jueves, 1 de diciembre de 2011

Sin pistas, sin instrucciones

Te he pensado hoy más que otras noches, que otras mañanas;
has dejado de ser recuerdo de un recuerdo;
todo visto desde este rincón
no parece tan caótico, tan gris.

Parpadean las ventanas,
entra el viento a gritar,
a delatar la fiesta del tiempo,
la danza de los árboles
y los coros del suelo y de algunos.

El frío todo lo registra,
esta tira de pensamientos
queda en precisos tramos,
piezas únicas de lo que disfruto ver,
y partes vitales de lo que quiero decir.

Modelo sin guion, sin pistas, sin instrucciones;
te vas formando de mí, de mis deseos;
estoy formado de ti, de tu voz, de tu respiración,
de tus ojos, de tus manos.

Nos volvemos a encontrar sin guion,
sin pistas, sin instrucciones, para irme formando de ti,
de tus deseos, y saber que estás formada de mí, de mi voz,
de mi respiración, de mis ojos, de mis manos.




gatts

A la víspera del día

A veces a media madrugada,
tras varios giros, despierto
pensando que quiero estar frente a ti.

Me levanto y ando de un lado a otro,
convencido que debo partir,
a decirte todo, a guardarme nada.

Todas las calles van hacia donde estás,
y es mejor correr hasta allá,
porque tal vez sea más rápido,
porque es más propio de esta ardiente ilusión.

Así, a la víspera del día,
al final no habrá más que decir,
vas a mirarme sonriendo, contenta de que esté ahí;
voy a mirarte sonriendo, contento de saber
que estabas a punto de salir.




gatts

viernes, 11 de noviembre de 2011

Acerca de ti

Parece algo tan trillado,
encontrarte en cada una de las cosas
que puedo decir que me gustan.

Pensar que cada buena noticia
me suena a ti; cada delicia que pruebe
o que aspire, ofrezca cierta esencia tuya.

Tu sola presencia, de cuatro caracteres,
palabra suficiente que lo llena todo,
aspecto y filosofía.

Esa implosión que ocurre siempre que apareces,
seguida de esa torpeza de no saber cómo actuar,
qué decir, grato, pleno.

Y me estremezco , quedo ahí detenido y eterno,
tratando de comandar esta sinfonía de emociones,
porque ya sólo hay un pensamiento.

Encuentro que cada sentido necesita gritar lo que entiende,
y tal vez nadie más quiera notarlo, o tal vez
sólo yo me aproxime a su verdadera intención,
majestuoso recital de suspiros y gestos.

En algún momento de la mañana
me despierta el mismo grito que atrasó mi sueño,
atiendo a la ventana y miro al parque de junto;
el mundo conversa, ola multicolor
tejida de jóvenes libélulas que cubren por donde pasan,
veta alegre tan parecida a ti.




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martes, 11 de octubre de 2011

Apuntes de un día lluvioso II

Cuando se sugiere hablar de lo que fue,
es un barato truco por engañar,
una farsa motivada por instantes,
sabiendo de puntos que no piensan, pero sienten.

Hablar de lo que fue, es hablar de lo que es,
épocas transitadas que se cree que eran mejores
y que ya fueron, pero se evocan con citarlas,
y si fueron distintas, es porque entonces convergieron
argumentos y razón para atenderlas.

Vamos complicándolo todo,
justificando en compromisos y responsabilidades,
cuando lo que deba ser, será y fluirá,
y nuestro único compromiso
y nuestra única responsabilidad es ser feliz,
ya no como estado de ánimo ni sentimiento,
sino sencillamente como piel, como tarjeta de presentación,
como líneas de colores que van dibujando nuestro andar,
nuestras palabras, nuestros actos.

El mundo es sencillo, aún expuesto a las elucubraciones
de individuos que saben tomar ventaja: la intensidad de un llano,
del tiempo y sucesos detonados hacia una sola mancha
resguardada por una red eléctrica que disuelve
el entorno y su postura para enfocarlo todo a una burbuja
que impera y de la que se está pendiente.

El mundo es cielo y ambiente, luz;
miras y entonces el cielo es como debe iniciar siempre,
ríes y se regulan tiempo y aire, cálidos y fríos,
amarillo cabello que hace visible lo necesario y se pierde
en un manto azul acechado por la ausencia infinita.

Entonces eras la de antes, precisa y vasta,
de un sólo gesto, de una sola palabra;
entonces eres la de hoy, porque acudes,
vives prendida a ese espléndido recoveco
vestigio de algo no mejor, sino de algo posible,
mientras corre luz inundando el mundo como es
y como debe seguir.




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Apuntes de un día lluvioso I

El éxito desde una perspectiva colectiva,
quizá no siempre implica una armonía
con la plenitud personal.

Es común saber de hechos indiferentes
para su autor, ovacionados por todo un entorno.

La gente que pinta un sueño, que canta un sentimiento,
que relata una idea, que proyecta una conjetura,
por asombroso que resulte, al final del día
sale a relucir su mortalidad, su jornada desintegrándose
en la acidez de lo onírico; sus experiencias huéspedes
de veloces trayectos que parten de expansiones
y contracciones y un temblor o un espasmo los digiere;
los mejores versos que se agitan con el júbilo de descubrirlos
y que se consumen entre puntos suspensivos
o en la inminente soledad que otorga la espera.

Algo reconocido, algo laureado, algo aplaudido,
será siempre la virtud de un observador, porque
expone y simplifica lo cotidiano, que tal vez
en algún intento de desmenuzar, no comulgue
el deseo con la habilidad, y entonces intervengan
esos tejidos y contrapuntos que abarcan una por una
las cavidades del ser hasta su ebullición, su incontenible
implosión que disipa los medios hasta algo magnífico,
tangible y no, que cada receptor sabrá abordar.

Al final es la vida misma en su expresión más simple,
dando oportunidades y reconocimientos, donde
no es dar por culminado lo que corresponde,
pero si un espacio para disfrutar.




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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Argumento

Hay tantas cosas que no puedo tildar de malas,
sino que ambos carecemos de algo que nos aleja
y aleja una posible armonía.

Así, bajo ese régimen,
desfilaron un montón de acciones
que bien pude dedicar
el resto de mis días, a ignorar.

Cantos y bailes, letras e imágenes,
absurdos, que uno perfectamente cuestiona,
hasta que un día, sumergida en la despreocupación,
apareces tú, cantando, bailando, apareces.

Entonces canto porque tú cantas,
bailo porque tú bailas,
y escucho y veo porque ya tú,
en escena, lo justificas todo.

Es esa la interpretación de las cosas
que nunca nadie se ocupa de ofrecer;
ahora todo lo miro distinto,
porque ya tengo un argumento.




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Al pie de la Sierra Madre

No es turístico, hay un bar,
es tranquilo, es pequeño,
no tiene comida típica,
no hay alguna ansiada festividad.

Qué lugar tan tedioso,
qué tiempo tan insoportable,
perorata, monólogo necio
de un invidente aferrado a algo que no tiene.

Jamás me atrevería a invitar gente,
quizá porque sé de antemano el rechazo;
y que quién querría nublar su cabeza
con un gris escenario, inerte, inexplicable.

Pero para entender sugerencias,
es necesario sugerir perspectivas;
la pulcritud y amabilidad de este pueblo
no es posible en todos lados.

Llego y la comida me sabe distinta,
comida tan común en nuestro territorio
pero tan propia de nuestra patria primera,
el sabor de comer en casa.

Aire parecido o que quiere ser de costa,
pero no hay costa que envolver,
costa que revelar, sólo tu leve mar verde
que vigila algunos de tus horizontes.

Tu arquitectura es ideal,
no vendrán a hacer catálogos con tu cara,
pero enmarca grandes romances,
el azar de encuentros perfectos.

Tu arquitectura, que es tu cara,
enamora, inspira y se basta a si misma,
ahí andarán cantándole a preciosas miradas
que aquí fueron posibles.

Tu mirada de flambroyanes y jacarandas,
tus pasos que dibujan veredas,
siempre magníficas y que se expresan distinto
porque ya tienen algo que decir,
aún antes de existir.

Tan sublimes pensamientos,
tan trascendentales conjeturas,
con mirarte como me es posible,
el mundo entendería, viviría ávido de ti;
de la música no propuesta,
de la comida no inventada,
de la bebida y los aromas semejantes,
pero tan distintos.




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