martes, 11 de octubre de 2011

Apuntes de un día lluvioso I

El éxito desde una perspectiva colectiva,
quizá no siempre implica una armonía
con la plenitud personal.

Es común saber de hechos indiferentes
para su autor, ovacionados por todo un entorno.

La gente que pinta un sueño, que canta un sentimiento,
que relata una idea, que proyecta una conjetura,
por asombroso que resulte, al final del día
sale a relucir su mortalidad, su jornada desintegrándose
en la acidez de lo onírico; sus experiencias huéspedes
de veloces trayectos que parten de expansiones
y contracciones y un temblor o un espasmo los digiere;
los mejores versos que se agitan con el júbilo de descubrirlos
y que se consumen entre puntos suspensivos
o en la inminente soledad que otorga la espera.

Algo reconocido, algo laureado, algo aplaudido,
será siempre la virtud de un observador, porque
expone y simplifica lo cotidiano, que tal vez
en algún intento de desmenuzar, no comulgue
el deseo con la habilidad, y entonces intervengan
esos tejidos y contrapuntos que abarcan una por una
las cavidades del ser hasta su ebullición, su incontenible
implosión que disipa los medios hasta algo magnífico,
tangible y no, que cada receptor sabrá abordar.

Al final es la vida misma en su expresión más simple,
dando oportunidades y reconocimientos, donde
no es dar por culminado lo que corresponde,
pero si un espacio para disfrutar.




gatts

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Argumento

Hay tantas cosas que no puedo tildar de malas,
sino que ambos carecemos de algo que nos aleja
y aleja una posible armonía.

Así, bajo ese régimen,
desfilaron un montón de acciones
que bien pude dedicar
el resto de mis días, a ignorar.

Cantos y bailes, letras e imágenes,
absurdos, que uno perfectamente cuestiona,
hasta que un día, sumergida en la despreocupación,
apareces tú, cantando, bailando, apareces.

Entonces canto porque tú cantas,
bailo porque tú bailas,
y escucho y veo porque ya tú,
en escena, lo justificas todo.

Es esa la interpretación de las cosas
que nunca nadie se ocupa de ofrecer;
ahora todo lo miro distinto,
porque ya tengo un argumento.




gatts

Al pie de la Sierra Madre

No es turístico, hay un bar,
es tranquilo, es pequeño,
no tiene comida típica,
no hay alguna ansiada festividad.

Qué lugar tan tedioso,
qué tiempo tan insoportable,
perorata, monólogo necio
de un invidente aferrado a algo que no tiene.

Jamás me atrevería a invitar gente,
quizá porque sé de antemano el rechazo;
y que quién querría nublar su cabeza
con un gris escenario, inerte, inexplicable.

Pero para entender sugerencias,
es necesario sugerir perspectivas;
la pulcritud y amabilidad de este pueblo
no es posible en todos lados.

Llego y la comida me sabe distinta,
comida tan común en nuestro territorio
pero tan propia de nuestra patria primera,
el sabor de comer en casa.

Aire parecido o que quiere ser de costa,
pero no hay costa que envolver,
costa que revelar, sólo tu leve mar verde
que vigila algunos de tus horizontes.

Tu arquitectura es ideal,
no vendrán a hacer catálogos con tu cara,
pero enmarca grandes romances,
el azar de encuentros perfectos.

Tu arquitectura, que es tu cara,
enamora, inspira y se basta a si misma,
ahí andarán cantándole a preciosas miradas
que aquí fueron posibles.

Tu mirada de flambroyanes y jacarandas,
tus pasos que dibujan veredas,
siempre magníficas y que se expresan distinto
porque ya tienen algo que decir,
aún antes de existir.

Tan sublimes pensamientos,
tan trascendentales conjeturas,
con mirarte como me es posible,
el mundo entendería, viviría ávido de ti;
de la música no propuesta,
de la comida no inventada,
de la bebida y los aromas semejantes,
pero tan distintos.




gatts

miércoles, 31 de agosto de 2011

Ahora que te pienso

Ahora que te pienso,
enumero nuestros recuerdos,
encuentros precisos y relevantes,
unos más intensos, pero todos
parte de la misma antología.

Con una imagen robada de terceras vitrinas,
con una sórdida confidencia
producto de nada y que nuestras miradas
pactaron esquivando a la gente.

Tu sangre viajaba con prisa
quizá manipulada, quizá ávida
de gritar una inminente verdad
que comenzaba a fraguarse.

Tu presencia entre destellos de eventualidades,
entre un instinto alertando al otro,
y mi urgente boca corriendo torpe
al encuentro de la tuya.

La noche serena permitiendo
la pasarela de una luna completa,
ambas testigos de una confusión desbocada
a los brazos de un callado deseo,
apenas rescatando lo que el viento
le permitía descubrir a un tenue manto
que en cuya danza, la escasa luz se filtraba
para detallar tu vientre, desvaneciéndose
en tu tibio paraíso, fundido en la entrega
y dando brillo a los ojos.

Convertidos en la ardiente necesidad uno del otro,
el recinto de nuestro magnífico entendimiento,
no daba espacio a los discursos,
sólo autorizaba los labios en su mejor imagen:
presionados contra otros, y las paredes
fueron conservando los suspiros
que avivaban sus matices, y el sudor
que hacía posible la frescura y provocaba las ganas
de sólo reincidir.

Qué lindo sería poder escuchar a la memoria
y no limitarla a imágenes; aunque debo confesar
que le agradezco me permita evocar el momento
cuando tus ojos partían, y el momento
cuando temblamos para hacer a un lado los besos,
unir nuestros fatigados rostros, y estrechar
nuestros exaltados pechos.




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Las cosas no simplemente llegan

Las cosas no simplemente llegan,
digo esto no en alusión a objetos,
como pasan a ser parte de los elementos
que figuran en la estantería de nuestra intimidad,
como pasan a reforzar el inventario de nuestras
conjeturas y recursos para actuar.

Cada sueño alimentado dispone de una voluntad
que un día de pronto se activa,
voluntad que se entiende con el entorno y sus participantes,
trayendo la versión real de lo pensado.

Andar por senderos, memorizar calles y barrios,
respirar parques, disfrutar puentes cuando está todo puesto,
tiempos y personas, y resulta ser tal cual
alguna vez comenzó la curiosidad.

Las recomendaciones no tienen un tope,
la salud, la integridad, la música, la lectura,
el cine, y tantos temas mencionables,
cada uno tiene su delegación.

Por mucho acudí a lo que un historiador define
como la multitud desmultiplicada en la soledad
de una pareja, más guardando respeto a exponentes,
hasta hace muy poco disfruté como ahora
creo que se debe, con el aporte y rectificación
de no ser un género sino una variante
como estandarte de un lugar que tiene la facultad
de materializar mi imaginación.

Errante y proyectando débiles empresas
escuché discursos dentro de los cuales
uno sólo me habló de pasiones, y cuando
con orgullo y cierta arrogancia creí
que portar ese mensaje me abría puertas,
ignoré que quizá se trataba de la convicción desbordante
que delataba a mi semblante y a mis palabras.

En ocasiones camino oscilando entre pensamientos
y verdades que azotan en mi frente;
pensamientos que intentan tejer
trascendentales posturas, y verdades que no se permiten
callar los lamentos de las aceras ni los murmullos
del viento que puntual reporta la felicidad de un universo
y la tragedia de otro, ambos inmiscuidos en lo cotidiano.

Cada vez que me esfuerzo por encontrarle
un sentido a lo que ocurre, el momento, su duración
y lo que interviene, destapo una caja de incógnitas
que van llevando a otras pasadas o a algunas
que pudieron derivarse.

Voy resolviendo el camino
nutriendo una carga que dicta el origen y los destinos;
una vida tan fortuita como expuesta a desalientos,
cruzándome con viejos relatos de otros cielos
y las nubes terminan dibujando
los mejores fragmentos de lo que mi corazón atesora.




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Paste inside

El semblante final puede ser un cuadro
con brillos y sombras sigilosamente colocado
indicando un prometedor inicio
o el borde de un suceso.

Las necesidades ponen al alcance las herramientas,
todas y dejando a nuestro criterio
y experiencias, ponderar las más útiles.

Surgen los trazos siendo tiempo
de nuevos enfoques, de reestructuración,
tiempo de nuevas funciones, de nuevos deseos,
de nuevas expectativas.

Puntuales van apareciendo las opiniones,
las que dictan los aciertos, las que resaltan
las fallas o las que portan mejores caminos.

Y habrá multitudes que disfruten
lo que perciben porque hallan lo que buscan
o algo semejante y adoptan con grata sorpresa.

Y habrá uno o unos cuantos
que se percaten de todo ese amasijo,
de ese cúmulo de vida volcado hacia un submundo
que existe detrás de un perímetro y se encarna
y se expande en un pasado, en un bagaje,
y se le da turno de espera, por necesidad de abrir paso
a lo implacable, rezagando el ímpetu y la pasión.




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La brisa

Tu color de azúcar, de arena
bajo la sombra de un árbol,
de un árbol donde hojas y aves
platican del rumor de tu paso.

Quienes observan quizá noten las mismas cosas:
desde la altura, tu mirada
que con la certeza de su dulzura y plenitud
recorre al mundo porque cree y lo halla distinto.

Avanzas imperdible, estas presente
mucho menos de lo deseable,
pero mucho más de lo que a tantos
les lleva una vida precisar, así de natural.

Eres un poema que mis ojos recitan de memoria
por tanto que les insiste el corazón a escucharlo,
y por tanto que las manos
ansían aprender.

Ahora tal vez duermas en la brisa
que a tu figura distingue y seguro a tus sueños también,
resolviendo al menos ahí, la vida
como creo que te ocupas.

Tal vez también a lo lejos,
alertes una voz solitaria
que sin lograr entender sus palabras
te lleve a poner tus manos y alcanzar la brisa.

Y ese sentir se multiplique,
la brisa poco a poco se aleje,
despiertes y atiendas, avances y entonces
se crucen nuestros pasos.




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