domingo, 29 de noviembre de 2009

El dolor del trago

Para sellar una amistad o para
encontrar un desconocido e interminable valor,
para resolver de mil maneras las mil
cuestiones que la vida demanda,
para confirmar un temple inquebrantable o
para disfrazar una frustración.

Para festejar el éxito del juego,
para concretar un acuerdo,
para ocultar y ahogar una tragedia;
para etiquetar una alegría,
para acompañar una anecdota o
para asintir un recuerdo.

Para descubrirse con asombro,
para declararse inédito o
mostrarse en constante andar;
para distorcionar los gestos
gracias a un amargo sabor o un intenso dolor;
amargo el sabor, es inminente,
el dolor no siempre, y eso por el origen que lo pueda sustentar:
una laguna, vestigios de la suerte, marcas de la pseudobravura
manipulada por la estupidez, dialogos fallidos o erróneos,
o la evaporación del bienestar que una palmadita
en la espalda baja puede evidenciar.




gatts

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