Un prejuicio eregido lleva su penitencia implícita,
cavilar por entre datos inconcretos e impresiones
con multitudes de tardes por madurar, y emitirlo,
sólo garantiza amargura, exclavitud y frustración.
Corregir es la mínima atención.
Percibir escasez de proyectos o posibilidades
no es un indicador negativo, sino alentador;
por marchar con certeza, corear con alivio,
pronunciar sin estigmas y escuchar con júbilo
la edificación de algo forjado en las inertes
sienes de quienes condujeron y cultivaron las hoy
autorizadas voces del tiempo, la vida y la sabiduría.
Restar y demandar una dinámica es un indicador positivo,
denuncia familiaridad, adaptación, y augura firmeza;
es la señal más tangible de seguir en casa, una casa con
distinta fachada y distribución, más su nombre suprime lo demás.
gatts
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