-...no puedo engañarme, se ha vuelto una superstición. Los días que más la pienso, esos días que puedo jurar que aparecerá, me dejan la impresión de que todo es mejor; no logro dimensionar cómo será cuando en verdad la vuelva a ver, ni siquiera me atrevo a partir de algún punto.
Me convenso de su mirada, de toda ella aún a pesar de ser tan breve, todo será distinto.
Algo o algunas cosas irán a contarle que mi amor ya está ocurriendo, esas cosas serán prueba de que su amor está ocurriendo, y avanzan y avanzan, ciegos, con tesón, y seguirán hasta encontrarse; y todas esas ocasiones que pasamos indiferentes, y todos esos gestos que nos obsequiamos accidentalmente y que están grabados, tendrán sentido, alzarán la mano para reconocerse y formarán una gran cadena en el tiempo, en el espacio, al inicio de ella nuestro momento, y al final, lo que sea que simbolice lo que fuimos capaces de forjar.
- Suena muy bien tu postura, tan seguro de todo- dijo el viejo.
- Es que de algún lado existe- comentó abrumado el joven.
- Te seré franco- respondió el viejo - cuesta trabajo, incluso en lo colectivo, poco a poco lo hallan ridículo, trillado, devaluado; sin embargo, el amor está más vigente que el resto.
He concluido que la mujer disfruta sabiendo que se le necesita, mirando a su compañero rendirse, no por claudicar, sino porque en sus brazos halla descanso y no cabe nada más. Que el hombre sienta, no es debilidad.
Pero para dejar de aspirar a esa mujer y andar junto a ella, se precisa nada menos que lo grandioso: que recorras distancias, que modifiques los espacios, que traces figuras, que llenes de color, que suene el mundo tan preciso como lo que ella en ti despierta, porque aunque desconozcas la melodía, sabes su inmensidad, y el origen...
- ¿Qué cuando eso no es suficiente?- preguntó el joven
- Ja, ja- atendió con ironía el viejo- debes mirar las cosas de otro modo. Que los resultados que buscas, no se muestren al instante, o no vengan de donde esperabas, no indica que las cosas son en vano; verás, si colocas tu deseo en lo alto, con seguridad, alguien lo verá, ya sea quien esperas, o quien no, pero que en el guion supremo, existe para ti; y así sacudiste su mundo porque abruptamente entraste y lo llenaste todo.
Que alguien no corresponda, no es una lápida, es una oportunidad de resurgir, de mirar qué eres capaz de hacer. Cuando configuras el mundo, eso no es estar equivocado, es momento de ser paciente…
- Es que… - interrumpió el joven- … qué ganas de cruzarla un momento, estar ahí, creyendo que anduvimos siguiendo nuestros pasos y hasta ahí nos llevaron; no puedo asegurar si diría algo, aunque parezca absurdo si tanto lo he pedido, pero quizá no haga falta.
- Tienes que ser capaz de todo – continuó el viejo – de grabar su nombre en las montañas, de tejerla prendida a las estrellas.
Las flores son siempre recurso, describen, cantan un sentir; sus formas, sus colores, su presencia es esa melodía que recién descubres y que mientras más acudes a ella, vas hallando aspectos más que disfrutar, la vas desarticulando, descifrando, hasta otorgarle un valor; lo mismo pasa con las flores, hasta que llega el tiempo en que se vuelven símbolo, un momento, un detalle, como una nota mental que encierra lo verdaderamente puro, lo verdaderamente sublime.
El que vayas trazando un camino de flores, dice dos grandezas: la grandeza de la mujer que lo provoca, y la grandeza del sentimiento que provoca.
Cuando el momento se llegue, que te encuentre con flores, para que reconozcas esa sonrisa que ya has inventado…
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