miércoles, 1 de abril de 2015

No toda la mierda tiene el mismo origen

¿Cómo reaccionar si a mitad de calle suena nuestro nombre, el cielo lo grita, los árboles lo gritan, los edificios lo gritan; todo grita nuestro nombre cada vez más fuerte y de pronto ese todo se colapsa, despertamos y entonces nos damos cuenta de que todo lo que hemos "vivido" lo imaginamos y que somos tan sólo un niño que se distrajo mientras avanzaba el tránsito para poder descender del colectivo que lo deja justo a la puerta de la escuela, y es la vecina (a la que le pidieron de favor acompañarnos) la que nos despabila llamándonos y concluyendo: "disfruta tu primer día de clases"?

¿Con qué certeza? Poder anticipar canciones, películas que aún no existen o que quizá jamás existirán; o que vivimos dentro de una de las tantas burbujas que arroja el vendedor con su artefacto para ello, intentando cautivar conductores o sus acompañantes arriesgando el cuerpo en plena calzada; o que somos el inconcluso personaje de un inconcluso cuadro y tan sólo podemos ver parte del pincel.

Estos últimos días - si es que en realidad es la cantidad de tiempo transcurrido y si es que existe el tiempo - me ha perseguido esa incertidumbre, esa ansiedad de estar semi-inerte sutilmente colocado en el jardín de un psiquiátrico, en una silla de ruedas - si es que las sillas son sillas y las ruedas son ruedas - frente a un comenzado juego de damas que cada tanto una enfermera viene y mueve luego de limpiar de mi rostro la baba que voy dejando correr.

¿Cómo mierda puedo saberlo?

Cuán sorprendente tanto conocimiento, o tal vez la información viene y sólo la vamos descubriendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario