El gris horizonte que no se anima a precipitarse se organiza una y otra vez ahí después de la eterna marcha de botellas rotas o vidrios abiertos según algún estudioso de hoy.
Resulta que cada tanto se les ve a la muerte y al diablo bailando al ritmo de una tarola que cualquiera de ese par improvisa y quien no interprete va arrojando petardos; no están por alguien, es tan solo su fiesta aparte porque han sabido charlar con las personas correctas, las más enamoradas de la vida y su inagotable magia, como el abuelo de Milo. Entonces quieren saberlo, que no sea solo un relato que les deja con los ojos bien abiertos y media sonrisa de lado, de ésas que se aparecen en la cara cuando el recuerdo de una "maldad" se evoca; y quieren jugar también, sentir y saltar y agitar la mano, y cagarse de risa, y desparramarse a mitad de un parque y llegar corriendo a casa para preparar eso que recién descubren y que se llama café, y echar la cabeza hacia atrás y dejar que el humo de ese otro nuevo hábito se eleve como se eleva el Blue Trombone y azota el cielorraso como un pequeño mar de notas.
Tremendo grado de dificultad eso que hacen los mariachis de salir corriendo 30 o 40 metros haciendo sonar la trompeta o el violín para llegar hasta donde exponen su oferta y la promesa de una épica borrachera.
El derecho, el deber, la obligación, el menester, la necesidad de vivir con pasión, sentirse vivo/viva, y todos los vicios y las malas compañías, y el café, y las botellas rotas y el horizonte que ahora es azul, y Miró y Aisha y todas las películas de Woody Allen, y Seb hablando de jazz como exitosamente no puedo hacerlo tratándose de ti porque estás más allá de las palabras.
domingo, 5 de marzo de 2017
viernes, 20 de enero de 2017
267302
Lo que es posible descubrir o enterarse una mañana cualquiera esperando que se le atienda en el hospital, el que usted guste, público o privado son una porquería de servicio.
Perdieron la cuenta, hacía ya un montón que esperaban y ella no se había movido más que una vez al baño y volvió y seguían casi las mismas personas que llegaron después. Algunas se fueron y volvieron, otras no.
Somos 37 contando al que llegó recién, pero creo que murió; quizá murió antes y en una especie de reflejo llegó como para hacer saber que falleció y que alguien notifique a quien tenga que ser notificado, aunque parece que llegó solo. No aguantó mucho - dijo ella sin recibir la más mínima señal de atención del sujeto sentado a su lado izquierdo.
Ella tenía una enorme habilidad para darle sentido a los números, ese vicio de, cuando aún se utilizaban, hacer sumatorias con los dígitos del ticket del colectivo; guardaba los que dieran veintiuno como resultado o los que representaban la letra inicial del nombre de algún tipo que le gustara.
¡Uy! ¡Se murió otra! ¡Tan linda! Coincidimos saliendo del baño, me dijo que nació en un pueblo del norte y que vino para acá a probar suerte; acá descubrió su gusto por la arquitectura, la estudió y trabajaba en obra, y ahí sufrió el accidente - continuaba ella hablando con el viento.
Si bien el tipo hacía como que la ignoraba, iba registrando cada comentario de ella.
- He esperado hasta 6 horas.
- ¿Eh? ¿Por qué tanto? - por fin preguntó él.
- ¿Usted es tarado?
- ¡¿Qué le pasa?!
- ¡Y, sí! Si me van a atender ¡Qué mierda hago!
- ¡Ja! Bueno, mi duda no es por qué esperó, sino qué pasó que tardaron tanto.
- Hace preguntas muy estúpidas.
- ¡Váyase a la mierda!
- Ja, ja, ja, ja. ¡Qué sentido!
- Deje de joder.
- Solo intento aligerarle la espera.
- ¡Aaah! ¡¿Es un nuevo servicio?!
- Ja, ja, ja, ja. Igual pasaré primero.
- ¡Ja! ¡Ahora resulta!
- Espere.
- ¿Qué pasa?
- Sabe, hace un rato la doctora salió a comentar que debía atender a otra chica que estaba en la sala porque le solicitó que viniera hoy. Pasó la chica y después llegó un tipo por quien ya no hubo explicación y entró de una.
Resultó que estaban citados para tener sexo, un trío, lo supimos cuando se escucharon esas inconfundibles exaltaciones; de hecho tuvimos que cantar para distraer a un niño que andaba a los brincos justo aquí.
- ¡¿En serio?!
- Ja, ja, ja, ja ¡Sí!
- Ja, ja, ja, ja ¡Qué loco! Bueno ¿y por qué está acá?
- Tengo una alergia nerviosa - cortita y al pie la dejó ella - ¿Vos?
- Y, cuando no hay recursos vas al público.
- Claro.
- ¿Qué con eso de la alergia nerviosa?
- Me empezó a partir de que sacaron los tickets del colectivo.
- ¿Por?
- Guardaba todos los que sumaban veintiuno.
- ¿Con el folio del ticket?
- Sí.
- ¿Por qué guardaba los veintiuno?
- Por un juego que aprendí en el secundario, de que sumabas los números del folio y si daban veintiuno, equivalen a un beso.
- ¿Canjeables?
- Algo así.
- ¿Y quién te los daría?
- Y, alguien.
- Mmm... ¿Y los que no eran veintiuno?
- Depende.
- ¿De?
- Pues, por ejemplo, si el ticket es el 981517, al sumar cada dígito el resultado es 31...
- Ajá...
- Ahora, el abecedario tiene 27 letras por lo que el 31 no representa ninguna de ellas.
- Sí...
- Entonces sumas el 3 más el 1 y te da 4. La "D" es la cuarta letra del abecedario.
- Ajá...
- Bueno, si conoces alguien cuyo nombre comience con "D" y te gusta, guardabas el ticket y si tenías otro con veintiuno, podías canjear ese "21" con esa "D".
- Ja, ja, ja, ja. Y si quien me gusta su nombre empieza con la letra 21 ¿qué pasa?
- ¡Mierda! ¡Nunca lo pensé! Pides dos besos, supongo.
- Ja, ja, ja, ja. Igual es divertido.
- ¡No te burles! Sufro por eso. Desde que sacaron los tickets no he conocido a alguien que me agrade.
- Me estás diciendo que tu vida amorosa depende de un ticket de colectivo?
- ¡¿Qué te importa?!
- ¡Cálmate! Hay números en todas partes.
- ¡¿Como en dónde?!
- Mmm... Pues... Seguro pagas algún servicio: agua, luz, etc; las boletas traen todas folio.
- ¡Tienes razón! ¡Lo intentaré!
- ¡Bien!
Salió una enfermera a informar que había una demora de 2 horas y en esa intervención se fue la chica de los números.
- ¿Cómo te ganas la vida? - preguntó ella.
- De momento solo subo al subte a tocar la guitarra y ganarme unos pesos y...
- ¡Ahora no me digas tu nombre!
- ¿Eh?
- Sí. Solo dime el número de la letra con la que empieza.
- ¡Ah! A ver, deja hago cuentas.
- ¡Bah!
- Mmm... ¡la 10!
- Ok. ¡Chau!
- Pero... ¿no te vas a atender?
- Ya no. Lo mío es alergia nerviosa.
Ella habrá esperado 4 horas y se fue sin ser atendida, él habrá esperado otras 3 y en ese inter pensaba y pensaba en el juego de los números; cuanto más se obsesionaba, más absurdo lo encontraba e intentaba pensar otra cosa.
Luego de unos días, una mañana el tipo interpretaba su lista de canciones y colocó su gorra para quien quisiera cooperar. En el último vagón donde tocaría tan solo le colocaron un billete de 5 y otro de 10; alistaba todo para bajar y otra persona llega y le arroja un montón de papeles.
El tipo se sorprendió, no entendía porque una persona agarraría de basurero su gorra; quería mandarle un derechazo, pero se contuvo y notó que lo que le habían arrojado eran todos tickets de colectivo. Tomó uno, hizo la suma... ¡21! Tomó otro, hizo la suma... ¡21!
- Son todos 21 - le dijo una mujer.
Levantó la cabeza y vio una mano que le extendía un ticket más; hizo la suma y daba 10.
- Soy Tamara.
Se reincorporó por completo y sonrió a la par de su ex compañera de sala de espera del hospital.
Perdieron la cuenta, hacía ya un montón que esperaban y ella no se había movido más que una vez al baño y volvió y seguían casi las mismas personas que llegaron después. Algunas se fueron y volvieron, otras no.
Somos 37 contando al que llegó recién, pero creo que murió; quizá murió antes y en una especie de reflejo llegó como para hacer saber que falleció y que alguien notifique a quien tenga que ser notificado, aunque parece que llegó solo. No aguantó mucho - dijo ella sin recibir la más mínima señal de atención del sujeto sentado a su lado izquierdo.
Ella tenía una enorme habilidad para darle sentido a los números, ese vicio de, cuando aún se utilizaban, hacer sumatorias con los dígitos del ticket del colectivo; guardaba los que dieran veintiuno como resultado o los que representaban la letra inicial del nombre de algún tipo que le gustara.
¡Uy! ¡Se murió otra! ¡Tan linda! Coincidimos saliendo del baño, me dijo que nació en un pueblo del norte y que vino para acá a probar suerte; acá descubrió su gusto por la arquitectura, la estudió y trabajaba en obra, y ahí sufrió el accidente - continuaba ella hablando con el viento.
Si bien el tipo hacía como que la ignoraba, iba registrando cada comentario de ella.
- He esperado hasta 6 horas.
- ¿Eh? ¿Por qué tanto? - por fin preguntó él.
- ¿Usted es tarado?
- ¡¿Qué le pasa?!
- ¡Y, sí! Si me van a atender ¡Qué mierda hago!
- ¡Ja! Bueno, mi duda no es por qué esperó, sino qué pasó que tardaron tanto.
- Hace preguntas muy estúpidas.
- ¡Váyase a la mierda!
- Ja, ja, ja, ja. ¡Qué sentido!
- Deje de joder.
- Solo intento aligerarle la espera.
- ¡Aaah! ¡¿Es un nuevo servicio?!
- Ja, ja, ja, ja. Igual pasaré primero.
- ¡Ja! ¡Ahora resulta!
- Espere.
- ¿Qué pasa?
- Sabe, hace un rato la doctora salió a comentar que debía atender a otra chica que estaba en la sala porque le solicitó que viniera hoy. Pasó la chica y después llegó un tipo por quien ya no hubo explicación y entró de una.
Resultó que estaban citados para tener sexo, un trío, lo supimos cuando se escucharon esas inconfundibles exaltaciones; de hecho tuvimos que cantar para distraer a un niño que andaba a los brincos justo aquí.
- ¡¿En serio?!
- Ja, ja, ja, ja ¡Sí!
- Ja, ja, ja, ja ¡Qué loco! Bueno ¿y por qué está acá?
- Tengo una alergia nerviosa - cortita y al pie la dejó ella - ¿Vos?
- Y, cuando no hay recursos vas al público.
- Claro.
- ¿Qué con eso de la alergia nerviosa?
- Me empezó a partir de que sacaron los tickets del colectivo.
- ¿Por?
- Guardaba todos los que sumaban veintiuno.
- ¿Con el folio del ticket?
- Sí.
- ¿Por qué guardaba los veintiuno?
- Por un juego que aprendí en el secundario, de que sumabas los números del folio y si daban veintiuno, equivalen a un beso.
- ¿Canjeables?
- Algo así.
- ¿Y quién te los daría?
- Y, alguien.
- Mmm... ¿Y los que no eran veintiuno?
- Depende.
- ¿De?
- Pues, por ejemplo, si el ticket es el 981517, al sumar cada dígito el resultado es 31...
- Ajá...
- Ahora, el abecedario tiene 27 letras por lo que el 31 no representa ninguna de ellas.
- Sí...
- Entonces sumas el 3 más el 1 y te da 4. La "D" es la cuarta letra del abecedario.
- Ajá...
- Bueno, si conoces alguien cuyo nombre comience con "D" y te gusta, guardabas el ticket y si tenías otro con veintiuno, podías canjear ese "21" con esa "D".
- Ja, ja, ja, ja. Y si quien me gusta su nombre empieza con la letra 21 ¿qué pasa?
- ¡Mierda! ¡Nunca lo pensé! Pides dos besos, supongo.
- Ja, ja, ja, ja. Igual es divertido.
- ¡No te burles! Sufro por eso. Desde que sacaron los tickets no he conocido a alguien que me agrade.
- Me estás diciendo que tu vida amorosa depende de un ticket de colectivo?
- ¡¿Qué te importa?!
- ¡Cálmate! Hay números en todas partes.
- ¡¿Como en dónde?!
- Mmm... Pues... Seguro pagas algún servicio: agua, luz, etc; las boletas traen todas folio.
- ¡Tienes razón! ¡Lo intentaré!
- ¡Bien!
Salió una enfermera a informar que había una demora de 2 horas y en esa intervención se fue la chica de los números.
- ¿Cómo te ganas la vida? - preguntó ella.
- De momento solo subo al subte a tocar la guitarra y ganarme unos pesos y...
- ¡Ahora no me digas tu nombre!
- ¿Eh?
- Sí. Solo dime el número de la letra con la que empieza.
- ¡Ah! A ver, deja hago cuentas.
- ¡Bah!
- Mmm... ¡la 10!
- Ok. ¡Chau!
- Pero... ¿no te vas a atender?
- Ya no. Lo mío es alergia nerviosa.
Ella habrá esperado 4 horas y se fue sin ser atendida, él habrá esperado otras 3 y en ese inter pensaba y pensaba en el juego de los números; cuanto más se obsesionaba, más absurdo lo encontraba e intentaba pensar otra cosa.
Luego de unos días, una mañana el tipo interpretaba su lista de canciones y colocó su gorra para quien quisiera cooperar. En el último vagón donde tocaría tan solo le colocaron un billete de 5 y otro de 10; alistaba todo para bajar y otra persona llega y le arroja un montón de papeles.
El tipo se sorprendió, no entendía porque una persona agarraría de basurero su gorra; quería mandarle un derechazo, pero se contuvo y notó que lo que le habían arrojado eran todos tickets de colectivo. Tomó uno, hizo la suma... ¡21! Tomó otro, hizo la suma... ¡21!
- Son todos 21 - le dijo una mujer.
Levantó la cabeza y vio una mano que le extendía un ticket más; hizo la suma y daba 10.
- Soy Tamara.
Se reincorporó por completo y sonrió a la par de su ex compañera de sala de espera del hospital.
jueves, 12 de enero de 2017
Pañalera color rosa
Como no sabían si sería niña o niño consiguieron una pañalera amarilla, color "neutro" para no fallarle.
En el hipotético caso de que apostaran porque sería nena y elegían la color rosa ¿habría habido crisis, devaluación, represión, censura, violencia de género, machismo enfermo, feminicidios, corrupción, opresores, oprimidas? Pasó igual y no creo que por el color de una pañalera.
Enseñemos a ser felices, libres, a -como dice Merlí- ser.
Inculquemos el amor por el amor, a llenarse de sensaciones, momentos, experiencias, no a vivir ocupados de si la marca se raya o se mancha. Cortázar sugería como un infierno florido el que te regalen un reloj, pero es algo que aplica para tanto porque, como bien dijo, te regalan el miedo a perderlo, a que te lo roben, a que se te rompa; con el tiempo vendrán a preguntarte por el obsequio, jamás preguntan si la pasaste para la mierda cuidando de algo y deseando un campo de protección de 5 metros de radio. Prueba de este revoltijo de palabras: el juguete de moda y siempre preferimos la caja nave espacial/coche de carreras/chistera/et al, hasta que nos pasan al rastro y nos mutilan el cerebro.
Me invade una preocupación enorme, es quizá un mal terrible, espero no sufrir severos trastornos físicos porque tengo una playera rosa y me gusta mucho; ahora me dio por lavar trastes, también ropa, cada tanto barro y trapeo y hasta cocino; veo películas de comedia romántica o drama y río y lloro y a veces lo hago comiendo helado.
¿Y si es verdad? ¿Y si el machito está cayéndose a pedazos?
De hecho, ahora que lo pienso, mi voz está cambiando, estoy terminando de convertirme en un tremendo tarado.
Y por fin me pregunto ¡¿qué chingados si la pañalera era rosa?!
En el hipotético caso de que apostaran porque sería nena y elegían la color rosa ¿habría habido crisis, devaluación, represión, censura, violencia de género, machismo enfermo, feminicidios, corrupción, opresores, oprimidas? Pasó igual y no creo que por el color de una pañalera.
Enseñemos a ser felices, libres, a -como dice Merlí- ser.
Inculquemos el amor por el amor, a llenarse de sensaciones, momentos, experiencias, no a vivir ocupados de si la marca se raya o se mancha. Cortázar sugería como un infierno florido el que te regalen un reloj, pero es algo que aplica para tanto porque, como bien dijo, te regalan el miedo a perderlo, a que te lo roben, a que se te rompa; con el tiempo vendrán a preguntarte por el obsequio, jamás preguntan si la pasaste para la mierda cuidando de algo y deseando un campo de protección de 5 metros de radio. Prueba de este revoltijo de palabras: el juguete de moda y siempre preferimos la caja nave espacial/coche de carreras/chistera/et al, hasta que nos pasan al rastro y nos mutilan el cerebro.
Me invade una preocupación enorme, es quizá un mal terrible, espero no sufrir severos trastornos físicos porque tengo una playera rosa y me gusta mucho; ahora me dio por lavar trastes, también ropa, cada tanto barro y trapeo y hasta cocino; veo películas de comedia romántica o drama y río y lloro y a veces lo hago comiendo helado.
¿Y si es verdad? ¿Y si el machito está cayéndose a pedazos?
De hecho, ahora que lo pienso, mi voz está cambiando, estoy terminando de convertirme en un tremendo tarado.
Y por fin me pregunto ¡¿qué chingados si la pañalera era rosa?!
lunes, 9 de enero de 2017
Clase de filosofía
Para el pequeño Larousse Ilustrado la filosofía es amor al conocimiento, ya si se consulta la RAE, Wikipedia, El Rincón del Vago o monografias.com, quizá venga algo más desglosado, vasto, explícito, pero groso modo esto sirve.
Según una amiga que estudió filosofía, todo el mundo hace filosofía; acorde a lo anterior, habré interactuado con grandes filósofos. Nunca investigué con qué se drogaban filósofos griegos o alemanes, pero alcohol y/o porro fomentan esta actividad.
Un ejemplo de esto son esos ya impresos lunes en Combate de los Pozos donde desaparecieron muchos más de Tres Deseos, algunos cuantos litros de gaseosa, algunos cuantos paquetes de arroz, una que otra tira de asado y muchas latas con atún; Ludo reloca rebotando en las paredes, nosotros fantaseando con las terrazas de enfrente, media sonrisa por la tranquilidad de un peculiar pensamiento y salir por Belgrano.
- Relajá que vamos muy aprisa.
- Ok.
- El que espera no desespera.
- Chúpame el mión.
- ¡Cállese pinche perro!
Para mi amiga, y sujetándome a lo que entendí de lo mucho que me explicó, la filosofía es un tremendo platillo con personas, experiencias, sensaciones como ingredientes. Hago una pausa para confesar que entre lo del jengibre, los conectores y la inexistencia del tiempo, sigo tratando de juntar los pedacitos de cerebro que tengo bajo mi custodia.
Mientras todos los reptiles estaban preocupados por el asadito e iban bajando las reservas cerveceras, comenzaron a tratar de resolver el mundo, a querer entender por qué el cangrejo va hacia atrás o si va hacia delante, y saltó el primer profundo.
- Según Spinoza, Dios hubiera dicho: "lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida".
- ¿Paz? - preguntó/respondió el típico que siempre se fastidia por esas pláticas.
- ¡Baruch, puños! - contraatacó el primer profundo.
- Y Dios ha muerto, según Nietzsche - saltó el segundo profundo.
- Y Pedro Infante está vivo, pasa todas las mañanas, según Arjona - atacó de nuevo el fastidiado.
- Pinche vatito cagapalos - se defendió el segundo.
- No puedo comprender lo que sería una libertad que me fuera dada por un ser superior, dijo Camus - aportó el tercero de los profundos - Y ya no estés chingando - se dirigió al fastidiado.
Entonces intervino el cuarto y más profundo de todos.
¡Déjense de mamadas y pónganse a pistear!
Según una amiga que estudió filosofía, todo el mundo hace filosofía; acorde a lo anterior, habré interactuado con grandes filósofos. Nunca investigué con qué se drogaban filósofos griegos o alemanes, pero alcohol y/o porro fomentan esta actividad.
Un ejemplo de esto son esos ya impresos lunes en Combate de los Pozos donde desaparecieron muchos más de Tres Deseos, algunos cuantos litros de gaseosa, algunos cuantos paquetes de arroz, una que otra tira de asado y muchas latas con atún; Ludo reloca rebotando en las paredes, nosotros fantaseando con las terrazas de enfrente, media sonrisa por la tranquilidad de un peculiar pensamiento y salir por Belgrano.
- Relajá que vamos muy aprisa.
- Ok.
- El que espera no desespera.
- Chúpame el mión.
- ¡Cállese pinche perro!
Para mi amiga, y sujetándome a lo que entendí de lo mucho que me explicó, la filosofía es un tremendo platillo con personas, experiencias, sensaciones como ingredientes. Hago una pausa para confesar que entre lo del jengibre, los conectores y la inexistencia del tiempo, sigo tratando de juntar los pedacitos de cerebro que tengo bajo mi custodia.
Mientras todos los reptiles estaban preocupados por el asadito e iban bajando las reservas cerveceras, comenzaron a tratar de resolver el mundo, a querer entender por qué el cangrejo va hacia atrás o si va hacia delante, y saltó el primer profundo.
- Según Spinoza, Dios hubiera dicho: "lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida".
- ¿Paz? - preguntó/respondió el típico que siempre se fastidia por esas pláticas.
- ¡Baruch, puños! - contraatacó el primer profundo.
- Y Dios ha muerto, según Nietzsche - saltó el segundo profundo.
- Y Pedro Infante está vivo, pasa todas las mañanas, según Arjona - atacó de nuevo el fastidiado.
- Pinche vatito cagapalos - se defendió el segundo.
- No puedo comprender lo que sería una libertad que me fuera dada por un ser superior, dijo Camus - aportó el tercero de los profundos - Y ya no estés chingando - se dirigió al fastidiado.
Entonces intervino el cuarto y más profundo de todos.
¡Déjense de mamadas y pónganse a pistear!
martes, 29 de noviembre de 2016
Un jugador diferente
Todo esto surgió por las declaraciones previas a la Final; preguntaron por mi experiencia durante ese mes en ese país, y ahí la portada mundial.
Sin duda pude, y tal vez debí, haber contestado otra cosa, pero no, dije lo que tenía que decir:
"La organización bien, pero eso de que las mujeres de aquí no puedan conducir, no puedan ingresar a una cancha y tengan que andar cubiertas de pies a cabeza es una de las tantas estupideces del machismo. ¡Por favor! Cómo alguien que piense así y lo promueva puede estar al frente de una nación". Ahí se pudrió todo.
Nunca me agradó eso de aceptarse como un gran algo: gran futbolista, gran escritora, gran cineasta, gran doctora; me parece muy mamila. En ese sentido me gusta pensar como Ronaldo quien dijo que jamás se consideró mejor que los demás, sino que trató de ser bueno en lo que hacía.
En mi primer entrevista, ya con algo de reconocimiento en el gremio, me preguntaron que cómo decidí o supe que quería ser futbolista, la respuesta seguiría siendo la misma siempre: "por la película de Stallone"; en español la llamaron "Camino a la victoria", y que está inspirada por la anécdota del equipo que enfrentó a un representativo nazi y que tenía indicaciones de perder, lo cual les importó un chorizo y ganaron y los empinaron por eso. Aclaré también que por la misma película quería ser arquero, pero resulté ser promesa de gol: me anotaban 3 o 4 por partido, a veces en cada tiempo; por ello el técnico -bastante humanista y en un acto muy a lo "La marca del zorrillo" o a lo Pittilanga- tuvo la ocurrencia de que quizá estaba intentando en la posición equivocada, así que me envió de 9, y con el tiempo ajustó y me pasó a jugar de 10 donde resulté tener mucha más idea que al comienzo.
Mi pueblo es futbolero, en inferiores siempre anda bien, lamentablemente quienes están en la administración del equipo profesional -que lleva ya más de 20 años en la B- son todos perros que solo ven sus intereses, de visión muy limitada que convirtieron al Club y a la pasión de la gente en herramienta política (cada pinche proceso electoral hacen promesas con respecto a alcanzar la máxima categoría). Dicha situación me llevó hacia la metrópolis más cercana en donde uno de los dos equipos de 1a que ahí conviven, me dio la oportunidad.
Allá me gané el cariño de nuestra grada y el desprecio de la rival por varios detalles -entre ellos goles decisivos-.
En mi primer clásico -en cancha de ellos- anoté 2 goles para cuyos festejos fui hasta frente a su hinchada oficial y mostré una playera que decía "Incomparablemente mudos"; después como fue novedad la actuación del novato, me entrevistaron días después y declaré que lo único incómodo del partido fue que se sintió mucho frío y que seguro se debió a la tribuna. Todos los demás clásicos que jugué en su cancha salí con bufanda, gorro, guantes, chamarra y multa.
El desempeño siempre me respaldó como a esas chicas por colocarse los lentes en el lugar adecuado, sin embargo, hay otros aspectos que me valieron la aceptación hasta de algunxs contrarios.
En un torneo jugábamos contra Australia y antes del juego un periodista me pregunta que qué sé sobre Australia, así tal cual su pregunta; le respondí que su capital es Canberra, son muy apasionados del footy, los Beatles estuvieron en Melbourne y Slim Dusty interpreta la versión que más me gusta de Waltzing Matilda; el periodista era australiano, se sonrió y me dijo que en realidad preguntaba acerca del equipo, pero que le había dado muy linda respuesta. Les ganamos y aún así sus seguidores cantaron Waltzing Matilda y me regalaron una bandera.
El primer equipo europeo en contratarme fue uno londinense. Tras dos temporadas conseguímos un sexto lugar y un décimo, pero en ese segundo año ganamos la Europa League.
Esa linda historia comenzó cuando en mi presentación en el Club, la prensa comenta que mi llegada generaba mucha expectativa y que entonces cuál era la mía (expectativa), ahí fue que me animé a hablar en inglés:
"Well, fortune's always hiding, I've looked everywhere... I'm dreaming dreams, I'm building castles high... I don't know of what, but we'll be champions".
Cuando levantamos la Copa ese periodista entró al vestidor y no alcanzó a decir algo siquiera, se soltó a llorar.
De ahí pasé a la ciudad de Manchester, al equipo que llevaba ya años sin títulos y obviamente al llegar un nuevo jugador depositan su esperanza, apuestan.
En mi primer conferencia como jugador de esa institución inventé que una persona en el aeropuerto me habría dejado pensando.
"In the airport when I was waiting for my bags, an old man asked me: "Is it your imagination or you finally found something worth living for?". He surprised me with that question, then I answered to him: "Tell them not to fear no more. Say it loud and sing it proud when it happens".
Diez temporadas y varios títulos después no sé si lo haya hecho, pero de la historia estamos en la etapa más gloriosa del Club. El día de mi último partido con la camiseta hubo tremenda fiesta.
También hubo controversias. Me gané el odio de la afición del multicampeón español cuando me negué a jugar para ellos haciendo público mi desprecio por esa camiseta y que en la construcción de su historia estaba la mano de Franco. Nunca fue tan hostil su estadio como cuando visitábamos.
Me prohibieron la entrada al país durante casi un sexenio porque jugando para la Selección un partido de eliminatoria mundialista, anoté y mi festejo fue ir a una cámara a gritar exigiendo la renuncia del presidente, y en el segundo gol mostré una playera con el mensaje de "Nos faltan 43"; después me entrevistaron por eso y claramente el mensaje era y es que hay muchas más cosas que deben ocuparnos antes que exigir a los futbolistas el bienestar de un pueblo. Se entiende que se trata de una breve escapatoria a tanta basura, pero a los sátrapas hay que exigirles. Si no juego más, pido trabajo en la televisora y me compro una enorme casa blanca.
En un punto de mi carrera me pegó el lado político y hacía mis protestas, muchas contra el gobierno de mi país, muchas otras contra el del vecino país del norte.
Así fue mi vida futbolística hasta que caí en esta instancia, si bien no se consiguió esa libertad, ese gusto de que las mujeres de ese país pudiesen ingresar a la Final sin burkas, el intento se hizo, pero las autoridades no me lo perdonarían.
Me esperan para colgarme, tan pronto el árbitro finalice el juego, un grupo de militares me escoltará a una corte donde ya está decidida mi suerte, no podré festejar ningún logro, ni la tribuna plagada de burkas ni nuestro primer título mundial. Que hayan ingresado es un gran triunfo.
El final del encuentro me sorprendió a mitad del campo junto al árbitro quien se anticipó y me dijo que por favor caminara rápido hacia las bancas para evitar tanta escena, que igual sería escena, pero sabía a lo que me arriesgaba.
Señaló el final, me dio la mano, me felicitó.
- Felicidades campeón. Por favor sal rápido- me dijo extendiendo su brazo en dirección de las bancas y donde estaban los militares.
Caminé medio aceptando palmadas y sacudidas de cabellera, nadie se iba a oponer para no convertir el festejo en masacre.
Fui acercándome a la entrada hacia los vestidores los aplausos se intensificaron, la gente se levantó y de pronto las pocas que entraron se sacaron las burkas y ahí me detuve, no podía creer lo que estaba pasando; los milicos todavía no veían lo que yo y supongo que asumían que estaba por correr. Cuando quisieron acercarse para sacarme, las mujeres -ahora sin su típica vestimenta- comenzaron a arrojar las burkas hacia la cancha y, para mayor sorpresa, gran parte de la afición comenzó a arrojar ropa, no podía verse más que una tormenta de prendas y apenas se notaba el verde de los militares; ahí fue que un grupo de emburkadas me rodeó, me colocaron una y me sacaron. No supe cuándo cesó la lluvia, entendí que no debía hablar, al menos hasta que no me indicaran que podía.
Viajé durante horas en un automóvil hasta que por fin se detuvo y me hablaron en perfecto español.
- Usted nos dio la idea para sacarlo.- me sacaron la burka- ¡Es libre!
- ¡Espere! ¡¿Cómo les di la idea?!
No respondieron y se marcharon.
Sin duda pude, y tal vez debí, haber contestado otra cosa, pero no, dije lo que tenía que decir:
"La organización bien, pero eso de que las mujeres de aquí no puedan conducir, no puedan ingresar a una cancha y tengan que andar cubiertas de pies a cabeza es una de las tantas estupideces del machismo. ¡Por favor! Cómo alguien que piense así y lo promueva puede estar al frente de una nación". Ahí se pudrió todo.
Nunca me agradó eso de aceptarse como un gran algo: gran futbolista, gran escritora, gran cineasta, gran doctora; me parece muy mamila. En ese sentido me gusta pensar como Ronaldo quien dijo que jamás se consideró mejor que los demás, sino que trató de ser bueno en lo que hacía.
En mi primer entrevista, ya con algo de reconocimiento en el gremio, me preguntaron que cómo decidí o supe que quería ser futbolista, la respuesta seguiría siendo la misma siempre: "por la película de Stallone"; en español la llamaron "Camino a la victoria", y que está inspirada por la anécdota del equipo que enfrentó a un representativo nazi y que tenía indicaciones de perder, lo cual les importó un chorizo y ganaron y los empinaron por eso. Aclaré también que por la misma película quería ser arquero, pero resulté ser promesa de gol: me anotaban 3 o 4 por partido, a veces en cada tiempo; por ello el técnico -bastante humanista y en un acto muy a lo "La marca del zorrillo" o a lo Pittilanga- tuvo la ocurrencia de que quizá estaba intentando en la posición equivocada, así que me envió de 9, y con el tiempo ajustó y me pasó a jugar de 10 donde resulté tener mucha más idea que al comienzo.
Mi pueblo es futbolero, en inferiores siempre anda bien, lamentablemente quienes están en la administración del equipo profesional -que lleva ya más de 20 años en la B- son todos perros que solo ven sus intereses, de visión muy limitada que convirtieron al Club y a la pasión de la gente en herramienta política (cada pinche proceso electoral hacen promesas con respecto a alcanzar la máxima categoría). Dicha situación me llevó hacia la metrópolis más cercana en donde uno de los dos equipos de 1a que ahí conviven, me dio la oportunidad.
Allá me gané el cariño de nuestra grada y el desprecio de la rival por varios detalles -entre ellos goles decisivos-.
En mi primer clásico -en cancha de ellos- anoté 2 goles para cuyos festejos fui hasta frente a su hinchada oficial y mostré una playera que decía "Incomparablemente mudos"; después como fue novedad la actuación del novato, me entrevistaron días después y declaré que lo único incómodo del partido fue que se sintió mucho frío y que seguro se debió a la tribuna. Todos los demás clásicos que jugué en su cancha salí con bufanda, gorro, guantes, chamarra y multa.
El desempeño siempre me respaldó como a esas chicas por colocarse los lentes en el lugar adecuado, sin embargo, hay otros aspectos que me valieron la aceptación hasta de algunxs contrarios.
En un torneo jugábamos contra Australia y antes del juego un periodista me pregunta que qué sé sobre Australia, así tal cual su pregunta; le respondí que su capital es Canberra, son muy apasionados del footy, los Beatles estuvieron en Melbourne y Slim Dusty interpreta la versión que más me gusta de Waltzing Matilda; el periodista era australiano, se sonrió y me dijo que en realidad preguntaba acerca del equipo, pero que le había dado muy linda respuesta. Les ganamos y aún así sus seguidores cantaron Waltzing Matilda y me regalaron una bandera.
El primer equipo europeo en contratarme fue uno londinense. Tras dos temporadas conseguímos un sexto lugar y un décimo, pero en ese segundo año ganamos la Europa League.
Esa linda historia comenzó cuando en mi presentación en el Club, la prensa comenta que mi llegada generaba mucha expectativa y que entonces cuál era la mía (expectativa), ahí fue que me animé a hablar en inglés:
"Well, fortune's always hiding, I've looked everywhere... I'm dreaming dreams, I'm building castles high... I don't know of what, but we'll be champions".
Cuando levantamos la Copa ese periodista entró al vestidor y no alcanzó a decir algo siquiera, se soltó a llorar.
De ahí pasé a la ciudad de Manchester, al equipo que llevaba ya años sin títulos y obviamente al llegar un nuevo jugador depositan su esperanza, apuestan.
En mi primer conferencia como jugador de esa institución inventé que una persona en el aeropuerto me habría dejado pensando.
"In the airport when I was waiting for my bags, an old man asked me: "Is it your imagination or you finally found something worth living for?". He surprised me with that question, then I answered to him: "Tell them not to fear no more. Say it loud and sing it proud when it happens".
Diez temporadas y varios títulos después no sé si lo haya hecho, pero de la historia estamos en la etapa más gloriosa del Club. El día de mi último partido con la camiseta hubo tremenda fiesta.
También hubo controversias. Me gané el odio de la afición del multicampeón español cuando me negué a jugar para ellos haciendo público mi desprecio por esa camiseta y que en la construcción de su historia estaba la mano de Franco. Nunca fue tan hostil su estadio como cuando visitábamos.
Me prohibieron la entrada al país durante casi un sexenio porque jugando para la Selección un partido de eliminatoria mundialista, anoté y mi festejo fue ir a una cámara a gritar exigiendo la renuncia del presidente, y en el segundo gol mostré una playera con el mensaje de "Nos faltan 43"; después me entrevistaron por eso y claramente el mensaje era y es que hay muchas más cosas que deben ocuparnos antes que exigir a los futbolistas el bienestar de un pueblo. Se entiende que se trata de una breve escapatoria a tanta basura, pero a los sátrapas hay que exigirles. Si no juego más, pido trabajo en la televisora y me compro una enorme casa blanca.
En un punto de mi carrera me pegó el lado político y hacía mis protestas, muchas contra el gobierno de mi país, muchas otras contra el del vecino país del norte.
Así fue mi vida futbolística hasta que caí en esta instancia, si bien no se consiguió esa libertad, ese gusto de que las mujeres de ese país pudiesen ingresar a la Final sin burkas, el intento se hizo, pero las autoridades no me lo perdonarían.
Me esperan para colgarme, tan pronto el árbitro finalice el juego, un grupo de militares me escoltará a una corte donde ya está decidida mi suerte, no podré festejar ningún logro, ni la tribuna plagada de burkas ni nuestro primer título mundial. Que hayan ingresado es un gran triunfo.
El final del encuentro me sorprendió a mitad del campo junto al árbitro quien se anticipó y me dijo que por favor caminara rápido hacia las bancas para evitar tanta escena, que igual sería escena, pero sabía a lo que me arriesgaba.
Señaló el final, me dio la mano, me felicitó.
- Felicidades campeón. Por favor sal rápido- me dijo extendiendo su brazo en dirección de las bancas y donde estaban los militares.
Caminé medio aceptando palmadas y sacudidas de cabellera, nadie se iba a oponer para no convertir el festejo en masacre.
Fui acercándome a la entrada hacia los vestidores los aplausos se intensificaron, la gente se levantó y de pronto las pocas que entraron se sacaron las burkas y ahí me detuve, no podía creer lo que estaba pasando; los milicos todavía no veían lo que yo y supongo que asumían que estaba por correr. Cuando quisieron acercarse para sacarme, las mujeres -ahora sin su típica vestimenta- comenzaron a arrojar las burkas hacia la cancha y, para mayor sorpresa, gran parte de la afición comenzó a arrojar ropa, no podía verse más que una tormenta de prendas y apenas se notaba el verde de los militares; ahí fue que un grupo de emburkadas me rodeó, me colocaron una y me sacaron. No supe cuándo cesó la lluvia, entendí que no debía hablar, al menos hasta que no me indicaran que podía.
Viajé durante horas en un automóvil hasta que por fin se detuvo y me hablaron en perfecto español.
- Usted nos dio la idea para sacarlo.- me sacaron la burka- ¡Es libre!
- ¡Espere! ¡¿Cómo les di la idea?!
No respondieron y se marcharon.
lunes, 31 de octubre de 2016
Miguelazo (Comité de Divulgación)
Bien pudiera ser el intento número... ¡bah! no sé qué número sería, de tomar la palabra y buscar rascar un poco a la inspiración la pasión que algunas lindas personas llevan en su voz.
Será solo sobre una parte del todo, porque este todo, como todo lo magnífico, hay que vivirlo, absorberle cada porción y arrojarse al mundo con la responsabilidad de esos nuevos seres humanos en que nos convierte: cooperativistas, autogestivos, públicos, populares.
Ni ahí es que quiera o intente abordar la jodida situación de vivienda en Buenos Aires; seguro lleva 109 años, mínimo. Incrementos, desalojos, que te re caguen tu sueldo para medio jugar a vivir; cuanta razón la de Amparo Ochoa: "Esto de jugar a la vida es algo que a veces duele...".
No, de hecho no, no quiero ni intento abordar el tema porque por sangre hay colectivos que le mantienen vivo, presente; colectivos muy en la línea dispuestos a resonar, a grabar en el tiempo la lucha misma y las huellas que incomodan a la tiranía.
Comité de Divulgación o Congreso de la Ñoñez, vasta exposición de hermosos detalles, monólogo de un gen obsesivo; interesante comienzo de una broma: "estaban 5 historiadorxs y 2 secretarias populares planificando, investigando, redactando, recortando, sugiriendo, celebrando cada sugerencia, incrementándole el nivel de ñoñez"... unx más ñoñx que la/el otrx. Tremendo performance de huelguistas y policías, de matemática y magia, de noche de lecturas y recuerdos, de sol de comida y canciones, de un poema, de dos poemas y una bellísima placa en rojo.
Es la parte que no cumplen con divulgar para que haya que vivirlo, como todo lo magnífico.
Será solo sobre una parte del todo, porque este todo, como todo lo magnífico, hay que vivirlo, absorberle cada porción y arrojarse al mundo con la responsabilidad de esos nuevos seres humanos en que nos convierte: cooperativistas, autogestivos, públicos, populares.
Ni ahí es que quiera o intente abordar la jodida situación de vivienda en Buenos Aires; seguro lleva 109 años, mínimo. Incrementos, desalojos, que te re caguen tu sueldo para medio jugar a vivir; cuanta razón la de Amparo Ochoa: "Esto de jugar a la vida es algo que a veces duele...".
No, de hecho no, no quiero ni intento abordar el tema porque por sangre hay colectivos que le mantienen vivo, presente; colectivos muy en la línea dispuestos a resonar, a grabar en el tiempo la lucha misma y las huellas que incomodan a la tiranía.
Comité de Divulgación o Congreso de la Ñoñez, vasta exposición de hermosos detalles, monólogo de un gen obsesivo; interesante comienzo de una broma: "estaban 5 historiadorxs y 2 secretarias populares planificando, investigando, redactando, recortando, sugiriendo, celebrando cada sugerencia, incrementándole el nivel de ñoñez"... unx más ñoñx que la/el otrx. Tremendo performance de huelguistas y policías, de matemática y magia, de noche de lecturas y recuerdos, de sol de comida y canciones, de un poema, de dos poemas y una bellísima placa en rojo.
Es la parte que no cumplen con divulgar para que haya que vivirlo, como todo lo magnífico.
... (capítulo II)
Mañana de brujas, pequeña confesión de primavera: soda, café, dos medialunas, manteca y mermelada de frutilla/fresa/strawberry/fragola/fraise; el maldito tráfico, el corrupto gobierno, el puto calor o el puto frío, la manga de muertos pechofrío que no dan una; las y los madrugadorxs del crossfit apropiándose de la vereda, un perro y su desentendidx dueñx colocándole una apestosa trampa a cualquier transeúnte. Se han ido un par de diarios, un póker de buenos días, puchos y el héroe de la esquina que alcanza a atajar a la kamikaze que por audífonos y teléfono estuvo a muy poco de ser portada.
Todo ese revoltijo de ideas, de recuerdos, de hacerle creer a unxs cuantxs que contemplamos un adaptador de corriente como si lo entendiéramos, como si lográsemos llevarle a otro plano y un poco enderezamos el cuello y un poco que atacamos lo que nos queda de uña; exaltados pasamos la mano desde las orejas hasta el cenit de la barbilla, buscamos no sé qué en alguna parte de no sé dónde, tronamos los dedos de una mano, de la otra, mordemos un labio, el otro; sacudimos el pie -el derecho o el izquierdo, no importa cuál-, tamborileamos al aire, hacemos percusión en los hombros, y ni una sola palabra aún; exhalamos, pasamos la lengua por entre los dientes, sonrisa.
Resuena lo explicado por el escritor, no lo de Barry Allen o lo del verdadero Linterna Verde, sino lo que dijo que dijo Aristófanes o más o menos, que estamos a instantes de encontrarnos, y con esa linda idea que rescata Sabina de José Alfredo: lejos de leyes, de justicia, de dioses.
Me tomas del brazo para cruzar la calle, esa capacidad que el mundo va olvidando de detenerse a asombrarse por un jardín colgante; y un día cualquiera, sobre una calle cualquiera, en un puesto cualquiera te detienes a probarte unas gafas y preguntas que qué tal te quedan, me hago el boludo ojeando una revista y volteo, y antes de poder responder, viene el manazo y tu risa.
Todo ese revoltijo de ideas, de recuerdos, de hacerle creer a unxs cuantxs que contemplamos un adaptador de corriente como si lo entendiéramos, como si lográsemos llevarle a otro plano y un poco enderezamos el cuello y un poco que atacamos lo que nos queda de uña; exaltados pasamos la mano desde las orejas hasta el cenit de la barbilla, buscamos no sé qué en alguna parte de no sé dónde, tronamos los dedos de una mano, de la otra, mordemos un labio, el otro; sacudimos el pie -el derecho o el izquierdo, no importa cuál-, tamborileamos al aire, hacemos percusión en los hombros, y ni una sola palabra aún; exhalamos, pasamos la lengua por entre los dientes, sonrisa.
Resuena lo explicado por el escritor, no lo de Barry Allen o lo del verdadero Linterna Verde, sino lo que dijo que dijo Aristófanes o más o menos, que estamos a instantes de encontrarnos, y con esa linda idea que rescata Sabina de José Alfredo: lejos de leyes, de justicia, de dioses.
Me tomas del brazo para cruzar la calle, esa capacidad que el mundo va olvidando de detenerse a asombrarse por un jardín colgante; y un día cualquiera, sobre una calle cualquiera, en un puesto cualquiera te detienes a probarte unas gafas y preguntas que qué tal te quedan, me hago el boludo ojeando una revista y volteo, y antes de poder responder, viene el manazo y tu risa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)