Quedarte a donde estabas y
retener ese brillo intenso y propio
que desde el instante te distinguió
en un efímero firmamento, inmortalizándolo.
Que el tiempo y espacios no fueran
irónicamente cortos y reducidos
en un mundo que incita a tanto
y que arroja lo impensable.
Quedarte a donde estabas
en la indiferencia o lo desapercibido,
cerrando caminos al consumidor trajín
de pensar y querer descifrar.
Quedarte a donde estabas
para sostener que hay cosas por siempre ajenas,
contemplarlas a distancia y
aplaudir la suerte del resto y reservar.
Pudiera ser la mejor fórmula para
blindarse y rechazar grises matices,
o también la más adecuada para dejar correr
coloridos torrentes de plenitud e inspiración.
Es preferible quedarse a donde se está
capturando totalmente las intersecciones del destino,
que quedarse a donde se estaba
lamentándose de un magnífico sino.
gatts
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