... "Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo".
Qué culero es pensar en alguien tan querido y entristecerse.
No sé qué tan cierto sea eso de la reencarnación, cierta es la inmortalidad: uno puede quedar impregnado en tantas cosas.
Quiero hablar del ser que puedo considerar como mi hermana o la hermana que nunca tuve.
Llegó por ahí de febrero del año 2000; no recuerdo por qué, pero se la obsequiaron a mamá.
Bueno, antes mencionar lo que decía de la inmortalidad. Creo fue en julio de 1976 que nació la única hija que mis padres tuvieron, y también creo que sólo los acompañó 1 semana.
Se fue muy pronto, pero algún alimento le dieron y así como de la tierra salió, a la tierra volvió y quizá se convirtió en árbol que alimentó a un ave que alimentó a sus críos y que estos viajaron al sur en donde abonaron algún otro árbol y que con el tiempo y de algún modo, luego de diversas transformaciones, se convirtió en algo que una perrita pasó a los hijos que habitaban en su vientre y, una vez nacidos, uno de ellos (en este caso ella) fue obsequiado a mamá; y así, 24 años después, volvían a estar juntas madre e hija.
Yo estaba dormido y mamá la aproximó a mi cara y ella decidió despertarme a besos, sus besos.
Mamá no gustaba de tener en casa más animales que sus hijos y ante eso había decidido obsequiarla también; sin embargo, pasados algunos días mamá notó que la perrita no se dormía hasta que ella (mamá) se acostara y dejara su calzados a un costado de la cama para que ella (la perrita) pudiera meter su cabeza ahí y dormir. Ahí supo mamá que esa perrita jamás se iría.
Nunca tuvimos timbre en casa, pero con la nueva integrante no hacía falta porque avisaba si alguien se acercaba.
En ese entonces mi prima era pequeña, pero ya sabía que un perro era un gua-gua, y como la perrita era muy pequeña, se refería a ella (a la perrita) como "guagüita". De ahí quedó bautizada (la perrita) como Guagüi.
Guagüi era la mamada, sabía qué hacer ante cada situación: si andaba enojado, se alejaba y me ignoraba; si estaba contento, brincaba a mi lado o corría cerca de mí; lo único malo es que ahora que estoy muy triste no está ella acostada a mi lado lambiéndome la cara o la mano porque hoy, justamente hoy - que la soñé y desperté pensando que tal vez ya no le quedaba mucho tiempo (físico) por su edad - estoy muy triste porque ya no está más.
Guagüi dejó su descendencia, pero ella era la jefa, la única que no se molestaba por pelear comida porque nadie se metía con su plato.
Algo de lo tanto en lo que va a permanecer es que ella luego de un rato de conocer a las personas dejaba de ladrarles y/o gruñirles, pero sólo ella sabía por qué sólo a una persona, aún con años de conocerla, jamás dejó de ladrarle y gruñirle. El tiempo le dio la razón a Guagüi.
La hermana que nunca tuve, o bueno ella es mi hermana, mi panterita y habrá que esperar a ver en qué y cómo crece. Ahora junto con Dólar, Cururú, Mili y Kikìn estarán allá en nuestra otra casa para cuando nos veamos de nuevo.
"Y cuando te hayas consolado (uno siempre termina por consolarse) te alegrarás de haberme conocido"...
lunes, 6 de abril de 2015
miércoles, 1 de abril de 2015
No toda la mierda tiene el mismo origen
¿Cómo reaccionar si a mitad de calle suena nuestro nombre, el cielo lo grita, los árboles lo gritan, los edificios lo gritan; todo grita nuestro nombre cada vez más fuerte y de pronto ese todo se colapsa, despertamos y entonces nos damos cuenta de que todo lo que hemos "vivido" lo imaginamos y que somos tan sólo un niño que se distrajo mientras avanzaba el tránsito para poder descender del colectivo que lo deja justo a la puerta de la escuela, y es la vecina (a la que le pidieron de favor acompañarnos) la que nos despabila llamándonos y concluyendo: "disfruta tu primer día de clases"?
¿Con qué certeza? Poder anticipar canciones, películas que aún no existen o que quizá jamás existirán; o que vivimos dentro de una de las tantas burbujas que arroja el vendedor con su artefacto para ello, intentando cautivar conductores o sus acompañantes arriesgando el cuerpo en plena calzada; o que somos el inconcluso personaje de un inconcluso cuadro y tan sólo podemos ver parte del pincel.
Estos últimos días - si es que en realidad es la cantidad de tiempo transcurrido y si es que existe el tiempo - me ha perseguido esa incertidumbre, esa ansiedad de estar semi-inerte sutilmente colocado en el jardín de un psiquiátrico, en una silla de ruedas - si es que las sillas son sillas y las ruedas son ruedas - frente a un comenzado juego de damas que cada tanto una enfermera viene y mueve luego de limpiar de mi rostro la baba que voy dejando correr.
¿Cómo mierda puedo saberlo?
Cuán sorprendente tanto conocimiento, o tal vez la información viene y sólo la vamos descubriendo.
¿Con qué certeza? Poder anticipar canciones, películas que aún no existen o que quizá jamás existirán; o que vivimos dentro de una de las tantas burbujas que arroja el vendedor con su artefacto para ello, intentando cautivar conductores o sus acompañantes arriesgando el cuerpo en plena calzada; o que somos el inconcluso personaje de un inconcluso cuadro y tan sólo podemos ver parte del pincel.
Estos últimos días - si es que en realidad es la cantidad de tiempo transcurrido y si es que existe el tiempo - me ha perseguido esa incertidumbre, esa ansiedad de estar semi-inerte sutilmente colocado en el jardín de un psiquiátrico, en una silla de ruedas - si es que las sillas son sillas y las ruedas son ruedas - frente a un comenzado juego de damas que cada tanto una enfermera viene y mueve luego de limpiar de mi rostro la baba que voy dejando correr.
¿Cómo mierda puedo saberlo?
Cuán sorprendente tanto conocimiento, o tal vez la información viene y sólo la vamos descubriendo.
viernes, 20 de marzo de 2015
Prólogo
Dónde lo alcanzan las cosas a uno.
Haciendo un resumen, siempre he llevado a Argentina conmigo. Tal vez papá no quiera reconocerlo, pero su pasión por el futbol lo delata, y van todas las canicas - no es albur ni soy un ente mitológico que tenga más de dos, si es que hablamos de esas canicas - a que me llamó Diego Armando debido a la euforia del que para mí, y al menos para todos los argentinos con los que he platicado al respecto y uno que otro de diferente nacionalidad, ha sido el mejor jugador de futbol: Maradona.
Durante mi infancia se volvió una broma que, mientras no estuve consciente de El Diego, me molestó porque pasaban lista o me preguntaban para comprobar que el niño ya hablaba y además había aprendido su nombre. Y entonces era: "¡Diego Armando!... ¡¿Maradona?!" o "¿cómo te llamas?", preguntaban y yo: "Diego", luego venía la comprobación de mi habla: "Diego ¿qué más?", y yo, aceptando que desde entonces descubrí mi talento para fastidiar a la gente porque querían apellidos, fecha de nacimiento, tipo de sangre y el clima y hora en Moscú, sólo decía: "Diego Armando", y acto seguido: "¡¿Maradona?!" y me agarraban la cara. Ni pedo.
Después cuando supe bien sobre Maradona, entonces sí y a la fecha es un orgullo y ahí dejo el tema porque si no me prendo chingos.
Incluso de niño quería ser como Oswaldo Ingrao, ese central que jugaba en el Atlante. Otro argentino.
Es curioso, pero tratándose de música los recuerdos más antiguos que tengo son de canciones de Piero, Leo Dan, Leonardo Favio, Palito Ortega, Sandro; argentinos todos. Aclaro: esto no quita que Bronco y Tropical Panamá sean la mera verdura.
Yo no sé ustedes, pero Maradona y Redondo juntos en un equipo es un lujo, un dúo dinámico histórico como Pedro y Pablo, Tintan y Marcelo, La Quirina y Mago; estos últimos los invito a que investiguen historia de Ciudad Victoria. El caso es que por esa época de Maradona y Redondo en la selección (1994) pasaban - en ese canal cuya compañía está muy de moda por haber chispado a Carmen Aristegui - varios programas que eran de mi agrado y que coincidentemente eran todos argentinos: Hola papi, Gerente de Familia, Mi familia es un dibujo y, donde me enamoré del acento, La Nena, con Valeria Britos y Rodolfo Ranni.
Pocos años después comencé a seguir la Liga argentina de futbol, cuando el súper Boca de Bianchi: Córdoba, Ibarra, Bermúdez, Samuel, Burdisso, Arruabarrena, Serna, Cascini, Traverso, Gaitán, Riquelme, Barros Schelotto, Palermo, Barijo, Delgado, Tevez; por mencionar algunos jugadores de esa etapa.
Luego siguió el tango que fue herencia del abuelo, después los Cadillacs y los Decadentes, después Piazzolla, después Páez y Calamaro; luego llegaron las empanadas, el mate y Borges, Sábato y Cortázar, y bien al último, Arlt.
Todo eso lo fui ingiriendo en la vida hasta que pude llegar y es casi como lo imaginé, sólo que mejor por esas personas y esas experiencias que jamás se me habrían ocurrido; y estoy tan agradecido de poder estar acá tan lejos de donde inicié y tomarme el tiempo que merece explicar que allá por el norte tierra de pasiones, entre las montañas se encuentra escondida de Tamaulipas la flor consentida.
Admirado admirando
Eso es saber corresponder.
Observas la versión de "Lyla" que ejecutan Clapton y Marsalis, la cara de Marsalis luego del solo de guitarra para mí dice que él no puede hacer otra cosa que tocar algo a la altura, y entonces viene la trompeta.
El trombón y el clarinete lo entienden y hacen lo propio, pero lo majestuoso empieza por los otros dos; después de ellos que pase lo que sea, no importa; incluso creo que Marsalis declara en notas su eterna admiración a lo que Clapton recién pintó con sus cuerdas.
Observas la versión de "Lyla" que ejecutan Clapton y Marsalis, la cara de Marsalis luego del solo de guitarra para mí dice que él no puede hacer otra cosa que tocar algo a la altura, y entonces viene la trompeta.
El trombón y el clarinete lo entienden y hacen lo propio, pero lo majestuoso empieza por los otros dos; después de ellos que pase lo que sea, no importa; incluso creo que Marsalis declara en notas su eterna admiración a lo que Clapton recién pintó con sus cuerdas.
viernes, 15 de agosto de 2014
El por qué vendo hotchos
Lo hago porque me recuerdan la noche más magnífica en la que
he estado.
Flores, compartir medio litro de nieve viendo "Diario de una
pasión", serenata; son generalmente indicadores de éxito. Yo no tenía
precisamente los mismos recursos, pero ¡por Dios!, si tienes dos ases y acaban
de bajar los otros dos, ¡tienes que apostar!
Tienes un solo tiro para el incapturable espécimen, lo fallas y
cagaste. Te dan el penalti para evitar el descenso del equipo, lo mandas a la
mierda y todo se va al horno.
Bien... ¡un concierto de Michael Bublé! Me van a disculpar, pero
ese cabrón es como si fuera el musical de Christian Grey: todo sensual, todo
funciona... ¡chingado! Simplemente no te va a dejar morir. Ok, uno no es ese
dios griego del libro ni millonario, pero ¡es Michael Bublé!.
No sé por qué Bublé iba a comenzar tarde, así que me tomé el
atrevimiento de sugerir una cena casera previa al recital: sorrentinos rellenos
de jamón y queso, bañados con salsa bolognesa y muzzarella; vino tinto, todo a
media luz, una terraza, la luna a full y el disco completo de Coltrane for
lovers. Después sería el concierto y más vino, luego la Huasteca, más vino,
Getz & Gilberto, más vino... ¡no mames!¡En estado de gracia!¡Tocado por
Dios! Ya para esa altura iban a llover tulipanes y listo, ¡ciao!¡se chingó!
Como campeón.
Era la diosa de la oficina, tan sólo verme con ella me convertía
en deidad de algunos, pero eso no es suficiente, quería todas las palmas,
sacarla del parque.
¡Qué preciosa mujer! Podría deshacerme buscando describirla, pero
no sé si alcance, tendrían que verla. ¡Ay, nanita! Llegó un punto en que pensé
en llevar cardiólogo al trabajo.
Pero así como las cosas funcionan, las cosas se pudren, son un
fiasco.
Los sorrentinos fueron despreciados porque la muchacha había
cenado (antes aclaro que nada tengo contra ningún alimento y benditos sean
todos ellos) huevo con jamón, un chingo de salsa y refresco. Bien tenía
alimento como para cuatro días.
El vino no le gusta porque sabe gracioso... ¡hazme el chingado
favor! Por lo pronto se chingó el vino con la pasta, con el concierto, con la
Huasteca y con todo a la merde; a Coltrane le dieron puente y Bublé no tuvo su
efecto porque no es tan bailable como las mamadas que proponen Armando
Christian Pérez, mejor conocido como Pitbull, y Romeo Santos... ¡No mames!
Nos salimos del concierto porque la chica se había peleado
regresando del baño porque una tipa le manchó la blusa; el tiempito al aire
libre valió madre porque ella ya traía sueñito porque según estuvo de hueva el
tipo este y, al chile, ya ni ganas del selfie para apantallar raza; ni la gas
ni la lavada de pinche carro ni la boleada de zapatos... ¡valió ñonga!
La fui a dejar al quinto culo donde no había ni madres. De regreso
el carro se apagó y ya no quiso prender. Caminé un huevo buscando un Oxxo para
meterle saldo a esta madre (porque soy jodido) y poder pedir un taxi; comenzó a
llover bien cabrón y yo con un hambre de la chingada porque no iba a tragar
sorrentinos solo; seguí caminando todo pinche mojado hasta que topé con un
carro de hotchos.
Lo que funciona, funciona aunque a veces deje de hacerlo; los
fiascos, por terribles que sean, a veces son tan sólo el preámbulo de algo
majestuoso.
El tipo bastante huevón me dijo: "aquí está el pan, acá las
salchichas (sin albur). Prepáreselo como quiera". Terminé de prepararlo,
me disponía a comer cuando noté que del otro lado del carro de hotchos estaba
una mujer en condiciones similares.
- ¿Día
difícil? - preguntó.
- Algo
- contesté con esfuerzo - ¿Tú?
- Mal.
¿Por qué fue difícil tu día?
- Larga
historia. ¿El tuyo?
- ¡Uy!
¿Deveras quieres escucharlo?
- ¡Bah!
Si quieres.
-
Bueno.
-
Ajá...
- Me
acabo de cambiar de casa y los mensos de la mudanza no hallaban el domicilio.
Tardaron horas en dar.
- ¿Pues
qué mudanza pagaste?
- Una
muy jodida.
- Ok ¿y
luego? ¿Qué haces acá? ¿Por acá te cambiaste?
- No.
Mi novio me dejó.
- ¿Eh?
¿Por qué te dejó acá?
- Vive
para estos rumbos, un tanto más lejos.
- ¡¿Y?!
- ¡Aaah!
- suspiró, comió un poco y continuó - Pues lo llevé a la fuerza a ver a Michael
Bublé, pero le da hueva y dice que es homosexual.
-
¡Órale! ¿Y luego?
-
Mmm... ¿te gusta Bublé?
- No
conozco mucho de él - ¡claro! ¡Hazte pendejo!.
- Pues
a mí me gusta.
- Chido.
- En
fin. Nos tuvimos que salir porque fuimos a comprar comida y cuando ibamos de
regreso a nuestros lugares, accidentalmente choqué con una tipa que iba
saliendo del baño, le manché la blusa, se molestó y me aventó la charola con la
comida, lo que hizo que manchara la camisa de mi novio, se cagó y pues
¡vámonos!
- ¿Y de
coraje vino a rumbarte por acá?
- ¡Ja!
¡No! - respondió y dio otra mordida.
Aún no daba una sola mordida a mi hotcho, después me contó lo que
me contó y probé el mejor hotcho de mi vida.
-
Veníamos para su casa porque se supone que me iba a quedar con él.
-
Ajá...
- Pero
ya que no pude comer en el concierto, pues tenía mucha hambre.
-
¡¿Vino y te dejó en los hotchos?!
- ¡Je!
¡No!
-
¿Entonces?
- Le
venía platicando que tenía antojo de sorrentinos, le insistí y se encabronó
más; me bajó y me dijo que no era un pinche restaurante.
-
¡¿Eh?! ¡¿Sorrentinos?!
- ¡Sí!
¡Pasta!
- ¡Sí,
los conozco! Pero ¿por qué sorrentinos?
- ¡Ja!
Porque horas antes escuché a mi vecino nuevo (el cual no conozco) ofrecerle
sorrentinos a su novia (creo que era su novia, no sé), pero ella no quiso que
porque había cenado huevo. Caminé, me pescó la lluvia y llegué a aquí. ¿Cómo
ves?
- Pues
por terrible que sea, debe ser el preámbulo de algo muy bueno.
- ¿Tú
crees?
- Sí.
- Pues
te creeré.
- ¡Ja!
Deja cenar y ahorita nos vamos.
- ¡Ja! ¡Okeeey!
¡Provecho!
Relación
- Sólo venía media hora. De hecho no sé si sea buena idea que haya venido.
- Bueno, eso depende.
- ¿De qué?
- De lo que tengas pensado hacer en media hora.
- ¡¿Qué te pasa?! ¡¿Qué me crees?!
- Te creo la mujer más hermosa.
- Ja, ja... ¡No! ¡Espérate! Además, tengo una relación y no se ve bien que yo esté aquí.
- Yo también tengo una relación.
- ¡Ya ves! ¡Quítate! ¡Quédate con tu relación y respétala!
- Tengo una relación bastante extraña.
- ¿Qué tiene de extraña? ¿Es marciana?
- No. Me resulta de otro mundo, pero no.
Verás, hay cosas exactas, métodos establecidos para obtener algo.
- No entiendo. ¿Qué cosas?
- Mmm... por ejemplo la distancia, la velocidad, el tiempo.
- ¿Qué con eso?
- Sí. Es decir, para obtener el tiempo divides la distancia entre la velocidad; la velocidad es distancia entre tiempo, y la distancia es velocidad por tiempo.
- Ajá...
- Bueno, contigo tengo media hora solamente.
- Ajá...
- Lo cual quiere decir que debo imprimir velocidad para ese tiempo.
- Ajá... ¿y?
- La distancia para un "nosotros", a pesar de tanta velocidad en tan poco tiempo, sigue siendo irrecorrible.
- Lo siento. Tal vez después, en otra vida.
- Es ésta.
- ¿Tú crees?
- Sí.
- ¿Por qué me besaste el día que nos conocimos?
- ¿Es reclamo? ¿Te pareció algo estúpido?
- ¡No! Pero quiero saber.
- ¿Quieres más café o ya nos vamos con algo más fuerte?
- ¡Ja! Café está bien. Mmm... algo más fuerte ¿como qué?
- Y no sé, lo que uso para limpiar el baño, tengo un litro de aceite para el carro.
- ¡Ja! ¡Tonto! Pues café entonces.
Sirvió el café, lo llevó hasta donde ella. Ella soplaba para intentar enfriarlo un poco.
- Me preguntas que por qué te besé...
- Sí - respondió mirando las ondas en su taza.
- Es bastante sencillo. Es la relación que tengo.
- ¿Cómo?
- Sí. La relación entre lo que recuerdo y lo que me pregunto.
- ¿Eh? ¿Cómo?
- Prefiero recordar tus labios que andarme preguntando a qué saben.
Ella sonrió, dio un último sorbo al café y apagó la luz.
- Bien, ya sólo tenemos 15 minutos - dijo ella un poco exaltada mientras desabotonaba su blusa.
lombardo
- Bueno, eso depende.
- ¿De qué?
- De lo que tengas pensado hacer en media hora.
- ¡¿Qué te pasa?! ¡¿Qué me crees?!
- Te creo la mujer más hermosa.
- Ja, ja... ¡No! ¡Espérate! Además, tengo una relación y no se ve bien que yo esté aquí.
- Yo también tengo una relación.
- ¡Ya ves! ¡Quítate! ¡Quédate con tu relación y respétala!
- Tengo una relación bastante extraña.
- ¿Qué tiene de extraña? ¿Es marciana?
- No. Me resulta de otro mundo, pero no.
Verás, hay cosas exactas, métodos establecidos para obtener algo.
- No entiendo. ¿Qué cosas?
- Mmm... por ejemplo la distancia, la velocidad, el tiempo.
- ¿Qué con eso?
- Sí. Es decir, para obtener el tiempo divides la distancia entre la velocidad; la velocidad es distancia entre tiempo, y la distancia es velocidad por tiempo.
- Ajá...
- Bueno, contigo tengo media hora solamente.
- Ajá...
- Lo cual quiere decir que debo imprimir velocidad para ese tiempo.
- Ajá... ¿y?
- La distancia para un "nosotros", a pesar de tanta velocidad en tan poco tiempo, sigue siendo irrecorrible.
- Lo siento. Tal vez después, en otra vida.
- Es ésta.
- ¿Tú crees?
- Sí.
- ¿Por qué me besaste el día que nos conocimos?
- ¿Es reclamo? ¿Te pareció algo estúpido?
- ¡No! Pero quiero saber.
- ¿Quieres más café o ya nos vamos con algo más fuerte?
- ¡Ja! Café está bien. Mmm... algo más fuerte ¿como qué?
- Y no sé, lo que uso para limpiar el baño, tengo un litro de aceite para el carro.
- ¡Ja! ¡Tonto! Pues café entonces.
Sirvió el café, lo llevó hasta donde ella. Ella soplaba para intentar enfriarlo un poco.
- Me preguntas que por qué te besé...
- Sí - respondió mirando las ondas en su taza.
- Es bastante sencillo. Es la relación que tengo.
- ¿Cómo?
- Sí. La relación entre lo que recuerdo y lo que me pregunto.
- ¿Eh? ¿Cómo?
- Prefiero recordar tus labios que andarme preguntando a qué saben.
Ella sonrió, dio un último sorbo al café y apagó la luz.
- Bien, ya sólo tenemos 15 minutos - dijo ella un poco exaltada mientras desabotonaba su blusa.
lombardo
Nosotros
Antes de hacer recuento de esta historia que nos hemos mandado, antes que buscar una palabra para definirla, antes que todo: nosotros.
Ese amor tan único, tan mágicamente cotidiano y que al final nos ha permitido (detrás de montones de errores, de desatenciones, de agonías) mirarnos con la misma intensidad, con la misma ternura, con la misma inocencia que el momento en que nos descubrimos, que el momento en que supiste que era yo, que supe que eras tú, que supimos que juntos inventaríamos esta aventura.
¿Qué te parece? No espero una respuesta perfecta, pensada; entonces y ahora, basta tu brazo alrededor, tu sonrisa de buenos días, tu codazo de buenas noches.
lombardo
Ese amor tan único, tan mágicamente cotidiano y que al final nos ha permitido (detrás de montones de errores, de desatenciones, de agonías) mirarnos con la misma intensidad, con la misma ternura, con la misma inocencia que el momento en que nos descubrimos, que el momento en que supiste que era yo, que supe que eras tú, que supimos que juntos inventaríamos esta aventura.
¿Qué te parece? No espero una respuesta perfecta, pensada; entonces y ahora, basta tu brazo alrededor, tu sonrisa de buenos días, tu codazo de buenas noches.
lombardo
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