jueves, 21 de julio de 2016

Muchxs tienen a lxs mejores

Te darás cuenta que muchas personas, según ellas mismas, tienen lxs mejores padres, madres, hijxs, hermanxs, sobrinxs; pero no sé realmente quién tenga a lxs mejores, incluso no sé si sea algo posible de definir porque -y también te darás cuenta- lo mejor para ti no será precisamente igual a lo mejor para alguien más.

Lo que sí puedo declarar con certeza es lo que representas para mí, de ello jamás habrá duda porque llegaste siendo aprendizaje, conocimiento y fe pura, yo que no soy tan creyente.

Hasta hoy la única ocasión que debí regresar a casa a cambiarme la camisa porque la que llevaba quedó vomitada, te la debo a ti.

Me habrán cantado tal vez en 32 ocasiones el cumpleaños feliz; digo tal vez porque no puedo garantizar que en cada año de mi vida haya ocurrido, pero atesoro la versión dedicada a mis 31 que cantaste aunque querías dedicársela a tu amigo que es mi tocayo; después, al año siguiente, tu eufórica felicitación que no tendrá comparativa a menos que decidas remasterizarla.

Tenías los ojos bien abiertos y una mano -que no alcanzaba a ocultarlos- cubriéndote la cara cuando nos conocimos; habrán sido alrededor de las 3:30 del martes 19 de julio del 2011. A las 22 del 18 me llamó tu jefe para avisarme que llevaba a tu jefa al hospital porque ya estabas por llegar.

La idea era que nacieras sin intervención quirúrgica, pero en una última revisión detectaron que la llegabas muy lejos y que no saldrías porque se iba a trabar, entonces hubo cesárea.

Mientras llevaban a la Frizbie al quirófano y Puppy la acompañaba, me pidieron que consiguiera una espada de hoja de diamante porque solo ese tipo de hoja no se rompería al chocar con tu esta tan bañada. El problema era que ese tipo de espada hacía 400 años que no se veía una.

Salí corriendo a cualquier lado por no saber cómo ayudar hasta que encontré una puerta de cristal que si le arrojas fuego directamente, te convierte en humo y eso hace posible que te comuniques con las nubes y ellas te muevan en el tiempo porque ellas son testigo de toda la vida.

Me movieron hasta Australia 400 años atrás donde vivía el forjador de la espada que necesitábamos; el vato me dijo que tenía que viajar hasta 32 años antes de tu llegada y buscar a dos bebés y limpiarles la frente con un algodón rociado de una poción de evenflez: el bebé varón estaba naciendo en Reynosa; la beba, en Monterrey.

Lo que esa poción provocaría era que la beba y el bebé cuando crecieran se buscarían y darían vida al ser que justificaría la existencia de la espada de diamante oculta por siglos en el corazón de la Sierra Madre Oriental.

Pude volver a tiempo, a la 1:19am con la espada y 2 horas después llegaste.

Quizá por esto te rete la Frizbie, pero de todos los "no mames" que me han dicho, los tuyos son los mejores.

Un rompecabezas que no se ve, completo sin imagen definida, armado, pero vas pintando cada pieza con cada uno de tus detalles.

Hasta donde me es posible confirmar, eres el mejor primer sobrino para mí, porque la mínima diferencia y no aplica.

Eres la única persona a quien para hacerle estudios le sacan agua de jamaica.

sábado, 9 de julio de 2016

Temas sin sentido

Si pudieras ver los cielos de Buenos Aires en junio, no sé quién está encargadx de cambiar esas diapositivas, pero es un genio, una genia; son naranjas, los cielos, claro.

Digo de Buenos Aires en junio y no de junio en Buenos Aires porque -y de esto no tengo fundamento alguno- estoy convencido que este lugar es un museo con esta exposición tan particular por la que poco se esmeran, no te muestran su mejor cara, una mejor perspectiva, quizá estamos tan habituadxs que damos otro valor, obvio que quien recién la descubre la encuentra de un modo y probablemente no le encuentre igual en una segunda oportunidad, porque segundas partes suelen no ser buenas, pero acá no. Puede ser una postura borgeana, celosa, que nadie más pueda verlo.

Hay tantos rincones para desparramarse, para construir clichés en compañía de un libro, cigarrillos, mate, audífonos, que las hojas del libro se llenen de tierra y el separador se manche de yerba. Entonces aparece una señora empujando el cochecito con su nena abordo y retando a su pibe: "¡Caminá adelante que no tengo ojos en el culo!".

Decides andar este lugar y hallas un lindo PH afuera de lo que fue un chino -mercado-; es una linda habitación ensamblada por objetos que la gente larga: un cómodo sillón, un marco que encuadra un fragmento de un graffiti, un pequeño tapete al costado de la cama, unos cuantos títulos sobre una mesa de periodico, techo de cartón y lona, y luz tenue alimentada del poste inmediato.

Personas interactuando en un recoveco lleno de pósters y cosas aparentemente inservibles estratégicamente colocadas, te acercas y son todxs intelectuales -igual con los niveles que uno maneja eso es bastante posible-, escuchan jazz, resuelven política que lxs políticxs no pueden o no quieren, y se reúnen a ver películas nada comerciales procedentes de cualquier parte y te enteras que existe una pieza inconclusa para piano mecánico.

Te alcanza el amanecer con algo de lluvia, llega tu café y ella mira a la calle como si eso apresurara el taxi; se desdobla el tiempo y son ya tres días sin dormir, el cuerpo protesta envolviéndote en un aroma a todos tus vicios, a todos tus miedos, a todo el alcohol, a todo el humo y todas las cenizas.

Una linda mente irrigada por un corazón podrido y esa escena donde él abre la puerta con más bronca que atención y ella todavía tira un último intento:
- Bueno, me voy.
- ¿Volvés?
Mira la hora en su teléfono y luego lo mira a él.
- ¿Querés que vuelva?
Y ahí le encendió el cerebro, la miró, la sujetó de la mano y le habla al oído.
- No quiero ni que te vayas.

Entonces es verdad que lo más trivial se vuelve fundamental, y yo traeré todos los narcisos o la flor que prefieras.

Somos uno de esos temas tan sin sentido, arrancamos de cualquier parte sin punto fijo, sin página ni capítulo.

martes, 5 de julio de 2016

El Club de la Línea

Comenzaron a organizar velorios como en Cochabamba. Ubicaban muertxs frescxs por quienes ni un alma aparecía, pasaban una iguala mensual a la morgue, en la madrugada sacaban los cuerpos, alguien de lxs integrantes del club de la Línea prestaba su casa, y a los dos días se hacía el velorio; invitaban y se entregaban sobres con guita que luego cada invitadx entregaba a lxs "familiares" que eran quienes ponían la casa para el evento.

El verdadero lavado no era lo que invertían ahí, era una especie de tanda.
Todo cubierto.

Los lunes y los viernes entre las 17 y las 18 era que abordaban ese colectivo y les llamaba la atención que aunque siempre iba lleno fuera un lugar tan sin vida.

La mayor manifestación de vida que en ocasiones encontraban en cualquier unidad era cuando el conductor dejaba pasar a alguna conocida sin cobrarle, le insistía que ocupara el primer asiento -el que está inmediato a la derecha del sujeto- y hacerse el lindo hasta que ella bajara; el resto eran personas dormidas realmente o en sus teléfonos. A veces también rostros laburando en cómo hablar con la linda chica, con el lindo chico; a veces también personas leyendo y unx que otrx pulgosx arrimando de frente o de reversa.

Alguna vez le plantearon al chofi si no le daba hueva tanta gente y tan poca vida, ¿te das cuenta? Suben tristes, molestxs, alegres, nerviosxs, asustadxs, ansiosxs, con sueño, mas no se sabe si aún con ellos. ¿Cómo cambiar semejante dinámica?

Las empresas pagan fortunas por bases de datos y unx tiene tantas posibilidades al alcance, pero prefiere continuar con cargas, aun si se arrepiente de haber asesinado, ya no puede cambiarlo; mientras no haya Ctrl + Z en la vida, no hay manera de cambiar decisiones o comentarios ejecutadxs.

El chofer estuvo de acuerdo en que era complicado, quizá como conducir carrosas.

- A vos que no te preocupe de dónde porque acá no lo haremos, pero necesitamos lavar dinero.
- Pero puedo tener problemas con la administración de la Línea.
- ¡No! Acá saldrá el medio, pero acá no verás esa plata, aunque tendrás tu "beca".

Y ahí cambió el rubro del servicio de colectivos, querían imitarlos. Dejaron de ofrecer el servicio y arrancaron a ofrecer la experiencia, la vivencia.

Se volvió en algo como el Fight Club: una enorme red conectada, personas y personas interactuando, desarrollando y compartiendo conocimientos por otros, una gran fiesta donde cada parada podía ser gente diferente. Ahora todo el día iba llena esa unidad, dejaban pasar hasta 10 unidades con tal de subir a esa.

Todo comenzó con selfies: se llenaba la unidad y ahí uno buscaba el ángulo, los otros -colocados a la mitad y al final del bus- se hacían los copados y agitaban al resto a acomodarse, a posar; después el fotógrafo pasaba una cuenta en facebook para que la gente se hallara y se autoetiquetaban. Como siempre se renovaban el movimiento no aflojaba y ahí comenzaron con otras cosas: contrataban tipos en moto que pasaban a un costado activando rifles con salvas y la gente se tiraba al piso, el claxon del colectivo eran los sonidos de un freno precipitado, golpes, alaridos y cristales en lluvia; todo lo documentaban y cada vez más gente sabía la dinámica.

En épocas de calor a ciertxs pasajerxs les entregaban pistolas para agua y arrancaba la guerra, durante el frío regalaban chocolate caliente, con la noche cada tanto salía esfera disco, siempre había música y hasta habilitaron espacio para música en vivo, poesía, clown y stand up. Al ser un secreto masivo infiltraban espionaje para anticipar inspectores de ruta aunque muchas veces ya eran parte.

miércoles, 22 de junio de 2016

No con nosotrxs

Va a quedar descubierta mi ventaja intelectual y es que acabo de resolver que algo se está haciendo mal en el lugar al que llamo: mi país.

Culturalmente presenta mucha oferta, está lleno de lugares preciosos, tiene un menú gastronómico vasto y sabroso (sin albur); también está lleno de gente a toda madre, gente que te hace paro... ¡bah! no es que sea cualidad exclusiva, pero unx habla de lo que y de quienes conoce. Sin embargo, y no es algo nuevo ni vinculado con mi reciente hallazgo con el que arranco este texto, toda esa gente chida es desunida e indiferente.

Hace ya un tiempito salí de mi país y he llegado a cruzar con personas que directamente preguntan si soy narco o maté a alguien... es una enorme mamada generalizar, pero también es lo que se ve con frecuencia.

Rius, seguramente respaldado por algo, y si no igual me agrada su hipótesis, plantea en su libro "2010 Ni independencia ni revolución" que somos un pueblo inconexo y jodido (del verbo estamos de la chingada) porque venimos arrastrando ese tema desde tiempos cuando lxs mexicas agandallaron el valle de México, empinaron raza que ahí radicaba y se agenciaron el territorio; después cuando "volvió" Quetzalcoatl, esa raza con rencor decidió que se lxs cargara el chorizo a lxs mexicas por ojetes y apoyaron a los barbados vende espejos.

Todo bien, todo mal, y no es que diga que lo que ocurre en otros lugares sea menor: atentados en París, masacres en EUA, crisis en Venezuela, conflictos en Siria, por mencionar algunos -y sigue sin ser parte del hallazgo cuya mención es con la que inicié el texto-, pero esos casos, al menos, nos ofenden terriblemente, pero no que se me considere narco por ser de donde soy.

La cultura que todavía tenemos la refundimos en un armario y pulimos y colocamos en vitrinas chingaderas como la "alterada" música banda y cuanto programa pedorro transmita la tv.

El cambio está en unx y sorprende que a esta altura siga el PRI obteniendo altos porcentajes de votantes; sorprende que haya personas que respalden ese raro proyecto mengeleano que mutila al pueblecillo de indias; personas con supuesta formación educativa y que eligen eso porque les dará de comer al menos 6 años.

Aquí viene un problema: educar. ¿Realmente estamos educando?
La RAE -y no con esto quiero decir que sea la verdad absoluta- define "educar" como el desarrollo y perfeccionamiento de las facultades intelectuales y morales del y de la niñx o del y de la joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos.

Entiendo que la juventud es una etapa posterior a la niñez, pero ¿hasta dónde se es joven?, porque si es un periodo breve entonces a partir de cierta edad ya no se puede educar.

La totalidad arroja un sistema educativo muy peculiar: una persona -basada en otra- se para frente a un grupo y le indica que no hay discusión ni cuestionamientos, si no coinciden, una persona no puede estar alejada de lo correcto, pero sí un grupo.

Niñxs de 5 años aprendiendo a persignarse cuando no entienden una chingada de eso y probablemente están extrañando su juguete favorito; niñxs que no obtienen las mejores notas en matemáticas o no distinguen colores y entonces hay que llevarlxs a clases de apoyo porque tienen problemas de aprendizaje, cuando existe la probabilidad de que los números les vengan guangos y los colores otro tanto: ¿que el pinche cielo no ha sido naranja?

Porque si no brillas en exactas estás bien puñetas y sirves para policía o albañil, porque policías y albañiles todxs están envergadxs, como mexicanxs somos todxs narcos; no existe la posibilidad que ambas sean actividades de tu agrado y les dediques y te apliques. Esas personas que no servimos para ingenierx o médicx no se nos orienta a hallar algo que nos apasione, en cambio nos hastían sin omitir el "tener y tener más" y es cualquiera.

Tres de las personas más inteligentes (a mi entender), interesantes, con mucha cultura y conocimiento (también a mi entender) que conozco no desarrollaron ni perfeccionaron esas facultades intelectuales y morales por medio del sistema educativo tradicional, lo mandaron a la mierda y leyeron lo que les llamó la atención; uno era plomero, otro era carpintero, otro es mecánico automotriz.

Los lugares preciosos se tiñen de sangre porque quizá en muchos casos ha habido vicios permitidos y de un día para otro quienes los permitieron los arrebatan y ahí se vuelve a manifestar la desunión: ¡que hagan lo que se les hinche con su pinche sistema, pero no con nosotrxs!

Toda esa gente de mierda que nos gobierna es resultado de ese sistema educativo que nunca repensamos y que ahora que lo tocan nos apura.

La mayoría de las cosas que más disfruta la gente no las descubrieron en ese sistema, las descubrieron curioseando como quien descubre a Sabines o acordes de Manzanero para tirarle verbo a la persona que le gusta.

Ahí mi hallazgo: no se nos educa para ser felices, para ser libres.

Según las últimas cifras estamos a 239 me gusta y 171 compartir para que haya conexión y el sistema, ya no tan solo educativo, repiense lo que le corresponde; mientras, modificando un poco el famoso rezo de las escondidas: #PrayForTodosMisAmigxsYporMi

lunes, 20 de junio de 2016

Por algo pasan las cosas

Complicado vivir desencontradxs.
Luce genial esa postal en la escalera de casa de tu familia,
ese hermoso mundo donde todxs sonríen,
donde lo ansiado se sujeta fuerte a un ramo de flores.

Está todo resuelto: a la mañana salís temprano,
yo un poco más tarde; no nos vemos.
Cuando te liberes de uno de tus trabajos,
saldrás corriendo hacia el otro; yo seguiré en el mío.
Seguimos sin vernos.
Por la noche llegaré cansado, vos estarás cansada;
cenaremos y caeremos unx a unx durante la película.
Mañana será parecido.

Quisiéramos hacer tantas otras cosas, pero no es posible;
vivimos tristemente sin tiempo, pero quién no lo aplaude,
quizá coincidamos en casa durante algún desayuno
y así afrontamos el vacío de escucharnos.

Es absurdo conformarse o querer conformarse
con la ambigua certeza de que por algo pasan las cosas
y mas cuando se quiere lo contrario
porque las personas no somos una línea de tiempo,
existimos a instantes, a detalles;
es decir, ¿recordás el primer beso?
Somos ese momento porque el resto no importó,
apartamos todo y así siempre, y así nunca.
No somos un diario armado el viernes
para leerse el sábado o el martes.

De lo que hablo y por lo que digo esto
es para que no consideres que todo indica que majestuosamente funcionamos
y ahora cargás un agridulce, casi amargo, hubiera.

En un momento, en un lugar ya nos encontramos
y fuimos y somos y seremos cada vez que lo pienses
y yo haga lo propio.

miércoles, 8 de junio de 2016

La historia del Mudo

Para el único amigo que cuando quiere jugar fut con la raza, está obligado a ir pedo.


Le llamaban "Mudo"porque el día que lo conocieron -que fue en una peda- el vato no habló hasta que se puso bien burro y soltó una frase bastante agresiva: estaba sentado, se levantaba y gritaba: "¡Cómo me ronca la verga!" y después se desparramaba de nuevo.

Era una calle de no más de 3 cuadras mayormente habitada por parejas de edad avanzada y ahí, en uno de los únicos dos departamentos de la calle, estaba instalado este grupo de amigos fiesteros y borrachos que algún vecino, en alguna ocasión contando sus aventuras de juventud, comentó que él los entendía y que o se les quería o se les odiaba mucho, que eran una horda increíblemente bien estructurada o un carnaval que nunca termina, pero quizá solo él los toleraba, el resto se manejaba entre quejas con la polícia o con quienes les alquilaban el departamento. El otro departamento estaba desocupado.

Para mediados del 2008 llegó a vivir el Mudo al departamento que estaba desocupado y junto al depa de los desmadrosos. A la semana de vivir ahí le hacen la invitación para pistear y él solo asintió con la chompa. Llegó con un 24, saludó de mano y sin hablar, agarró silla y se dedicó a inflar; así fue gradualmente descomponiéndose hasta que comenzó a coquetear a miradas con una chica que llegó ya entrada la madrugada. La chica, ya en confianza, invitaba al Mudo a bailar: "¡Sobres Mudo, vamos a bailar!", pero este we solo la miraba. En un momento ella le pide a uno de los inquilinos que le preste la habitación para cambiarse de blusa porque se tenía que ir a otra fiesta y la que llevaba puesta ya apestaba a cenicero. La morra se dirigió al cuarto, pero no se dio cuenta que el Mudo se fue detrás de ella; en esos chingados instantes que alguien dice una pendejada o se avienta una frase matona, es cuando la música se detiene y todos escuchan, tal cual pinche Chavo del 8; acá cuando cesó la música de pronto se escuchó esta breve conversación.

- ¿Por qué andas en trusa Mudo?
- ¡La traigo bien parada!

Ahí continuó la música, pero supieron que el Mudo no era mudo.

La creencia general sobre las únicas gracias del Mudo era que solo pisteaba como campeón, cocinaba muy chingón y era bien pambolero; si bien desconocían su pasado y en la actualidad era sabido que en la espalda, en lugar del apellido, debía traer un letrero que dijera: "¡Precaución! Doble semi remolque", se le reconocía que a la pelota le pegaba con un tubo.

Por terrible que sea nuestra pericia con el juego, todos tenemos una anécdota panadera; algunos tienen historias muy riatas, relatos de un show del Du Soleil que jamás volvió a verse, regresos de antología, trifulcas por severos guadañazos o miradas feitas, por una metida de ahogador que obvio el rival no tiene cara para decirle al árbitro que Fulano le embocó el dedo en el sin esquinas, así que a la primera que le sea posible le tatúa el codo en la cara y se pudre todo.

Un cuadro sagrado de esta pasión es el vato contando bañado y la flota pegándole con Tokio a las de vidrio, aunque hoy es más común la presentación en lata, no sé si porque algún virus sustentable se apoderó de nosotros los feligreses de la bironga, nos gusta pegarle a la mamada o qué chingados, pero es así; el caso es que estás inflando -a veces con una carnucha- y empieza el cotorreo de cuando fuimos Maradona (Messi para los nacidos del 94 para acá).

El Mudo no se mamaba con sus vivencias, hasta eso solo compartía que hubo un tiempo en que no tenía la cangurera tan desarrollada y se movía más que los trafitambos, por lo cual uno a huevo dice: "lo voy a invitar al pinche Mudo a ver si muy riata".

Les metimos todo la chaira con un pinche juegazo del Mudo.

Esta vida y sus misterios, aunque creo que la mayoría tiene respuesta y comúnmente muy pendeja. Este señor no era visor ni una chingada solo le gustaba ver futbol; tan no tenía ni madre que hacer que los domingos se iba desde las 7:30 al Uro y se pasaba todo el pinche día ahí viendo cuantos partidos pudiera.

Nos tenía observados porque después de lo ocurrido ese día con el Mudo, se acercó a ofrecernos un patrocinio -que en realidad consistía en 4kg de carne y 4 coquenas de 2 lts x partido- para los uniformes y comenzó a seguirnos obviamente por interés.

Los 3 partidos posteriores el Mudo a uno no fue y los otros dos dio tristeza, y el ñor se acercaba y le preguntaba que qué le pasaba, pero el Mudo solo encogía los hombros diciéndole que no sabía qué chingados pasaba. Al cuarto partido volvió a jugar de la chingada y entonces el ruco se acercó a preguntarme qué mierda pasaba con el Mudo, porque además de que ya estaba poniendo el patrocinio, nos pegaban una chinga sabrosa por juego.

- ¿Qué le pasa a ese muchacho?
- ¿A quién?
- Al central de ustedes.
- ¿Por?
- Hace unas semanas me sorprendió un jugador como él en su equipo. ¡Le ganaron al líder!
- ¡Ah, sí! Dio un juegazo.
- ¡Claro! Pero estos 4 últimos a uno no vino y los otros jugó de la chingada.
- El primero estaba de viaje, por eso no vino.
- ¿Y los otros?
- El segundo estaba enfermo del estómago, el tercero de la garganta y pues anoche estuvo estudiando, de hecho no iba a venir.
- Pero si estuvo tan enfermo ¿por qué vino?
- Yo no dije "tan enfermo".
- Entonces por qué le afectó tanto.
- La enfermedad no.
- ¿Entonces?
- El pedo es que no podía pistear.
- ¿Eh?
_______________________________________________________________________

Arrancamos tempra la peda, tipo 17 horas y ahí le dije a este we: "Mañana jugamos a las 8 ¿quieres jugar?", y el vato bien verga me dice: "A huevo! De hecho viene un primo que la arma chingos."

Realmente jugábamos por juntar a la bandita a hacer algo más que engrosársela a lxs vecinxs. Nunca sabremos si el orden de los factores alteró el producto porque capaz que si al Mudo lo cotorreábamos primero por el fucho, el vato no se juntara a inflar, o capaz que sería tajante y nos diría que no mamáramos y lo invitáramos a pistear y no a actividades que a estas alturas y en nuestras condiciones solo expongan nuestra integridad física.

Avanzaba la reunión y veíamos cómo se iba destruyendo el Mudo. Llegó el momento que descartamos su participación por su evidente estado etílico -condición tan perceptible en todo ser humano cuando el rostro se configura lo más parecido posible al del superhéroe cuya poder radica en el consumo de espinacas; así es, ya cuando pones cara de Popeye es muy probable que andes hasta el tronco-; para quienes no ubiquen al personaje o no encuentren relación, cara de Popeye es cuando ya para decir cualquier cosa, reírse o esforzarse por disimular la peda y hacer creer que estamos atentos a lo que se conversa, tenemos un ojo cerrado -y no es albur- y miramos de ladito. Desglosando un toque más estas cualidades borrachas, la cara la podemos reforzar con un andar de caballito de Antonio Aguilar y entonces sí ya estamos en víspera de que nos cargue el big chóstomo; se puede acompañar con hipo, pláticas repetititvas, prender los cigarros por el filtro, y un chingo más de cosas, pero no estamos con distintivos de un 25, sino con que todo nos gritaba que el Mudo, en cualquier instante, nos mandaba al chori.

A las 6am el we le dio fondo a una lata que no hacía ni 3 minutos que había arribado a sus manos, todavía se zumbó las babitas con cheve que a huevo quedan en el pico de la lata, se levantó de la silla, se golpeó en el pecho para ayudar al pequeño gran eructo a nacer, se sacó la truca de entre las nancys, y cuando todos esperaban su tradicional frase, dijo: "Bueno, deja me cambio y nos vamos a la verga".

Para las 7am ya todos muy bien uniformados y este vato con otra cheve, dudábamos de siquiera llevarlo. Llegamos a la pinche cancha con 15 minutos para trotar un poco; cuando el árbitro pitó para que nos acomodáramos y arranquemos, éramos 6 -jugábamos fut 7- y el arquero venía corriendo, es decir, a huevo iba a jugar el pinche Mudo porque no nos completábamos; no era por ojetes o desconfianza con este we en la cancha y su primo, pero el muy zángano ya estaba más allá de la cara de Popeye, parecía pinche cuadro de Picasso.

Para terminar de embarrarla, el equipo era garantía de triunfo para cualquier rival y encima era contra el líder del torneo que puto equipo eran puros morros de no más de 18 años, lo que quiere decir que pueden llegar pedos, en vivo, deslechados, y van a correr igual.

- ¡Voy de central!- dijo el Mudo. - Mi primo en la nos hace... ¡hip!... paro - ¡Uta! ¡Ahora cuidar que este nalga no se vomite!
El Ahijado al arco, Coyote por izquierda, Mudo de central, Twinky por derecha, Carnie medio por derecha, Primo medio por izquierda, y yo estorbando arriba.

martes, 22 de marzo de 2016

En el año del mono

La encontró sentada llorando en Paseo La Victoria, su mano izquierda cubría gran parte de su rostro, el codo de ese brazo se apoyaba contra sus rodillas, sus pies encarados a distancia y en su mano derecha un cigarrillo a medias -en realidad ya era más ceniza que amenazaba con desparramarse en el concreto-, su cabello parecía un diagrama de todas las líneas del subte y la tarde estaba fría.

Siempre pensó que esos guantes cortados de las puntas nada cubrían, pero ella los usaba igual; el cuello de la campera delataba los impulsos de ella por teñirse, unas botas enormes que sin duda le dificultaban avanzar y parecía que lo hacía en cámara lenta o como en simulacro lunar.

Se acercó lleno de nervios y le ofreció su pañuelo antes de preguntar qué le pasaba, y después supo que lo mejor fue no preguntar porque seguramente lo habría exhortado a visitar a la autora de sus días, pero de manera poco cortés.

- Ten - le dijo poniendo el pañuelo frente a ella.
- ¿Ten? - preguntó levantando apenas la mirada sin alterar el resto.
- Sí, el pañuelo. Bueno, capaz te sirve.
- Je, je. Gracias. Dios te lo multiplique - tomó el pañuelo y tratando de no hacer evidente la sonada de mocos.
- No, por nada.

Ella volvió a clavar la mirada.

- Mira que no creo en Dios, pero que él te lo multiplique.

Él luchaba por controlarse, por no quedarse congelado.

- ¿Vos en qué creés? - preguntó ella.
- ¿Eh? - continuaba sin ideas.
- Todos y todas creemos en algo - comentó ella ya sin llanto. - Yo creo en el horóscopo chino.
- Yo creo en Dios - por fin habló. - ¿Qué signo eres?
- Dragón ¿Vos?
- No sé. Ni siquiera conozco los signos.
- ¡Uhhh! ¡Deberías!
- ¿Tú crees?
- ¡Claro!
- ¿Por?
- Porque así no me cortarías la conversación.
- ¡Ah...! Pe... ro... - volvieron los nervios.
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Tu cara!
- Je, je, je - ahora no comprendía.
- Gracias por el pañuelo - se lo devolvió y agregó con sarcasmo - "¡Ten!".
- Quédatelo.
- Bueno. Me voy. ¡Chau! - se levantó, encendió otro cigarrillo y caminó.

El tipo se quedó inmóvil pensando en que ahora tenía un pañuelo menos y molesto por no hablar. Pensaba y pensaba, tanto que cuando se decidió a seguirla, ella ya se había perdido entre tanta gente.
____________________________________________________________________

El colectivo no venía lleno, pero tampoco tenía lugares disponibles. Él iba sentado justo tras la puerta de en medio con los audífonos puestos cuando subió una chica que comenzó a repartir tarjetas con Piolines y Silvestres abrazados dando frases de amor o de amistad por un lado y por el otro lado el lenguaje de señas para sordx-mudxs y el mensaje: "Soy sorda-muda. Tu ayuda puede cambiar mi vida." Sacó una birome de su bolsillo, escribió en la tarjeta y la devolvió sin dinero y con un mensaje visible.
Ella tomó la tarjeta y bajó del colectivo, entonces leyó el mensaje: "¡Qué pena lo que te pasó! Me debes un pañuelo.", volteó a buscarlo, pero ya había avanzado el transporte.
____________________________________________________________________

Son tantas las cosas que uno da por sentadas, que ocurren como tienen que ocurrir, cuando tienen que ocurrir, y si bien pueden representar gratos recuerdos, se les valora distinto o el valor que se les tiene, se empolva y nos sorprenden menos aunque sean eternas sorpresas porque siempre están expuestas a factores distintos a los presentes cuando se les descubrió.

Así llegó arrastrando sus pasos por sobre Defensa un fresco domingo de principios de abril con 20 grados y un fuerte viento; se detuvo en el final de San Lorenzo a escuchar una batucada y se maravilló no de ella, sino de pensar la cantidad de personas que cada semana descubrían esto que tantas veces había escuchado, personas que se dejaban guiar por esta danza urbana.

Encendió un cigarrillo, le dio dos pitadas seguidas y arrojó el humo. Estaba por dar la tercer pitada y le pareció reconocerla entre lxs danzantes, pero entre tanto movimiento, la perdió.
Ella sí lo ubicó. Se desplazó por entre la gente y notó que él guardaba unas llaves en el bolsillo de su campera; lo rodeó, le sacó las llaves, le dejó un papelito y se marchó.
Él se cayó un poco por haberla perdido. Continuó caminando hasta San Juan tratando de encontrarla, pero nada; fue hasta que llegó a la entrada del edificio donde vivía que buscó las llaves y solo estaba el papel: "Tengo tus llaves. Tienes mi número.", y el número. El tipo esbozó una sonrisa, pero prefirió inventarle al encargado del edificio que dejó las llaves en lo de un amigo y así entró.

O no eran las llaves de casa o la estrategia del papel en el bolsillo no funcionó. Sumada a esa frustrada estrategia, un telegrama en el trabajo, de esos tan recurrentes con los nuevos gobiernos llenos de viejas prácticas de dictaduras, y ante esa angustia se refugió en la primer proyección que halló en el Gaumont.
Habían pasado 36 minutos de inexplicable película -película que deseas sea demasiada elevada intelectualmente para no sentir que son los peores ocho pesos invertidos en tu vida- y le llegó un mensaje el cual toda la sala supo y leyó mientras le obsequiaban un lindo "¡shhh!": "¿También te desocuparon?", decía.

El número no lo conocía por lo que replanteó la eficacia del papelito. Volteó anhelando por un momento la facultad de ver en la oscuridad que tienen los felinos, pero no lo vio.

- "Hay que luchar" - leyó a la par de un nuevo "¡shhh!".

Llamó al número queriendo delatar al remitente, pero evidentemente hay personas que respetan esas sencillas peticiones de las salas de cine. No tuvo mas que responder.

- Sí ¿A vos también?

Ya no le respondió.

No logró quedarse hasta el final de la película y fue a sentarse en una banca de Congreso. Comenzaba a oscurecer y el otoño en su esplendor. Encendió un pucho y justo entró otro mensaje: "Hace días que no logro entrar a casa, además con este fresco vivo mormado y no tengo pañuelo que auxilie."
Mientras elaboraba su respuesta se le acercó una persona.

- ¿Tenés fuego?

Ella, sin dejar de mirar el teléfono, respondió que sí y alzó el encendedor. Terminó de redactar y envió.

- Ten. Gracias.

El "ten" sacudió sus recuerdos y camino a levantar la cara sonó un teléfono al que evidentemente le había llegado un mensaje. Por fin se enderezó ella.

- Soy rata. Conversemos.