Un mundo a escala,
un territorio postrado
a las ideas de sus habitantes
y al tamaño de sus sensaciones.
Una zona industrial, un taller
poblado de grandes muros y
metales que regulan y propician
alternativas a quienes migran hasta sus puertas.
Zona de trabajo, zona viva todo el día
y en movimiento hasta el tiempo que se establece;
quienes le ignoran, lo miran con temor,
pero saben de su importancia.
Lugares llenos de experiencia,
lugares que rigen y observan,
lugares que asilan situaciones recorridas
y que valoran un trayecto más adecuado.
Se trata de edificios en boga y
otros un tanto obsoletos;
lugares en un pasao muy recurrentes,
hoy desplazados e impidiendo ser debastados,
sujetados a breves muestras de reinvención.
La región que se mira con respeto,
como esencia de una actualidad;
el vestigio de un oficio en los pasillos
de un ajado templo.
Los centros más demandados
y de contadas actividades,
cuyo encanto envuelve y expone la realidad.
Y los rincones de los que hace alarde,
de los que se desconoce todo aspecto
y se les mira con aventura; porque aunque
de momento represente el atrevimiento de
unos cuantos, es una intriga general
no permicible por mucho más.
El mundo no difiere tanto de aquella escala,
es un territorio postrado a las ideas
de sus habitantes, pero sus sensaciones
son abrumadas por sus ambiciones.
Existen zonas industriales, de trabajo,
pausadas por el descanso; observadas
con importancia y en muchos casos,
con anhelo.
Lugares colmados de experiencia,
plenos en tradición y en vanguardia;
lugares de respeto, vestigios de un origen;
lugares concurridos y de un encanto preciso;
lugares por descubrir, lugares por conquistar,
lugares por disfrutar.
Un escenario de caprichos, de deseos;
un mundo a escala que esbozaba
una armonía realmente palpable.
gatts
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