oficiales Dimas y Manzur, el ladrón los miró y asumió que lo andaban buscando; se acercó a la banca local, quienes justamente jugaban con playera roja, y habló con el entrenador.

– Viejo ¡hazme un paro!
– ¡¿Tú quién chingados eres?! ¡¿No ves que estoy en una Final?!
– ¡Güeee'! ¡Hazme un paro!
– ¡¿Qué chingados quieres?!
– ¡Méteme a jugar!
– ¡Tas pendejo! ¡Vete a la chingada de aquí. Vamos abajo y tú engrosándola!
– ¡Güeee'! ¡Méteme a jugar, por favor! ¡Por el que más me parezca!

El entrenador, consciente de que en la banca sólo tenía 3 defensas y 2 medios lesionados, sus delanteros en el campo no daban una y el capo Manzur tuvo que trabajar, volteó a ver al tipo.

– ¿De qué juegas?
– ¡De medio!
– ¿Cómo te llamas?
– Dime "Tripa".
– Bueno Tripa, pide short, tachones, calcetas y espinilleras; vas a entrar como Pepe Manzur, vas de enganche, cabrón. ¡Haz algo a la mierda!

Salió la bola del campo, el entrenador pide el cambio y entró la Tripa a quien nadie conocía y, lógicamente, todos se sorprendieron.

– Oye Manzur ¿quién es ese? – pregunta el oficial Dimas.
– ¡Sepa madre! ¡En mi pinche vida lo había visto!
– ¡¿Qué mierda le pasa a tu entrenador?!
– ¡No sé güey! Debe estar desesperado; vino todo el barrio a verlos menos la vieja cachonda del robo.

Del 29', que fue cuando realmente entró, al 43', la Tripa jugó distraído mirando constantemente a los oficiales, hasta que el entrenador le gritó.

– ¡Tripaaa, hijo de la chingada! ¡Haz algo hijo de tu puta madre! ¡¿Para eso querías entrar, puñetas?!

A unas cuadras del campo la señora sabrosa que asaltaron, o bueno que se metieron a su casa, pensaba en voz alta.

– ¡Este pendejo ¿qué se cree?! ¡Aniversario y el puto viendo futbol! ¡Voy por este pendejo yaaa!

Tomó su bolsa y llaves, encendió el carro y se dirigió a la cancha. Llegó al campo a eso del 41', buscó a su esposo y por ahí del 43' lo halló abrazado del ausente goleador Manzur a unos metros de la banca local, y justo cuando comenzaba a zarandearlos: uno por ser el marido chilero y al otro por ser el policía chilero, gritó el entrenador.

– ¡Tripaaa, hijo de la chingada! ¡Haz algo hijo de tu puta madre! ¡¿Para eso querías entrar, puñetas?!

La señora se espantó, la gente seguía cantando y saltando; volteó a la cancha y aclaró memoria… ¡La Tripa había estado momentos antes viéndola bañarse y más!

– ¡Ése es! ¡Ése es!
– ¿Ése es quién? – preguntó el marido.
– ¡El cabrón que se metió a la casa!
– ¡¿Qué?! ¡¿Se metieron a la casa?!
– ¡Sí, pendejo! ¡Tú viendo futbol y a mí casi me matan!
– ¡No mames! ¡Sácalo Manzur!
– ¡Sí! ¡El pendejo ése está perdido en el campo! – dijo Manzur.

Justo cuando el oficial Manzur se disponía a meterse para levantarlo, la Tripa taponea a un contrario en medio campo, le sacó la de gajos, avanza, cubre la bocha, gira y sigue avanzando; pisa la bola, le hace caño a un defensa y avanza. Lleva 3 desparramados, le sale el cuarto, toca al "9", se desmarca y le devuelven la pared, pero un tanto larga y elevada y ya dentro del área; le sale el "6" contrario a rebanarlo, pero en el bote de la redonda le hace un sombrero; el esférico pica en el manchón penal donde llega el "2" contrario a mandarla al barrio siguiente, pero la Tripa alcanza a puntear y le hace caño. El portero que era un tren a la hora de salir, arranca como huyendo de la suegra, se lleva de corbata a la Tripa, pero éste logra tocar por arriba.

Se hizo silencio, ya no queda en el agregado; Manzur, la señora y el marido ya van corriendo hacia la captura del ladrón, la gente dejó de saltar y cantar y…

– ¡Gooooooooooooool! ¡La puta madre, pinche Tripa se mamó! ¡Gooooooooooool! – grita el entrenador.

Gol grita la gente y todos corren hasta donde yace la Tripa. El marido se adelanta junto con Manzur y Dimas que los alcanzó; la señora sujeta del brazo a su esposo.

– ¡¿Ganamos?!
– ¡Sí, amor! ¡Somos campeones!
– ¡Te amo, gordo! ¡Feliz aniversario!

Se abrazaron. Dimas y Manzur levantan en hombros a la Tripa y la gente haciendo masa, canta: "¡Diooo la cooopaaa, La Tripa dio la cooopaaa! Y del robo nadie se acordó.




lombardo


sábado, 19 de abril de 2014

La eficiencia de CFE

Para quienes crean que el servicio de la CFE no vale madre, aquí los contradigo.

Sobre el "27", entre Ocampo y Zaragoza, en aquella época, vendían unas tortas que creo que se llamaban: "Mexicanas"; ahora que lo pienso, y si mi memoria no me está mintiendo, pinche nombre tan creativo, pero bueno, las tortas estaban con madre, es decir, muy buenas.

Era de noche y esas tortas figuraban en el menú de la cena a efectuarse en el 134 de la calle Framboyán (que así se llama la calle aunque hasta hace poco me corregiste y ahora sé, como Roberto Carlos, que el árbol se llama Flamboyán) del Fraccionamiento Las Flores. La cena se demoró porque El Contador quería para él sus tacos de jamón en tortilla dorada.
Mientras La Maestra preparaba el platillo, el ahora Arquitecto junto al ahora conocido intrafamiliarmente como Nonito Donaire, se salieron a jugar futbol pateando hacia la portería que Los Hernández gentilmente y sin que fuese su finalidad, habían colocado: el portón de su casa; pinche portón hacía un ruidaso de la chingada con cada gol y, con seguridad, fastidió a más de un vecino.

La casa de Los Hernández no estaba terminada y por ende no vivían ahí, pero creo que cumplía con las prioridades: casa para reuniones y motel para el menor de sus hijos. Tenía el portón del que ya hablé y lo que hoy es su segunda planta, entonces eran blocks acomodados a lo pendejo, y ni tan a lo pendejo porque permitía el juego; se iba el balón para arriba y era posible subirse y rescatarlo. Los rescates de balón fueron numerosos. Usualmente cuando aporreábamos esa estructura metálica teníamos varios cómplices; esa noche no.

La regla era clara: gol, te pones.

Hacía un calor de la chingada, lo recuerdo porque algunos vecinos que ya ostentaban sus aires acondicionados, los tenían prendidos. La fecha no la recuerdo, pero ya dije que hacía calor.
En lo que La Maestra forjaba los de jamón, El Contador miraba "24 Horas", "Eco" o Las Gatitas en "A la cama con Porcel", vale madre.

Acababas de meter gol, te acomodaste en la portería, pongo a botar el balón y le dejo caer la derecha, esa derecha que con el tiempo, habiendo escuchado consejos, habiendo observado ejemplos y tras varias cheves, utilicé para mi primer baile "de caballito"... ¡ay, papel! lo que es la ponzoña, pero como dijo un buen amigo: "si le molestara ya se hubiera ido". Y bueno, ¡a chingar a su madre! ¡balón pa'rriba! Te apuntaste y acomediste a bajar el balón y te subiste en chinga porque conocías bien el territorio, ahí te escondías para espiar a la vecina ja, ja, ja, ja. El punto no es ése. Gritaste: "¡ya lo hallé!"; te respondí: "¡de ahí dale!", pero no había visto que estabas de espalda hacia donde yo estaba y, debo decir, ¡qué pinche puntería! ¡cayó en un cable del alumbrado público!
Creo que el destello que salió, ha sido lo más cercano que he visto a un abuket o a un poder de caballero del zodiaco. Del transformador, que debe seguir en el poste que está afuera de casa de Los Hernández, toda la línea hasta la Fresno, y casi toda la línea hasta la Sauz... ¡puuum, cabrón! ¡A la chingada la luz! ¡Toda la Framboyán a oscuras!

Al chile aún no sé cómo te bajaste tan en putiza, debió ser el conocimiento de territorio que mencioné; entramos corriendo hasta el cuarto y no pasaron 10 segundos cuando se escuchó la voz de El Contador: "¡¿Qué chingados hicieron?!". Eso sin duda era el preámbulo de algo no muy alentador, pero misteriosamente el viejo se enfocó más en que los climas de los vecinos los habíamos empinado y que más allá de que ya ni chingábamos, nosotros los íbamos a pagar.
Cenamos a oscuras, la cuadrilla de la CFE llegó rápido y en 10 minutos restablecieron el servicio; el viejo aún con la duda preguntó: "¿no se chingan los aires acondicionados?", -¡No! - respondió el jefe de cuadrilla. ¿Seguro? - insistió El Contador; - ¡No, señor! Esos aparatos tienen un mecanismo de autoprotección para estos casos que falla la corriente. Sepa la chingada si sea cierto eso, pero no pasó a más.

A lo que iba con todo esto es que la CFE es muy eficiente para las fallas de su servicio (incluyendo balonazos al cableado) y que esas pinches tortas estaban muy buenas.

Feliz cumpleaños Gera. Cuando vivíamos en el "8", entre tantos juegos que teníamos, uno era hacer supuestas portadas para supuestas películas. ¡No eran porno! aclaro; y aquí una gran portada:




No recuerdo cómo te dijo, pero eso de dejar la cuadra sin luz fue junto con tu compañero "pelos parados".




lombardo