Con ese temor de tan solo haberlo soñado se levantó y se dirigió a la cocina. Ahí estaba ella viendo por la ventana, sujetando una taza; volteó, sonrió mientras bebía un poco; colocó la taza en la mesa y fue a abrazarlo.
- Buenos días - dijo él sujetándola.
- Buenos días - dijo ella recostando su cabeza en el pecho de él. - ¿Pan o medias lunas?
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