sábado, 27 de mayo de 2017

Los tacos que te debo

Realmente muy poco conocía de ahí: Zitarrosa, Benedetti, Mujica, Francescoli, Tres Cruces, el Centenario tres mañanas después de Sabina, Peñarol y un carbonero que me llamó "amigo Boca-boquense".

Crucé el Río de La Plata algo derrotado, lleno de incertidumbre y miedo por esa cualidad/facultad/habilidad que nuestra especie aún no desarrolla o quienes ya, no la comparten, pero que es también el mejor condimento de la vida: no saber qué pasará, no saber qué día se volverá. Entonces y tras 8 pasos básicos que el mundo asume todos y todas ejecutan en cada rincón de ese espectacular lugar, y tratando de mitigar con un pucho esos demonios que me acompañaban sin pagar pasaje, aparecieron las Leticias; dos mujeres de entonces 66 años, de Montevideo viviendo en Buenos Aires, que jamás se habían visto y que su simple deseo de felicitar las unió.

- Hace años que la vida me trajo a acá.
- ¿Y a usted?
- También. Pero te digo algo, no hay mejor lugar que casa.

Volví y entonces vos, ajonjolí de todos los moles, visceral mujer de escasa estatura y risa contagiosa, desordenada cabellera charrúa ocupada de quedarse con algo y de tejer un sólido macramé tan resistente como su temple, tan elaborado y sencillo como su fe en las personas.

Entonces marchas de nuevo ya sin incertidumbre temerosa, contento y con cierta deuda; y una mañana quizá mucho después de Sabina, con el tiempo ya muy evidente, timbras o mejor te inventas algo y entras a sonar la puerta y atiende una vieja inconfundible porque su risa y su esencia en nada pueden esconderse.

- ¡Hola!¡¿Qué hacés acá, negri?!
- Y, acá estamos por los tacos que te debo.

Logramos, con una dificultad que antes no estuvo, elegir una banca en el Ameghino, cebas el primero y enciendo un cigarrillo.

viernes, 26 de mayo de 2017

En Almagro

Se antoja una presentación a lo Michael Jordan defendiendo a sus Toros de Chicago; Sirius de Alan Parsons Project, luz apagada y una voz aguardientosa gritando dónde nació, el número en el dorsal y la posición en la que juega, pero no; vamos con el recibimiento que la hinchada canalla da a los suyos jugando en el Gigante contra la lepra, y eso porque se trata de un canalla, un rosarino.

Esto de las redes sociales trae mucho aspecto positivo y lo menciono porque cumplió con su propósito.
Un amigo periodista publicó un video que dura como media hora -ya sé que hace falta estar muy al pedo para chutarse treinta minutos de video (entiéndase YouTube o el Tube que más frecuenten)- y en donde actores, exfutbolistas, directores técnicos construyen una apología a Tomás Felipe Carlovich, el Trinche; yo no lo haré porque me limitaría a repetir lo del video, así que si les interesa saber sobre el Trinche, búsquenlo. Yo les hablaré de otro Trinche.

En Buenos Aires, Argentina muchos viernes del 2015, en el barrio de Constitución, en la calle Solís al 1973, en el bachillerato popular Miguelito Pepe coincidí con el Trinche, un rosarino que en ese bachillerato colabora en el área de matemáticas de tercero. Comenzamos con las cordialidades habituales hasta que un buen día le pregunto por el Trinche Carlovich ya que tiene mucho que ver con Rosario; habré preguntado poco antes de las 19:30, hora a la que este Trinche arrancaba sus clases y alcanzó a decirme: "¡No! ¡No me hables del Trinche que no entro a clases!".
Este Trinche es canalla como creo la mayoría, a muerte, y se lo debe a su abuelo; para muchas cosas juega fácil, de primera, pero dos cosas le involucran en estas palabras: el asado y su habilidad para contar historias.
Si bien ya lo conocía a este Trinche, otro genio fue quien me acercó a ese templo de logística filosófica de la calle Maza, el buen Kaky, cuerpo celeste de desconocida trayectoria y lugar de impacto con quien el gusto por la sana convivencia es una afinidad y quien un buen día me invitó a una reunión del área de matemáticas, nada tenía que hacer yo ahí, pero fui.


Los viernes de primavera sobre Maza bien pudiese postulárseles como de los días más lindos que acá aparecen; mucho tienen que ver las palomas en el cruce con Las Casas, arman su fiesta y verlas seguir y andar; y en el cruce con Calvo hay un almacén de sueños y un tipo esperando, y ahí llega ella, sin previa lo besa, le entra por cada punto posible y entonces comienza el día, el de él. En el colectivo que se los tatúa -a las y los transeúntes y los sueños y las palomas- se descansa como en ningún otro lugar; un tipo viene a dos manos planchando el uniforme, intenta no quedarse dormido, no pasarse 30 cuadras y se concentra en la viejita que aún no está convencida de haber tomado la ruta correcta y cada esquina pregunta si pasarán por donde ocupa. Ahí no se razona ni se intenta razonar, no existe tal instancia entre querer y necesitar descansar, no se piensa en el pendiente del trabajo ni en la masacre verbal que se avecina cortesía del patrón. Desconexión, ausencia y a Morfeo se lo ve colgando un letrerito de "Vuelvo en 5 minutos" para mecerse en una hamaca.

A un par de calles está el templo del cual el sacerdote simpatiza con la idea de Jesús hombre, mente brillante, pero hombre. Cuentan que alguna ocasión planteó que Jesús no caminó sobre el agua, era un tipo con mucha mente fría, esperó, observó y quizá halló un caminito de rocas y entonces anduvo.

Bariloche lo trajo hasta Baires, habrá que esperar a ver a dónde lo lleva Baires.
Vaya y que le cuente, con asado y vino, del tipo y sus libros para encontrar el jugador ideal para casi todas las posiciones.

Un tipo alto de sonrisa inocente que inspira toda la confianza, nada más no lo busque si está jugando Central porque si algo no sale usted será culpable, no importa que el canalla arrugue por excelencia. Ya esperaré respuesta si se entera de estas palabras.
Tocas timbre y asoma el Trinche para avisar que está por comenzar el tour por entre esa otra cara de la vida que el trajín al que la mayoría nos entregamos, nos esconde. Un breve pasillo que te regala la adrenalina previa a su cancha; es ir recorriendo los vestidores y pasas por el área administrativa, después donde se organiza la estrategia del compromiso en puerta, para luego subir una escalera que te saca justo a metros de la popular que se entrega a las genialidades de asado y bondiola que este tipo dibuja a pasitos frente a ella.

Historias grandes, un payador que se ubica re bien en el campo y sabe llevar el partido, siempre te deja habilitado y se inventa lindas jugadas que levantan todos los aplausos.

Ahí va el Trinche sabiendo que lo mira Solari por siempre y en mitad de la tribuna del Parque Independencia se pregunta qué hace un tipo tirado acaparando varios lugares hasta que le explican que se trata de Fontanarrosa y lo entiende años después.
Por ahí y se muestra en las crónicas del apasionado, no tan seguido, futsal, porque según él, para ser canalla, se es a full o no se es.
La bella vida se obstina en amargarse y éste la encara con porciones de la inspiración de Uli. Ese es el Trinche, este Trinche con su not so good english, la fuerza de Cande y la complicidad de Trini.

domingo, 5 de marzo de 2017

...

El gris horizonte que no se anima a precipitarse se organiza una y otra vez ahí después de la eterna marcha de botellas rotas o vidrios abiertos según algún estudioso de hoy.

Resulta que cada tanto se les ve a la muerte y al diablo bailando al ritmo de una tarola que cualquiera de ese par improvisa y quien no interprete va arrojando petardos; no están por alguien, es tan solo su fiesta aparte porque han sabido charlar con las personas correctas, las más enamoradas de la vida y su inagotable magia, como el abuelo de Milo. Entonces quieren saberlo, que no sea solo un relato que les deja con los ojos bien abiertos y media sonrisa de lado, de ésas que se aparecen en la cara cuando el recuerdo de una "maldad" se evoca; y quieren jugar también, sentir y saltar y agitar la mano, y cagarse de risa, y desparramarse a mitad de un parque y llegar corriendo a casa para preparar eso que recién descubren y que se llama café, y echar la cabeza hacia atrás y dejar que el humo de ese otro nuevo hábito se eleve como se eleva el Blue Trombone y azota el cielorraso como un pequeño mar de notas.

Tremendo grado de dificultad eso que hacen los mariachis de salir corriendo 30 o 40 metros haciendo sonar la trompeta o el violín para llegar hasta donde exponen su oferta y la promesa de una épica borrachera.

El derecho, el deber, la obligación, el menester, la necesidad de vivir con pasión, sentirse vivo/viva, y todos los vicios y las malas compañías, y el café, y las botellas rotas y el horizonte que ahora es azul, y Miró y Aisha y todas las películas de Woody Allen, y Seb hablando de jazz como exitosamente no puedo hacerlo tratándose de ti porque estás más allá de las palabras.

viernes, 20 de enero de 2017

267302

Lo que es posible descubrir o enterarse una mañana cualquiera esperando que se le atienda en el hospital, el que usted guste, público o privado son una porquería de servicio.

Perdieron la cuenta, hacía ya un montón que esperaban y ella no se había movido más que una vez al baño y volvió y seguían casi las mismas personas que llegaron después. Algunas se fueron y volvieron, otras no.

Somos 37 contando al que llegó recién, pero creo que murió; quizá murió antes y en una especie de reflejo llegó como para hacer saber que falleció y que alguien notifique a quien tenga que ser notificado, aunque parece que llegó solo. No aguantó mucho - dijo ella sin recibir la más mínima señal de atención del sujeto sentado a su lado izquierdo.

Ella tenía una enorme habilidad para darle sentido a los números, ese vicio de, cuando aún se utilizaban,  hacer sumatorias con los dígitos del ticket del colectivo; guardaba los que dieran veintiuno como resultado o los que representaban la letra inicial del nombre de algún tipo que le gustara.

¡Uy! ¡Se murió otra! ¡Tan linda! Coincidimos saliendo del baño, me dijo que nació en un pueblo del norte y que vino para acá a probar suerte; acá descubrió su gusto por la arquitectura, la estudió y trabajaba en obra, y ahí sufrió el accidente - continuaba ella hablando con el viento.

Si bien el tipo hacía como que la ignoraba, iba registrando cada comentario de ella.

- He esperado hasta 6 horas.
- ¿Eh? ¿Por qué tanto? - por fin preguntó él.
- ¿Usted es tarado?
- ¡¿Qué le pasa?!
- ¡Y, sí! Si me van a atender ¡Qué mierda hago!
- ¡Ja! Bueno, mi duda no es por qué esperó, sino qué pasó que tardaron tanto.
- Hace preguntas muy estúpidas.
- ¡Váyase a la mierda!
- Ja, ja, ja, ja. ¡Qué sentido!
- Deje de joder.
- Solo intento aligerarle la espera.
- ¡Aaah! ¡¿Es un nuevo servicio?!
- Ja, ja, ja, ja. Igual pasaré primero.
- ¡Ja! ¡Ahora resulta!
- Espere.
- ¿Qué pasa?
- Sabe, hace un rato la doctora salió a comentar que debía atender a otra chica que estaba en la sala porque le solicitó que viniera hoy. Pasó la chica y después llegó un tipo por quien ya no hubo explicación y entró de una.
Resultó que estaban citados para tener sexo, un trío, lo supimos cuando se escucharon esas inconfundibles exaltaciones; de hecho tuvimos que cantar para distraer a un niño que andaba a los brincos justo aquí.
- ¡¿En serio?!
- Ja, ja, ja, ja ¡Sí!
- Ja, ja, ja, ja ¡Qué loco! Bueno ¿y por qué está acá?
- Tengo una alergia nerviosa - cortita y al pie la dejó ella - ¿Vos?
- Y, cuando no hay recursos vas al público.
- Claro.
- ¿Qué con eso de la alergia nerviosa?
- Me empezó a partir de que sacaron los tickets del colectivo.
- ¿Por?
- Guardaba todos los que sumaban veintiuno.
- ¿Con el folio del ticket?
- Sí.
- ¿Por qué guardaba los veintiuno?
- Por un juego que aprendí en el secundario, de que sumabas los números del folio y si daban veintiuno, equivalen a un beso.
- ¿Canjeables?
- Algo así.
- ¿Y quién te los daría?
- Y, alguien.
- Mmm... ¿Y los que no eran veintiuno?
- Depende.
- ¿De?
- Pues, por ejemplo, si el ticket es el 981517, al sumar cada dígito el resultado es 31...
- Ajá...
- Ahora, el abecedario tiene 27 letras por lo que el 31 no representa ninguna de ellas.
- Sí...
- Entonces sumas el 3 más el 1 y te da 4. La "D" es la cuarta letra del abecedario.
- Ajá...
- Bueno, si conoces alguien cuyo nombre comience con "D" y te gusta, guardabas el ticket y si tenías otro con veintiuno, podías canjear ese "21" con esa "D".
- Ja, ja, ja, ja. Y si quien me gusta su nombre empieza con la letra 21 ¿qué pasa?
- ¡Mierda! ¡Nunca lo pensé! Pides dos besos, supongo.
- Ja, ja, ja, ja. Igual es divertido.
- ¡No te burles! Sufro por eso. Desde que sacaron los tickets no he conocido a alguien que me agrade.
- Me estás diciendo que tu vida amorosa depende de un ticket de colectivo?
- ¡¿Qué te importa?!
- ¡Cálmate! Hay números en todas partes.
- ¡¿Como en dónde?!
- Mmm... Pues... Seguro pagas algún servicio: agua, luz, etc; las boletas traen todas folio.
- ¡Tienes razón! ¡Lo intentaré!
- ¡Bien!

Salió una enfermera a informar que había una demora de 2 horas y en esa intervención se fue la chica de los números.

- ¿Cómo te ganas la vida? - preguntó ella.
- De momento solo subo al subte a tocar la guitarra y ganarme unos pesos y...
- ¡Ahora no me digas tu nombre!
- ¿Eh?
- Sí. Solo dime el número de la letra con la que empieza.
- ¡Ah! A ver, deja hago cuentas.
- ¡Bah!
- Mmm... ¡la 10!
- Ok. ¡Chau!
- Pero... ¿no te vas a atender?
- Ya no. Lo mío es alergia nerviosa.

Ella habrá esperado 4 horas y se fue sin ser atendida, él habrá esperado otras 3 y en ese inter pensaba y pensaba en el juego de los números; cuanto más se obsesionaba, más absurdo lo encontraba e intentaba pensar otra cosa.

Luego de unos días, una mañana el tipo interpretaba su lista de canciones y colocó su gorra para quien quisiera cooperar. En el último vagón donde tocaría tan solo le colocaron un billete de 5 y otro de 10; alistaba todo para bajar y otra persona llega y le arroja un montón de papeles.

El tipo se sorprendió, no entendía porque una persona agarraría de basurero su gorra; quería mandarle un derechazo, pero se contuvo y notó que lo que le habían arrojado eran todos tickets de colectivo. Tomó uno, hizo la suma... ¡21! Tomó otro, hizo la suma... ¡21!

- Son todos 21 - le dijo una mujer.

Levantó la cabeza y vio una mano que le extendía un ticket más; hizo la suma y daba 10.

- Soy Tamara.

Se reincorporó por completo y sonrió a la par de su ex compañera de sala de espera del hospital.

jueves, 12 de enero de 2017

Pañalera color rosa

Como no sabían si sería niña o niño consiguieron una pañalera amarilla, color "neutro" para no fallarle.

En el hipotético caso de que apostaran porque sería nena y elegían la color rosa ¿habría habido crisis, devaluación, represión, censura, violencia de género, machismo enfermo, feminicidios, corrupción, opresores, oprimidas? Pasó igual y no creo que por el color de una pañalera.

Enseñemos a ser felices, libres, a -como dice Merlí- ser.

Inculquemos el amor por el amor, a llenarse de sensaciones, momentos, experiencias, no a vivir ocupados de si la marca se raya o se mancha. Cortázar sugería como un infierno florido el que te regalen un reloj, pero es algo que aplica para tanto porque, como bien dijo, te regalan el miedo a perderlo, a que te lo roben, a que se te rompa; con el tiempo vendrán a preguntarte por el obsequio, jamás preguntan si la pasaste para la mierda cuidando de algo y deseando un campo de protección de 5 metros de radio. Prueba de este revoltijo de palabras: el juguete de moda y siempre preferimos la caja nave espacial/coche de carreras/chistera/et al, hasta que nos pasan al rastro y nos mutilan el cerebro.

Me invade una preocupación enorme, es quizá un mal terrible, espero no sufrir severos trastornos físicos porque tengo una playera rosa y me gusta mucho; ahora me dio por lavar trastes, también ropa, cada tanto barro y trapeo y hasta cocino; veo películas de comedia romántica o drama y río y lloro y a veces lo hago comiendo helado.

¿Y si es verdad? ¿Y si el machito está cayéndose a pedazos?

De hecho, ahora que lo pienso, mi voz está cambiando, estoy terminando de convertirme en un tremendo tarado.

Y por fin me pregunto ¡¿qué chingados si la pañalera era rosa?!

lunes, 9 de enero de 2017

Clase de filosofía

Para el pequeño Larousse Ilustrado la filosofía es amor al conocimiento, ya si se consulta la RAE, Wikipedia, El Rincón del Vago o monografias.com, quizá venga algo más desglosado, vasto, explícito, pero groso modo esto sirve.

Según una amiga que estudió filosofía, todo el mundo hace filosofía; acorde a lo anterior, habré interactuado con grandes filósofos. Nunca investigué con qué se drogaban filósofos griegos o alemanes, pero alcohol y/o porro fomentan esta actividad.

Un ejemplo de esto son esos ya impresos lunes en Combate de los Pozos donde desaparecieron muchos más de Tres Deseos, algunos cuantos litros de gaseosa, algunos cuantos paquetes de arroz, una que otra tira de asado y muchas latas con atún; Ludo reloca rebotando en las paredes, nosotros fantaseando con las terrazas de enfrente, media sonrisa por la tranquilidad de un peculiar pensamiento y salir por Belgrano.
- Relajá que vamos muy aprisa.
- Ok.
- El que espera no desespera.
- Chúpame el mión.
- ¡Cállese pinche perro!

Para mi amiga, y sujetándome a lo que entendí de lo mucho que me explicó, la filosofía es un tremendo platillo con personas, experiencias, sensaciones como ingredientes. Hago una pausa para confesar que entre lo del jengibre, los conectores y la inexistencia del tiempo, sigo tratando de juntar los pedacitos de cerebro que tengo bajo mi custodia.

Mientras todos los reptiles estaban preocupados por el asadito e iban bajando las reservas cerveceras, comenzaron a tratar de resolver el mundo, a querer entender por qué el cangrejo va hacia atrás o si va hacia delante, y saltó el primer profundo.
- Según Spinoza, Dios hubiera dicho: "lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida".
- ¿Paz? - preguntó/respondió el típico que siempre se fastidia por esas pláticas.
- ¡Baruch, puños! - contraatacó el primer profundo.
- Y Dios ha muerto, según Nietzsche - saltó el segundo profundo.
- Y Pedro Infante está vivo, pasa todas las mañanas, según Arjona - atacó de nuevo el fastidiado.
- Pinche vatito cagapalos - se defendió el segundo.
- No puedo comprender lo que sería una libertad que me fuera dada por un ser superior, dijo Camus - aportó el tercero de los profundos - Y ya no estés chingando - se dirigió al fastidiado.
Entonces intervino el cuarto y más profundo de todos.
¡Déjense de mamadas y pónganse a pistear!


martes, 29 de noviembre de 2016

Un jugador diferente

Todo esto surgió por las declaraciones previas a la Final; preguntaron por mi experiencia durante ese mes en ese país, y ahí la portada mundial.
Sin duda pude, y tal vez debí, haber contestado otra cosa, pero no, dije lo que tenía que decir:
"La organización bien, pero eso de que las mujeres de aquí no puedan conducir, no puedan ingresar a una cancha y tengan que andar cubiertas de pies a cabeza es una de las tantas estupideces del machismo. ¡Por favor! Cómo alguien que piense así y lo promueva puede estar al frente de una nación". Ahí se pudrió todo.

Nunca me agradó eso de aceptarse como un gran algo: gran futbolista, gran escritora, gran cineasta, gran doctora; me parece muy mamila. En ese sentido me gusta pensar como Ronaldo quien dijo que jamás se consideró mejor que los demás, sino que trató de ser bueno en lo que hacía.

En mi primer entrevista, ya con algo de reconocimiento en el gremio, me preguntaron que cómo decidí o supe que quería ser futbolista, la respuesta seguiría siendo la misma siempre: "por la película de Stallone"; en español la llamaron "Camino a la victoria", y que está inspirada por la anécdota del equipo que enfrentó a un representativo nazi y que tenía indicaciones de perder, lo cual les importó un chorizo y ganaron y los empinaron por eso. Aclaré también que por la misma película quería ser arquero, pero resulté ser promesa de gol: me anotaban 3 o 4 por partido, a veces en cada tiempo; por ello el técnico -bastante humanista y en un acto muy a lo "La marca del zorrillo" o a lo Pittilanga- tuvo la ocurrencia de que quizá estaba intentando en la posición equivocada, así que me envió de 9, y con el tiempo ajustó y me pasó a jugar de 10 donde resulté tener mucha más idea que al comienzo.

Mi pueblo es futbolero, en inferiores siempre anda bien, lamentablemente quienes están en la administración del equipo profesional -que lleva ya más de 20 años en la B- son todos perros que solo ven sus intereses, de visión muy limitada que convirtieron al Club y a la pasión de la gente en herramienta política (cada pinche proceso electoral hacen promesas con respecto a alcanzar la máxima categoría). Dicha situación me llevó hacia la metrópolis más cercana en donde uno de los dos equipos de 1a que ahí conviven, me dio la oportunidad.

Allá me gané el cariño de nuestra grada y el desprecio de la rival por varios detalles -entre ellos goles decisivos-.
En mi primer clásico -en cancha de ellos- anoté 2 goles para cuyos festejos fui hasta frente a su hinchada oficial y mostré una playera que decía "Incomparablemente mudos"; después como fue novedad la actuación del novato, me entrevistaron días después y declaré que lo único incómodo del partido fue que se sintió mucho frío y que seguro se debió a la tribuna. Todos los demás clásicos que jugué en su cancha salí con bufanda, gorro, guantes, chamarra y multa.

El desempeño siempre me respaldó como a esas chicas por colocarse los lentes en el lugar adecuado, sin embargo, hay otros aspectos que me valieron la aceptación hasta de algunxs contrarios.
En un torneo jugábamos contra Australia y antes del juego un periodista me pregunta que qué sé sobre Australia, así tal cual su pregunta; le respondí que su capital es Canberra, son muy apasionados del footy, los Beatles estuvieron en Melbourne y Slim Dusty interpreta la versión que más me gusta de Waltzing Matilda; el periodista era australiano, se sonrió y me dijo que en realidad preguntaba acerca del equipo, pero que le había dado muy linda respuesta. Les ganamos y aún así sus seguidores cantaron Waltzing Matilda y me regalaron una bandera.

El primer equipo europeo en contratarme fue uno londinense. Tras dos temporadas conseguímos un sexto lugar y un décimo, pero en ese segundo año ganamos la Europa League.
Esa linda historia comenzó cuando en mi presentación en el Club, la prensa comenta que mi llegada generaba mucha expectativa y que entonces cuál era la mía (expectativa), ahí fue que me animé a hablar en inglés:
"Well, fortune's always hiding, I've looked everywhere... I'm dreaming dreams, I'm building castles high... I don't know of what, but we'll be champions".
Cuando levantamos la Copa ese periodista entró al vestidor y no alcanzó a decir algo siquiera, se soltó a llorar.

De ahí pasé a la ciudad de Manchester, al equipo que llevaba ya años sin títulos y obviamente al llegar un nuevo jugador depositan su esperanza, apuestan.
En mi primer conferencia como jugador de esa institución inventé que una persona en el aeropuerto me habría dejado pensando.
"In the airport when I was waiting for my bags, an old man asked me: "Is it your imagination or you finally found something worth living for?". He surprised me with that question, then I answered to him: "Tell them not to fear no more. Say it loud and sing it proud when it happens".
Diez temporadas y varios títulos después no sé si lo haya hecho, pero de la historia estamos en la etapa más gloriosa del Club. El día de mi último partido con la camiseta hubo tremenda fiesta.

También hubo controversias. Me gané el odio de la afición del multicampeón español cuando me negué a jugar para ellos haciendo público mi desprecio por esa camiseta y que en la construcción de su historia estaba la mano de Franco. Nunca fue tan hostil su estadio como cuando visitábamos.

Me prohibieron la entrada al país durante casi un sexenio porque jugando para la Selección un partido de eliminatoria mundialista, anoté y mi festejo fue ir a una cámara a gritar exigiendo la renuncia del presidente, y en el segundo gol mostré una playera con el mensaje de "Nos faltan 43"; después me entrevistaron por eso y claramente el mensaje era y es que hay muchas más cosas que deben ocuparnos antes que exigir a los futbolistas el bienestar de un pueblo. Se entiende que se trata de una breve escapatoria a tanta basura, pero a los sátrapas hay que exigirles. Si no juego más, pido trabajo en la televisora y me compro una enorme casa blanca.

En un punto de mi carrera me pegó el lado político y hacía mis protestas, muchas contra el gobierno de mi país, muchas otras contra el del vecino país del norte.

Así fue mi vida futbolística hasta que caí en esta instancia, si bien no se consiguió esa libertad, ese gusto de que las mujeres de ese país pudiesen ingresar a la Final sin burkas, el intento se hizo, pero las autoridades no me lo perdonarían.
Me esperan para colgarme, tan pronto el árbitro finalice el juego, un grupo de militares me escoltará a una corte donde ya está decidida mi suerte, no podré festejar ningún logro, ni la tribuna plagada de burkas ni nuestro primer título mundial. Que hayan ingresado es un gran triunfo.

El final del encuentro me sorprendió a mitad del campo junto al árbitro quien se anticipó y me dijo que por favor caminara rápido hacia las bancas para evitar tanta escena, que igual sería escena, pero sabía a lo que me arriesgaba.
Señaló el final, me dio la mano, me felicitó.
- Felicidades campeón. Por favor sal rápido- me dijo extendiendo su brazo en dirección de las bancas y donde estaban los militares.

Caminé medio aceptando palmadas y sacudidas de cabellera, nadie se iba a oponer para no convertir el festejo en masacre.

Fui acercándome a la entrada hacia los vestidores los aplausos se intensificaron, la gente se levantó y de pronto las pocas que entraron se sacaron las burkas y ahí me detuve, no podía creer lo que estaba pasando; los milicos todavía no veían lo que yo y supongo que asumían que estaba por correr. Cuando quisieron acercarse para sacarme, las mujeres -ahora sin su típica vestimenta- comenzaron a arrojar las burkas hacia la cancha y, para mayor sorpresa, gran parte de la afición comenzó a arrojar ropa, no podía verse más que una tormenta de prendas y apenas se notaba el verde de los militares; ahí fue que un grupo de emburkadas me rodeó, me colocaron una y me sacaron. No supe cuándo cesó la lluvia, entendí que no debía hablar, al menos hasta que no me indicaran que podía.

Viajé durante horas en un automóvil hasta que por fin se detuvo y me hablaron en perfecto español.
- Usted nos dio la idea para sacarlo.- me sacaron la burka- ¡Es libre!
- ¡Espere! ¡¿Cómo les di la idea?!
No respondieron y se marcharon.