Complicado vivir desencontradxs.
Luce genial esa postal en la escalera de casa de tu familia,
ese hermoso mundo donde todxs sonríen,
donde lo ansiado se sujeta fuerte a un ramo de flores.
Está todo resuelto: a la mañana salís temprano,
yo un poco más tarde; no nos vemos.
Cuando te liberes de uno de tus trabajos,
saldrás corriendo hacia el otro; yo seguiré en el mío.
Seguimos sin vernos.
Por la noche llegaré cansado, vos estarás cansada;
cenaremos y caeremos unx a unx durante la película.
Mañana será parecido.
Quisiéramos hacer tantas otras cosas, pero no es posible;
vivimos tristemente sin tiempo, pero quién no lo aplaude,
quizá coincidamos en casa durante algún desayuno
y así afrontamos el vacío de escucharnos.
Es absurdo conformarse o querer conformarse
con la ambigua certeza de que por algo pasan las cosas
y mas cuando se quiere lo contrario
porque las personas no somos una línea de tiempo,
existimos a instantes, a detalles;
es decir, ¿recordás el primer beso?
Somos ese momento porque el resto no importó,
apartamos todo y así siempre, y así nunca.
No somos un diario armado el viernes
para leerse el sábado o el martes.
De lo que hablo y por lo que digo esto
es para que no consideres que todo indica que majestuosamente funcionamos
y ahora cargás un agridulce, casi amargo, hubiera.
En un momento, en un lugar ya nos encontramos
y fuimos y somos y seremos cada vez que lo pienses
y yo haga lo propio.
lunes, 20 de junio de 2016
miércoles, 8 de junio de 2016
La historia del Mudo
Para el único amigo que cuando quiere jugar fut con la raza, está obligado a ir pedo.
Le llamaban "Mudo"porque el día que lo conocieron -que fue en una peda- el vato no habló hasta que se puso bien burro y soltó una frase bastante agresiva: estaba sentado, se levantaba y gritaba: "¡Cómo me ronca la verga!" y después se desparramaba de nuevo.
Era una calle de no más de 3 cuadras mayormente habitada por parejas de edad avanzada y ahí, en uno de los únicos dos departamentos de la calle, estaba instalado este grupo de amigos fiesteros y borrachos que algún vecino, en alguna ocasión contando sus aventuras de juventud, comentó que él los entendía y que o se les quería o se les odiaba mucho, que eran una horda increíblemente bien estructurada o un carnaval que nunca termina, pero quizá solo él los toleraba, el resto se manejaba entre quejas con la polícia o con quienes les alquilaban el departamento. El otro departamento estaba desocupado.
Para mediados del 2008 llegó a vivir el Mudo al departamento que estaba desocupado y junto al depa de los desmadrosos. A la semana de vivir ahí le hacen la invitación para pistear y él solo asintió con la chompa. Llegó con un 24, saludó de mano y sin hablar, agarró silla y se dedicó a inflar; así fue gradualmente descomponiéndose hasta que comenzó a coquetear a miradas con una chica que llegó ya entrada la madrugada. La chica, ya en confianza, invitaba al Mudo a bailar: "¡Sobres Mudo, vamos a bailar!", pero este we solo la miraba. En un momento ella le pide a uno de los inquilinos que le preste la habitación para cambiarse de blusa porque se tenía que ir a otra fiesta y la que llevaba puesta ya apestaba a cenicero. La morra se dirigió al cuarto, pero no se dio cuenta que el Mudo se fue detrás de ella; en esos chingados instantes que alguien dice una pendejada o se avienta una frase matona, es cuando la música se detiene y todos escuchan, tal cual pinche Chavo del 8; acá cuando cesó la música de pronto se escuchó esta breve conversación.
- ¿Por qué andas en trusa Mudo?
- ¡La traigo bien parada!
Ahí continuó la música, pero supieron que el Mudo no era mudo.
La creencia general sobre las únicas gracias del Mudo era que solo pisteaba como campeón, cocinaba muy chingón y era bien pambolero; si bien desconocían su pasado y en la actualidad era sabido que en la espalda, en lugar del apellido, debía traer un letrero que dijera: "¡Precaución! Doble semi remolque", se le reconocía que a la pelota le pegaba con un tubo.
Por terrible que sea nuestra pericia con el juego, todos tenemos una anécdota panadera; algunos tienen historias muy riatas, relatos de un show del Du Soleil que jamás volvió a verse, regresos de antología, trifulcas por severos guadañazos o miradas feitas, por una metida de ahogador que obvio el rival no tiene cara para decirle al árbitro que Fulano le embocó el dedo en el sin esquinas, así que a la primera que le sea posible le tatúa el codo en la cara y se pudre todo.
Un cuadro sagrado de esta pasión es el vato contando bañado y la flota pegándole con Tokio a las de vidrio, aunque hoy es más común la presentación en lata, no sé si porque algún virus sustentable se apoderó de nosotros los feligreses de la bironga, nos gusta pegarle a la mamada o qué chingados, pero es así; el caso es que estás inflando -a veces con una carnucha- y empieza el cotorreo de cuando fuimos Maradona (Messi para los nacidos del 94 para acá).
El Mudo no se mamaba con sus vivencias, hasta eso solo compartía que hubo un tiempo en que no tenía la cangurera tan desarrollada y se movía más que los trafitambos, por lo cual uno a huevo dice: "lo voy a invitar al pinche Mudo a ver si muy riata".
Les metimos todo la chaira con un pinche juegazo del Mudo.
Esta vida y sus misterios, aunque creo que la mayoría tiene respuesta y comúnmente muy pendeja. Este señor no era visor ni una chingada solo le gustaba ver futbol; tan no tenía ni madre que hacer que los domingos se iba desde las 7:30 al Uro y se pasaba todo el pinche día ahí viendo cuantos partidos pudiera.
Nos tenía observados porque después de lo ocurrido ese día con el Mudo, se acercó a ofrecernos un patrocinio -que en realidad consistía en 4kg de carne y 4 coquenas de 2 lts x partido- para los uniformes y comenzó a seguirnos obviamente por interés.
Los 3 partidos posteriores el Mudo a uno no fue y los otros dos dio tristeza, y el ñor se acercaba y le preguntaba que qué le pasaba, pero el Mudo solo encogía los hombros diciéndole que no sabía qué chingados pasaba. Al cuarto partido volvió a jugar de la chingada y entonces el ruco se acercó a preguntarme qué mierda pasaba con el Mudo, porque además de que ya estaba poniendo el patrocinio, nos pegaban una chinga sabrosa por juego.
- ¿Qué le pasa a ese muchacho?
- ¿A quién?
- Al central de ustedes.
- ¿Por?
- Hace unas semanas me sorprendió un jugador como él en su equipo. ¡Le ganaron al líder!
- ¡Ah, sí! Dio un juegazo.
- ¡Claro! Pero estos 4 últimos a uno no vino y los otros jugó de la chingada.
- El primero estaba de viaje, por eso no vino.
- ¿Y los otros?
- El segundo estaba enfermo del estómago, el tercero de la garganta y pues anoche estuvo estudiando, de hecho no iba a venir.
- Pero si estuvo tan enfermo ¿por qué vino?
- Yo no dije "tan enfermo".
- Entonces por qué le afectó tanto.
- La enfermedad no.
- ¿Entonces?
- El pedo es que no podía pistear.
- ¿Eh?
_______________________________________________________________________
Arrancamos tempra la peda, tipo 17 horas y ahí le dije a este we: "Mañana jugamos a las 8 ¿quieres jugar?", y el vato bien verga me dice: "A huevo! De hecho viene un primo que la arma chingos."
Realmente jugábamos por juntar a la bandita a hacer algo más que engrosársela a lxs vecinxs. Nunca sabremos si el orden de los factores alteró el producto porque capaz que si al Mudo lo cotorreábamos primero por el fucho, el vato no se juntara a inflar, o capaz que sería tajante y nos diría que no mamáramos y lo invitáramos a pistear y no a actividades que a estas alturas y en nuestras condiciones solo expongan nuestra integridad física.
Avanzaba la reunión y veíamos cómo se iba destruyendo el Mudo. Llegó el momento que descartamos su participación por su evidente estado etílico -condición tan perceptible en todo ser humano cuando el rostro se configura lo más parecido posible al del superhéroe cuya poder radica en el consumo de espinacas; así es, ya cuando pones cara de Popeye es muy probable que andes hasta el tronco-; para quienes no ubiquen al personaje o no encuentren relación, cara de Popeye es cuando ya para decir cualquier cosa, reírse o esforzarse por disimular la peda y hacer creer que estamos atentos a lo que se conversa, tenemos un ojo cerrado -y no es albur- y miramos de ladito. Desglosando un toque más estas cualidades borrachas, la cara la podemos reforzar con un andar de caballito de Antonio Aguilar y entonces sí ya estamos en víspera de que nos cargue el big chóstomo; se puede acompañar con hipo, pláticas repetititvas, prender los cigarros por el filtro, y un chingo más de cosas, pero no estamos con distintivos de un 25, sino con que todo nos gritaba que el Mudo, en cualquier instante, nos mandaba al chori.
A las 6am el we le dio fondo a una lata que no hacía ni 3 minutos que había arribado a sus manos, todavía se zumbó las babitas con cheve que a huevo quedan en el pico de la lata, se levantó de la silla, se golpeó en el pecho para ayudar al pequeño gran eructo a nacer, se sacó la truca de entre las nancys, y cuando todos esperaban su tradicional frase, dijo: "Bueno, deja me cambio y nos vamos a la verga".
Para las 7am ya todos muy bien uniformados y este vato con otra cheve, dudábamos de siquiera llevarlo. Llegamos a la pinche cancha con 15 minutos para trotar un poco; cuando el árbitro pitó para que nos acomodáramos y arranquemos, éramos 6 -jugábamos fut 7- y el arquero venía corriendo, es decir, a huevo iba a jugar el pinche Mudo porque no nos completábamos; no era por ojetes o desconfianza con este we en la cancha y su primo, pero el muy zángano ya estaba más allá de la cara de Popeye, parecía pinche cuadro de Picasso.
Para terminar de embarrarla, el equipo era garantía de triunfo para cualquier rival y encima era contra el líder del torneo que puto equipo eran puros morros de no más de 18 años, lo que quiere decir que pueden llegar pedos, en vivo, deslechados, y van a correr igual.
- ¡Voy de central!- dijo el Mudo. - Mi primo en la nos hace... ¡hip!... paro - ¡Uta! ¡Ahora cuidar que este nalga no se vomite!
El Ahijado al arco, Coyote por izquierda, Mudo de central, Twinky por derecha, Carnie medio por derecha, Primo medio por izquierda, y yo estorbando arriba.
Le llamaban "Mudo"porque el día que lo conocieron -que fue en una peda- el vato no habló hasta que se puso bien burro y soltó una frase bastante agresiva: estaba sentado, se levantaba y gritaba: "¡Cómo me ronca la verga!" y después se desparramaba de nuevo.
Era una calle de no más de 3 cuadras mayormente habitada por parejas de edad avanzada y ahí, en uno de los únicos dos departamentos de la calle, estaba instalado este grupo de amigos fiesteros y borrachos que algún vecino, en alguna ocasión contando sus aventuras de juventud, comentó que él los entendía y que o se les quería o se les odiaba mucho, que eran una horda increíblemente bien estructurada o un carnaval que nunca termina, pero quizá solo él los toleraba, el resto se manejaba entre quejas con la polícia o con quienes les alquilaban el departamento. El otro departamento estaba desocupado.
Para mediados del 2008 llegó a vivir el Mudo al departamento que estaba desocupado y junto al depa de los desmadrosos. A la semana de vivir ahí le hacen la invitación para pistear y él solo asintió con la chompa. Llegó con un 24, saludó de mano y sin hablar, agarró silla y se dedicó a inflar; así fue gradualmente descomponiéndose hasta que comenzó a coquetear a miradas con una chica que llegó ya entrada la madrugada. La chica, ya en confianza, invitaba al Mudo a bailar: "¡Sobres Mudo, vamos a bailar!", pero este we solo la miraba. En un momento ella le pide a uno de los inquilinos que le preste la habitación para cambiarse de blusa porque se tenía que ir a otra fiesta y la que llevaba puesta ya apestaba a cenicero. La morra se dirigió al cuarto, pero no se dio cuenta que el Mudo se fue detrás de ella; en esos chingados instantes que alguien dice una pendejada o se avienta una frase matona, es cuando la música se detiene y todos escuchan, tal cual pinche Chavo del 8; acá cuando cesó la música de pronto se escuchó esta breve conversación.
- ¿Por qué andas en trusa Mudo?
- ¡La traigo bien parada!
Ahí continuó la música, pero supieron que el Mudo no era mudo.
La creencia general sobre las únicas gracias del Mudo era que solo pisteaba como campeón, cocinaba muy chingón y era bien pambolero; si bien desconocían su pasado y en la actualidad era sabido que en la espalda, en lugar del apellido, debía traer un letrero que dijera: "¡Precaución! Doble semi remolque", se le reconocía que a la pelota le pegaba con un tubo.
Por terrible que sea nuestra pericia con el juego, todos tenemos una anécdota panadera; algunos tienen historias muy riatas, relatos de un show del Du Soleil que jamás volvió a verse, regresos de antología, trifulcas por severos guadañazos o miradas feitas, por una metida de ahogador que obvio el rival no tiene cara para decirle al árbitro que Fulano le embocó el dedo en el sin esquinas, así que a la primera que le sea posible le tatúa el codo en la cara y se pudre todo.
Un cuadro sagrado de esta pasión es el vato contando bañado y la flota pegándole con Tokio a las de vidrio, aunque hoy es más común la presentación en lata, no sé si porque algún virus sustentable se apoderó de nosotros los feligreses de la bironga, nos gusta pegarle a la mamada o qué chingados, pero es así; el caso es que estás inflando -a veces con una carnucha- y empieza el cotorreo de cuando fuimos Maradona (Messi para los nacidos del 94 para acá).
El Mudo no se mamaba con sus vivencias, hasta eso solo compartía que hubo un tiempo en que no tenía la cangurera tan desarrollada y se movía más que los trafitambos, por lo cual uno a huevo dice: "lo voy a invitar al pinche Mudo a ver si muy riata".
Les metimos todo la chaira con un pinche juegazo del Mudo.
Esta vida y sus misterios, aunque creo que la mayoría tiene respuesta y comúnmente muy pendeja. Este señor no era visor ni una chingada solo le gustaba ver futbol; tan no tenía ni madre que hacer que los domingos se iba desde las 7:30 al Uro y se pasaba todo el pinche día ahí viendo cuantos partidos pudiera.
Nos tenía observados porque después de lo ocurrido ese día con el Mudo, se acercó a ofrecernos un patrocinio -que en realidad consistía en 4kg de carne y 4 coquenas de 2 lts x partido- para los uniformes y comenzó a seguirnos obviamente por interés.
Los 3 partidos posteriores el Mudo a uno no fue y los otros dos dio tristeza, y el ñor se acercaba y le preguntaba que qué le pasaba, pero el Mudo solo encogía los hombros diciéndole que no sabía qué chingados pasaba. Al cuarto partido volvió a jugar de la chingada y entonces el ruco se acercó a preguntarme qué mierda pasaba con el Mudo, porque además de que ya estaba poniendo el patrocinio, nos pegaban una chinga sabrosa por juego.
- ¿Qué le pasa a ese muchacho?
- ¿A quién?
- Al central de ustedes.
- ¿Por?
- Hace unas semanas me sorprendió un jugador como él en su equipo. ¡Le ganaron al líder!
- ¡Ah, sí! Dio un juegazo.
- ¡Claro! Pero estos 4 últimos a uno no vino y los otros jugó de la chingada.
- El primero estaba de viaje, por eso no vino.
- ¿Y los otros?
- El segundo estaba enfermo del estómago, el tercero de la garganta y pues anoche estuvo estudiando, de hecho no iba a venir.
- Pero si estuvo tan enfermo ¿por qué vino?
- Yo no dije "tan enfermo".
- Entonces por qué le afectó tanto.
- La enfermedad no.
- ¿Entonces?
- El pedo es que no podía pistear.
- ¿Eh?
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Arrancamos tempra la peda, tipo 17 horas y ahí le dije a este we: "Mañana jugamos a las 8 ¿quieres jugar?", y el vato bien verga me dice: "A huevo! De hecho viene un primo que la arma chingos."
Realmente jugábamos por juntar a la bandita a hacer algo más que engrosársela a lxs vecinxs. Nunca sabremos si el orden de los factores alteró el producto porque capaz que si al Mudo lo cotorreábamos primero por el fucho, el vato no se juntara a inflar, o capaz que sería tajante y nos diría que no mamáramos y lo invitáramos a pistear y no a actividades que a estas alturas y en nuestras condiciones solo expongan nuestra integridad física.
Avanzaba la reunión y veíamos cómo se iba destruyendo el Mudo. Llegó el momento que descartamos su participación por su evidente estado etílico -condición tan perceptible en todo ser humano cuando el rostro se configura lo más parecido posible al del superhéroe cuya poder radica en el consumo de espinacas; así es, ya cuando pones cara de Popeye es muy probable que andes hasta el tronco-; para quienes no ubiquen al personaje o no encuentren relación, cara de Popeye es cuando ya para decir cualquier cosa, reírse o esforzarse por disimular la peda y hacer creer que estamos atentos a lo que se conversa, tenemos un ojo cerrado -y no es albur- y miramos de ladito. Desglosando un toque más estas cualidades borrachas, la cara la podemos reforzar con un andar de caballito de Antonio Aguilar y entonces sí ya estamos en víspera de que nos cargue el big chóstomo; se puede acompañar con hipo, pláticas repetititvas, prender los cigarros por el filtro, y un chingo más de cosas, pero no estamos con distintivos de un 25, sino con que todo nos gritaba que el Mudo, en cualquier instante, nos mandaba al chori.
A las 6am el we le dio fondo a una lata que no hacía ni 3 minutos que había arribado a sus manos, todavía se zumbó las babitas con cheve que a huevo quedan en el pico de la lata, se levantó de la silla, se golpeó en el pecho para ayudar al pequeño gran eructo a nacer, se sacó la truca de entre las nancys, y cuando todos esperaban su tradicional frase, dijo: "Bueno, deja me cambio y nos vamos a la verga".
Para las 7am ya todos muy bien uniformados y este vato con otra cheve, dudábamos de siquiera llevarlo. Llegamos a la pinche cancha con 15 minutos para trotar un poco; cuando el árbitro pitó para que nos acomodáramos y arranquemos, éramos 6 -jugábamos fut 7- y el arquero venía corriendo, es decir, a huevo iba a jugar el pinche Mudo porque no nos completábamos; no era por ojetes o desconfianza con este we en la cancha y su primo, pero el muy zángano ya estaba más allá de la cara de Popeye, parecía pinche cuadro de Picasso.
Para terminar de embarrarla, el equipo era garantía de triunfo para cualquier rival y encima era contra el líder del torneo que puto equipo eran puros morros de no más de 18 años, lo que quiere decir que pueden llegar pedos, en vivo, deslechados, y van a correr igual.
- ¡Voy de central!- dijo el Mudo. - Mi primo en la nos hace... ¡hip!... paro - ¡Uta! ¡Ahora cuidar que este nalga no se vomite!
El Ahijado al arco, Coyote por izquierda, Mudo de central, Twinky por derecha, Carnie medio por derecha, Primo medio por izquierda, y yo estorbando arriba.
martes, 22 de marzo de 2016
En el año del mono
La encontró sentada llorando en Paseo La Victoria, su mano izquierda cubría gran parte de su rostro, el codo de ese brazo se apoyaba contra sus rodillas, sus pies encarados a distancia y en su mano derecha un cigarrillo a medias -en realidad ya era más ceniza que amenazaba con desparramarse en el concreto-, su cabello parecía un diagrama de todas las líneas del subte y la tarde estaba fría.
Siempre pensó que esos guantes cortados de las puntas nada cubrían, pero ella los usaba igual; el cuello de la campera delataba los impulsos de ella por teñirse, unas botas enormes que sin duda le dificultaban avanzar y parecía que lo hacía en cámara lenta o como en simulacro lunar.
Se acercó lleno de nervios y le ofreció su pañuelo antes de preguntar qué le pasaba, y después supo que lo mejor fue no preguntar porque seguramente lo habría exhortado a visitar a la autora de sus días, pero de manera poco cortés.
- Ten - le dijo poniendo el pañuelo frente a ella.
- ¿Ten? - preguntó levantando apenas la mirada sin alterar el resto.
- Sí, el pañuelo. Bueno, capaz te sirve.
- Je, je. Gracias. Dios te lo multiplique - tomó el pañuelo y tratando de no hacer evidente la sonada de mocos.
- No, por nada.
Ella volvió a clavar la mirada.
- Mira que no creo en Dios, pero que él te lo multiplique.
Él luchaba por controlarse, por no quedarse congelado.
- ¿Vos en qué creés? - preguntó ella.
- ¿Eh? - continuaba sin ideas.
- Todos y todas creemos en algo - comentó ella ya sin llanto. - Yo creo en el horóscopo chino.
- Yo creo en Dios - por fin habló. - ¿Qué signo eres?
- Dragón ¿Vos?
- No sé. Ni siquiera conozco los signos.
- ¡Uhhh! ¡Deberías!
- ¿Tú crees?
- ¡Claro!
- ¿Por?
- Porque así no me cortarías la conversación.
- ¡Ah...! Pe... ro... - volvieron los nervios.
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Tu cara!
- Je, je, je - ahora no comprendía.
- Gracias por el pañuelo - se lo devolvió y agregó con sarcasmo - "¡Ten!".
- Quédatelo.
- Bueno. Me voy. ¡Chau! - se levantó, encendió otro cigarrillo y caminó.
El tipo se quedó inmóvil pensando en que ahora tenía un pañuelo menos y molesto por no hablar. Pensaba y pensaba, tanto que cuando se decidió a seguirla, ella ya se había perdido entre tanta gente.
____________________________________________________________________
El colectivo no venía lleno, pero tampoco tenía lugares disponibles. Él iba sentado justo tras la puerta de en medio con los audífonos puestos cuando subió una chica que comenzó a repartir tarjetas con Piolines y Silvestres abrazados dando frases de amor o de amistad por un lado y por el otro lado el lenguaje de señas para sordx-mudxs y el mensaje: "Soy sorda-muda. Tu ayuda puede cambiar mi vida." Sacó una birome de su bolsillo, escribió en la tarjeta y la devolvió sin dinero y con un mensaje visible.
Ella tomó la tarjeta y bajó del colectivo, entonces leyó el mensaje: "¡Qué pena lo que te pasó! Me debes un pañuelo.", volteó a buscarlo, pero ya había avanzado el transporte.
____________________________________________________________________
Son tantas las cosas que uno da por sentadas, que ocurren como tienen que ocurrir, cuando tienen que ocurrir, y si bien pueden representar gratos recuerdos, se les valora distinto o el valor que se les tiene, se empolva y nos sorprenden menos aunque sean eternas sorpresas porque siempre están expuestas a factores distintos a los presentes cuando se les descubrió.
Así llegó arrastrando sus pasos por sobre Defensa un fresco domingo de principios de abril con 20 grados y un fuerte viento; se detuvo en el final de San Lorenzo a escuchar una batucada y se maravilló no de ella, sino de pensar la cantidad de personas que cada semana descubrían esto que tantas veces había escuchado, personas que se dejaban guiar por esta danza urbana.
Encendió un cigarrillo, le dio dos pitadas seguidas y arrojó el humo. Estaba por dar la tercer pitada y le pareció reconocerla entre lxs danzantes, pero entre tanto movimiento, la perdió.
Ella sí lo ubicó. Se desplazó por entre la gente y notó que él guardaba unas llaves en el bolsillo de su campera; lo rodeó, le sacó las llaves, le dejó un papelito y se marchó.
Él se cayó un poco por haberla perdido. Continuó caminando hasta San Juan tratando de encontrarla, pero nada; fue hasta que llegó a la entrada del edificio donde vivía que buscó las llaves y solo estaba el papel: "Tengo tus llaves. Tienes mi número.", y el número. El tipo esbozó una sonrisa, pero prefirió inventarle al encargado del edificio que dejó las llaves en lo de un amigo y así entró.
O no eran las llaves de casa o la estrategia del papel en el bolsillo no funcionó. Sumada a esa frustrada estrategia, un telegrama en el trabajo, de esos tan recurrentes con los nuevos gobiernos llenos de viejas prácticas de dictaduras, y ante esa angustia se refugió en la primer proyección que halló en el Gaumont.
Habían pasado 36 minutos de inexplicable película -película que deseas sea demasiada elevada intelectualmente para no sentir que son los peores ocho pesos invertidos en tu vida- y le llegó un mensaje el cual toda la sala supo y leyó mientras le obsequiaban un lindo "¡shhh!": "¿También te desocuparon?", decía.
El número no lo conocía por lo que replanteó la eficacia del papelito. Volteó anhelando por un momento la facultad de ver en la oscuridad que tienen los felinos, pero no lo vio.
- "Hay que luchar" - leyó a la par de un nuevo "¡shhh!".
Llamó al número queriendo delatar al remitente, pero evidentemente hay personas que respetan esas sencillas peticiones de las salas de cine. No tuvo mas que responder.
- Sí ¿A vos también?
Ya no le respondió.
No logró quedarse hasta el final de la película y fue a sentarse en una banca de Congreso. Comenzaba a oscurecer y el otoño en su esplendor. Encendió un pucho y justo entró otro mensaje: "Hace días que no logro entrar a casa, además con este fresco vivo mormado y no tengo pañuelo que auxilie."
Mientras elaboraba su respuesta se le acercó una persona.
- ¿Tenés fuego?
Ella, sin dejar de mirar el teléfono, respondió que sí y alzó el encendedor. Terminó de redactar y envió.
- Ten. Gracias.
El "ten" sacudió sus recuerdos y camino a levantar la cara sonó un teléfono al que evidentemente le había llegado un mensaje. Por fin se enderezó ella.
- Soy rata. Conversemos.
Siempre pensó que esos guantes cortados de las puntas nada cubrían, pero ella los usaba igual; el cuello de la campera delataba los impulsos de ella por teñirse, unas botas enormes que sin duda le dificultaban avanzar y parecía que lo hacía en cámara lenta o como en simulacro lunar.
Se acercó lleno de nervios y le ofreció su pañuelo antes de preguntar qué le pasaba, y después supo que lo mejor fue no preguntar porque seguramente lo habría exhortado a visitar a la autora de sus días, pero de manera poco cortés.
- Ten - le dijo poniendo el pañuelo frente a ella.
- ¿Ten? - preguntó levantando apenas la mirada sin alterar el resto.
- Sí, el pañuelo. Bueno, capaz te sirve.
- Je, je. Gracias. Dios te lo multiplique - tomó el pañuelo y tratando de no hacer evidente la sonada de mocos.
- No, por nada.
Ella volvió a clavar la mirada.
- Mira que no creo en Dios, pero que él te lo multiplique.
Él luchaba por controlarse, por no quedarse congelado.
- ¿Vos en qué creés? - preguntó ella.
- ¿Eh? - continuaba sin ideas.
- Todos y todas creemos en algo - comentó ella ya sin llanto. - Yo creo en el horóscopo chino.
- Yo creo en Dios - por fin habló. - ¿Qué signo eres?
- Dragón ¿Vos?
- No sé. Ni siquiera conozco los signos.
- ¡Uhhh! ¡Deberías!
- ¿Tú crees?
- ¡Claro!
- ¿Por?
- Porque así no me cortarías la conversación.
- ¡Ah...! Pe... ro... - volvieron los nervios.
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Tu cara!
- Je, je, je - ahora no comprendía.
- Gracias por el pañuelo - se lo devolvió y agregó con sarcasmo - "¡Ten!".
- Quédatelo.
- Bueno. Me voy. ¡Chau! - se levantó, encendió otro cigarrillo y caminó.
El tipo se quedó inmóvil pensando en que ahora tenía un pañuelo menos y molesto por no hablar. Pensaba y pensaba, tanto que cuando se decidió a seguirla, ella ya se había perdido entre tanta gente.
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El colectivo no venía lleno, pero tampoco tenía lugares disponibles. Él iba sentado justo tras la puerta de en medio con los audífonos puestos cuando subió una chica que comenzó a repartir tarjetas con Piolines y Silvestres abrazados dando frases de amor o de amistad por un lado y por el otro lado el lenguaje de señas para sordx-mudxs y el mensaje: "Soy sorda-muda. Tu ayuda puede cambiar mi vida." Sacó una birome de su bolsillo, escribió en la tarjeta y la devolvió sin dinero y con un mensaje visible.
Ella tomó la tarjeta y bajó del colectivo, entonces leyó el mensaje: "¡Qué pena lo que te pasó! Me debes un pañuelo.", volteó a buscarlo, pero ya había avanzado el transporte.
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Son tantas las cosas que uno da por sentadas, que ocurren como tienen que ocurrir, cuando tienen que ocurrir, y si bien pueden representar gratos recuerdos, se les valora distinto o el valor que se les tiene, se empolva y nos sorprenden menos aunque sean eternas sorpresas porque siempre están expuestas a factores distintos a los presentes cuando se les descubrió.
Así llegó arrastrando sus pasos por sobre Defensa un fresco domingo de principios de abril con 20 grados y un fuerte viento; se detuvo en el final de San Lorenzo a escuchar una batucada y se maravilló no de ella, sino de pensar la cantidad de personas que cada semana descubrían esto que tantas veces había escuchado, personas que se dejaban guiar por esta danza urbana.
Encendió un cigarrillo, le dio dos pitadas seguidas y arrojó el humo. Estaba por dar la tercer pitada y le pareció reconocerla entre lxs danzantes, pero entre tanto movimiento, la perdió.
Ella sí lo ubicó. Se desplazó por entre la gente y notó que él guardaba unas llaves en el bolsillo de su campera; lo rodeó, le sacó las llaves, le dejó un papelito y se marchó.
Él se cayó un poco por haberla perdido. Continuó caminando hasta San Juan tratando de encontrarla, pero nada; fue hasta que llegó a la entrada del edificio donde vivía que buscó las llaves y solo estaba el papel: "Tengo tus llaves. Tienes mi número.", y el número. El tipo esbozó una sonrisa, pero prefirió inventarle al encargado del edificio que dejó las llaves en lo de un amigo y así entró.
O no eran las llaves de casa o la estrategia del papel en el bolsillo no funcionó. Sumada a esa frustrada estrategia, un telegrama en el trabajo, de esos tan recurrentes con los nuevos gobiernos llenos de viejas prácticas de dictaduras, y ante esa angustia se refugió en la primer proyección que halló en el Gaumont.
Habían pasado 36 minutos de inexplicable película -película que deseas sea demasiada elevada intelectualmente para no sentir que son los peores ocho pesos invertidos en tu vida- y le llegó un mensaje el cual toda la sala supo y leyó mientras le obsequiaban un lindo "¡shhh!": "¿También te desocuparon?", decía.
El número no lo conocía por lo que replanteó la eficacia del papelito. Volteó anhelando por un momento la facultad de ver en la oscuridad que tienen los felinos, pero no lo vio.
- "Hay que luchar" - leyó a la par de un nuevo "¡shhh!".
Llamó al número queriendo delatar al remitente, pero evidentemente hay personas que respetan esas sencillas peticiones de las salas de cine. No tuvo mas que responder.
- Sí ¿A vos también?
Ya no le respondió.
No logró quedarse hasta el final de la película y fue a sentarse en una banca de Congreso. Comenzaba a oscurecer y el otoño en su esplendor. Encendió un pucho y justo entró otro mensaje: "Hace días que no logro entrar a casa, además con este fresco vivo mormado y no tengo pañuelo que auxilie."
Mientras elaboraba su respuesta se le acercó una persona.
- ¿Tenés fuego?
Ella, sin dejar de mirar el teléfono, respondió que sí y alzó el encendedor. Terminó de redactar y envió.
- Ten. Gracias.
El "ten" sacudió sus recuerdos y camino a levantar la cara sonó un teléfono al que evidentemente le había llegado un mensaje. Por fin se enderezó ella.
- Soy rata. Conversemos.
Le p'tit jardin
(Léase escuchando la canción que aparece abajo)
Con ese temor de tan solo haberlo soñado se levantó y se dirigió a la cocina. Ahí estaba ella viendo por la ventana, sujetando una taza; volteó, sonrió mientras bebía un poco; colocó la taza en la mesa y fue a abrazarlo.
- Buenos días - dijo él sujetándola.
- Buenos días - dijo ella recostando su cabeza en el pecho de él. - ¿Pan o medias lunas?
Con ese temor de tan solo haberlo soñado se levantó y se dirigió a la cocina. Ahí estaba ella viendo por la ventana, sujetando una taza; volteó, sonrió mientras bebía un poco; colocó la taza en la mesa y fue a abrazarlo.
- Buenos días - dijo él sujetándola.
- Buenos días - dijo ella recostando su cabeza en el pecho de él. - ¿Pan o medias lunas?
jueves, 17 de marzo de 2016
El amor verdadero
Para Mateo y Daniel.
Dijo un amigo: el amor verdadero.
A esta altura o quizá a ninguna podría considerar que soy un entendido y definir el amor verdadero.
Que es ciego, que es lo primero que piensas y también lo último, ¡bah! montones de cosas por amor.
En otra época habría hecho comparaciones con el de Romeo y Julieta, el de Bonnie y Clyde, el de Alice y Noah, el de Sarah y Johnathan, pero ninguno se parece.
No estoy seguro de recordar, le tiran carro al Pollo Tobías, le agradecen a Panchillo Cervantes.
En la tele miraba todo juego que pasaban; sin preguntarme, sin analizar, ya me caía mal el América por comprar árbitros, y no puedo comprobarlo.
Habré faltado a muchos, pero quiero presumir que no, que cada 15 días durante 8 años -con los insoportables recesos de siempre- fui al Marte R. Gómez a ver a mi amado Naranja contra quien fuera.
Muchas dificultades el primer año en ese mundo nuevo que todos añoramos conquistar: trapeados en casa y de visita.
Efímera experiencia.
Se compró una franquicia y vamos de nuevo.
No recuerdo el orden en que ocurrieron.
Los hostiles domingos a mediodía en Ciudad Victoria, con una afición muy castrosa que cada gol a favor lo festejaban arrojando agua. Quiero creer que era agua.
Domingos de 40 grados o más porque la cancha era regada temprano.
Bajo esas circunstancias cayó el temible Atlante, 2 a 1; aplastamos al todo poderoso América, 5 a 1 y tenía miedo que nos fueran a alcanzar o, peor, que estuviera soñando. Pusimos a temblar al Puebla de Arabena y Poblete, 3 a 1 en la ida de los Cuartos de Final; le ganamos un juego decisivo a Rayados, 1 a 0 y los regios que hicieron el viaje no entendían cómo no teníamos tablero electrónico en alguna de las cabeceras.
De visita un recordado 5 a 5 en el Estadio Tamaulipas, pero gestamos la paternidad sobre los jaibos, porque lxs tenemos de hijxs y es, aunque costumbre, el triunfo más hermoso, porque han estado en el Olimpo futbolero de México, pero lxs tenemos de hijxs y vivirán así por un tiempo más, con ese dolor aunque quieran vender otra cosa.
Somos un equipo del ascenso, llevamos ahí más de 20 años.
Tampoco puedo comprobar que haya ocurrido, pero de otro modo no se entiende esa Final perdida contra Tigres, nos vendimos. Después creo que otra vez contra León.
Y si son ciertas, son traiciones terribles, dolores irreversibles.
Un domingo 1 de junio de 1997 lloré por primera y única ocasión hasta hoy por un equipo de futbol. También creo que por eso odio a los Tigres.
Buenas temporadas en el ascenso y caer una y otra vez.
Estoy a más de 8 mil km del cruce de las calles Alberto Carrera Torres y Mier y Terán, pero no me olvido.
A veces uno externa simpatía por otros colores por sentirse parte de ese universo de primera, pero no se puede arrancar algo que va en la piel y en la sangre; de club no se cambia jamás por pequeño que sea, aunque seamos del ascenso.
No sé si a mi pareja le perdonaría esas traiciones; a veces te odio y no quiero verte más, pero poco me dura ese berrinche porque junto a ti me enamoré de este bello deporte, y me duele que te hagan algo, y soy el más feliz cuando logras algo.
Junto a ti es cuando más auténtico he sido, y sentí miedo, coraje, nervios, tristeza, felicidad, y algunxs lo entenderán.
No vengan y me digan que es un simple juego, que no es para tanto, porque ¡chingado! ¡no entienden nada!
Me pides que crea y me desgarro la garganta gritando tus triunfos, y siento un pinche vacío enorme cuando nos va mal, y no duermo esperando tu suerte, dejo de comer, me da por beber.
Ahí contigo es el modo de vida, sin prejuicios, abrazando y saltando con un perfecto extraño; cantando y alzando a la chica de junto, de quien tal vez no conozca ni medio minuto, pero la veo los domingos profesando el mismo inexplicable amor y eso nos une.
Todo te perdono. Te pienso al despertar y rezo por ti antes de dormir.
Por si alguien me pregunta, tu nombre, Correcaminos, es la mejor manera de definir el amor verdadero.
Dijo un amigo: el amor verdadero.
A esta altura o quizá a ninguna podría considerar que soy un entendido y definir el amor verdadero.
Que es ciego, que es lo primero que piensas y también lo último, ¡bah! montones de cosas por amor.
En otra época habría hecho comparaciones con el de Romeo y Julieta, el de Bonnie y Clyde, el de Alice y Noah, el de Sarah y Johnathan, pero ninguno se parece.
No estoy seguro de recordar, le tiran carro al Pollo Tobías, le agradecen a Panchillo Cervantes.
En la tele miraba todo juego que pasaban; sin preguntarme, sin analizar, ya me caía mal el América por comprar árbitros, y no puedo comprobarlo.
Habré faltado a muchos, pero quiero presumir que no, que cada 15 días durante 8 años -con los insoportables recesos de siempre- fui al Marte R. Gómez a ver a mi amado Naranja contra quien fuera.
Muchas dificultades el primer año en ese mundo nuevo que todos añoramos conquistar: trapeados en casa y de visita.
Efímera experiencia.
Se compró una franquicia y vamos de nuevo.
No recuerdo el orden en que ocurrieron.
Los hostiles domingos a mediodía en Ciudad Victoria, con una afición muy castrosa que cada gol a favor lo festejaban arrojando agua. Quiero creer que era agua.
Domingos de 40 grados o más porque la cancha era regada temprano.
Bajo esas circunstancias cayó el temible Atlante, 2 a 1; aplastamos al todo poderoso América, 5 a 1 y tenía miedo que nos fueran a alcanzar o, peor, que estuviera soñando. Pusimos a temblar al Puebla de Arabena y Poblete, 3 a 1 en la ida de los Cuartos de Final; le ganamos un juego decisivo a Rayados, 1 a 0 y los regios que hicieron el viaje no entendían cómo no teníamos tablero electrónico en alguna de las cabeceras.
De visita un recordado 5 a 5 en el Estadio Tamaulipas, pero gestamos la paternidad sobre los jaibos, porque lxs tenemos de hijxs y es, aunque costumbre, el triunfo más hermoso, porque han estado en el Olimpo futbolero de México, pero lxs tenemos de hijxs y vivirán así por un tiempo más, con ese dolor aunque quieran vender otra cosa.
Somos un equipo del ascenso, llevamos ahí más de 20 años.
Tampoco puedo comprobar que haya ocurrido, pero de otro modo no se entiende esa Final perdida contra Tigres, nos vendimos. Después creo que otra vez contra León.
Y si son ciertas, son traiciones terribles, dolores irreversibles.
Un domingo 1 de junio de 1997 lloré por primera y única ocasión hasta hoy por un equipo de futbol. También creo que por eso odio a los Tigres.
Buenas temporadas en el ascenso y caer una y otra vez.
Estoy a más de 8 mil km del cruce de las calles Alberto Carrera Torres y Mier y Terán, pero no me olvido.
A veces uno externa simpatía por otros colores por sentirse parte de ese universo de primera, pero no se puede arrancar algo que va en la piel y en la sangre; de club no se cambia jamás por pequeño que sea, aunque seamos del ascenso.
No sé si a mi pareja le perdonaría esas traiciones; a veces te odio y no quiero verte más, pero poco me dura ese berrinche porque junto a ti me enamoré de este bello deporte, y me duele que te hagan algo, y soy el más feliz cuando logras algo.
Junto a ti es cuando más auténtico he sido, y sentí miedo, coraje, nervios, tristeza, felicidad, y algunxs lo entenderán.
No vengan y me digan que es un simple juego, que no es para tanto, porque ¡chingado! ¡no entienden nada!
Me pides que crea y me desgarro la garganta gritando tus triunfos, y siento un pinche vacío enorme cuando nos va mal, y no duermo esperando tu suerte, dejo de comer, me da por beber.
Ahí contigo es el modo de vida, sin prejuicios, abrazando y saltando con un perfecto extraño; cantando y alzando a la chica de junto, de quien tal vez no conozca ni medio minuto, pero la veo los domingos profesando el mismo inexplicable amor y eso nos une.
Todo te perdono. Te pienso al despertar y rezo por ti antes de dormir.
Por si alguien me pregunta, tu nombre, Correcaminos, es la mejor manera de definir el amor verdadero.
miércoles, 17 de febrero de 2016
Tan cotidiano
El día menos pensado, en el hecho más cotidiano, estás, estarás.
Cada tanto tengo ideas, cada tanto intento ordenarlas, cada tanto apareces: persiguiendo el colectivo, arrojando tu cabeza hacia atrás para soltar tu risa en montones de burbujas; en la mesa de junto, pidiendo fuego, llevando la lluvia a escuchar cómo entiendes el mundo, en un par de manzanas y tres chocolates; inventando con tu cabello, en un breve baile que concluyes con leve golpe, ocultando tus ojos para ofrecer un recital, reclamando un peso porque no pediste caramelos.
Cada tanto tengo ideas, cada tanto las llevo a la realidad: pregunto cualquier tontería al conductor para atrasar su recorrido, miro el cardumen de burbujas, me siento a tomar café y a fumar un cigarrillo.
Y el día menos pensado, en el hecho más cotidiano, estaremos de acuerdo en que los caramelos pueden estar convirtiéndose en la moneda del futuro.
Cada tanto tengo ideas, cada tanto intento ordenarlas, cada tanto apareces: persiguiendo el colectivo, arrojando tu cabeza hacia atrás para soltar tu risa en montones de burbujas; en la mesa de junto, pidiendo fuego, llevando la lluvia a escuchar cómo entiendes el mundo, en un par de manzanas y tres chocolates; inventando con tu cabello, en un breve baile que concluyes con leve golpe, ocultando tus ojos para ofrecer un recital, reclamando un peso porque no pediste caramelos.
Cada tanto tengo ideas, cada tanto las llevo a la realidad: pregunto cualquier tontería al conductor para atrasar su recorrido, miro el cardumen de burbujas, me siento a tomar café y a fumar un cigarrillo.
Y el día menos pensado, en el hecho más cotidiano, estaremos de acuerdo en que los caramelos pueden estar convirtiéndose en la moneda del futuro.
miércoles, 10 de febrero de 2016
Búsqueda
Lo escuchó a mitad de un concierto.
Él, atento al escenario, se enganchó de la conversación de una pareja (una muchacha y un muchacho) que estaba a su espalda.
- Me hace tanto ruido que me digan "ojalá encuentres lo que buscas" - dijo el muchacho para luego ir bajando los hombros mientras exhalaba.
- Una o uno busca nada más que el amor, señorito - dijo ella, sonrió, le obsequió una palmadita y comenzó a cantar la canción que sonaba.
Luego de un par de canciones casi sin pausa intermedia, continuó la conversación.
- Estarás de acuerdo que el amor no precisamente llega en una persona - retomó él.
- Puede ser, pero como en qué podría ser.
- Ni puta idea, pero se me ocurre - comentó él un poco desesperado.
- Ja, ja, ja, ja - se soltó ella - Bueno, lo tendré en cuenta.
Se despidió por primera vez el artista, y mientras la mayoría de los presentes pedían que volviera e interpretara otros tantos temas, la pareja se extendió.
- Mmm... por ejemplo en lo que hagamos para vivir - sugirió él.
- Mmm... ¿un lugar? ¿puede ser un lugar? - sugirió ella.
- ¿Cómo?
- Bah, que puede ser un lugar lo que represente lo que entiendes por amor. Igual creo que sea lo que sea depende de si lo compartes y con quien.
- Sí, puede ser ¿Por qué no?
- ¿A dónde te gustaría ir? - preguntó ella.
- La verdad que no había pensado en eso.
- ¡Dale! ¡Metele onda! A mí me gustaría ir a Noruega y ver una aurora boreal.
- ¡Naaa! ¡Qué puto frío!
- ¡Uuuh! ¡Bueeenooo! Por eso aclaré que a mí. ¿No me acompañarías?
- ¿Ya?
- ¡Obvio no, bobo! ¡Estamos a mitad de recital! Además no sé si a la hora que salgamos haya vuelos; lo bueno que allá es invierno y es probable verla si vamos saliendo.
Justo después de ese comentario el tipo volteó a conocerla, mientras el señorito miraba a cualquier lado; ella lo notó, se miraron, intercambiaron sonrisas y el tipo regresó la mirada al escenario.
- Do you spe... - intentó preguntar ella, pero sin éxito.
- ¡Solo español! Ni inglés ni noruego o lo que sea que hablen aquí.
- ¡Ah! ¡Perfecto! Yo también - se emocionó ella - ¿De dónde sos?
- Qué bueno que nos entendemos, aunque probablemente alcanzó a escuchar mis insultos al frío.
- No, no, eso no alcancé. Recién llego y quise hablarle para preguntarle algunas cosas.
- No sé si le sea de mucha ayuda.
- ¿Cómo sabe?¿Por qué lo asume?
- Bueno, tiene razón, depende de sus preguntas; pero si las hace en inglés...
- ¿Cómo sabe que es inglés si no lo habla?
- No sé. De hecho dije eso porque no tengo idea de qué quería decir.
- Justo le iba a preguntar si habla inglés.
- ¿Vio? No le sería de ayuda. ¿Viene mucho a presenciar esto?¿Vive acá?
- ¡No! ¡Eso le iba a preguntar!
- ¿Si vivo aquí?
- ¡No! Pues cosas del lugar. Es la primera vez que vengo.
- Yo también.
- ¡Genial! ¿Qué lo trajo?
- La verdad que era un pendiente que me robé hace años.
- ¿Cómo?
- Bueno, es algo inusual. No sé.
- ¿ Cómo que lo robó?
- Bah, alguna ocasión escuché que estaría bueno ver una aurora y me quedé con la idea.
- Pero si no le gusta el frío ¿qué necesidad?
Se antoja complicado volver a encontrarse con una persona a la que solo viste una vez y de quien desconoces casi todo excepto su deseo de conocer un lugar.
Años después, necesitados de un refugio contra una intensa lluvia, el escenario sería una tienda de música.
- ¿Cree que la música puede representar amor?
- Puede ser - respondió ella sin dejar de chusmear los discos. - ¿Suele escuchar conversaciones ajenas?
- ¿Suelen ignorar sus comentarios?
- ¿Qué le hace pensar eso?
- Cuando uno se fija en una chica que está acompañada -fijarse de que le guste- siempre espera que el tipo sea un perfecto imbécil.
- Oh, y por eso escucha demás.
- Tal parece.
- ¿Vos tenés algún lugar al que quieras ir?
- Sí.
- ¿Y lo compartirías?
- Sí.
- ¿Dónde?
- Un café. Contigo. Ahora.
- Está lloviendo.
- Qué cliché.
- Yo también te recordé.
- ¿Con la misma desesperación?
- Con la misma ilusión.
La oscuridad comenzó a llenarse de olas multicolor.
- Un poco de frío capaz que lo vale ¿no cree?
- Sí, claro. ¿Y, vino solo?
- Sí. ¿Usted?
- También. Pero cómo es que se animó a venir.
- Hace años que quería, pero no me decidía, hasta que luego de 30 años en una empresa, me echaron y con el dinero que me dieron pagué el viaje.
- ¡¿Treinta años?! ¡Son un montón!
- Sí, pero es así con las empresas: un día no te ocupan más. Era solo un número para ellxs.
- Pero ¿y por qué solo?
- Nadie quiso acompañarme.
- Claro, pe...
- ¿Usted por qué se animó?
- Bueno, es algo que desde hace años quería hacer...
- ¡Ah, mire! No me estaba espiando ¿verdad?
- ¡Ja, ja! Desde joven, pero hallé siempre otra cosa para postergarlo.
- Bueno...
- Bueno...
Quedaron en silencio.
- ¿Qué canción o melodía le pondría a este momento? - preguntó él.
- Mmm... se me ocurre "Você" de Jeites. ¿Vos? ¿Puedo hablarte de vos?
- Claro. Mmm... ¿Sabes? Me quedé pensando ¡qué curioso que ambos quisiéramos desde jóvenes venir a acá y hayamos elegido el mismo día.
- Sí, o el día nos habrá elegido.
- Ah, bueno, eso sería algo muy loco.
- ¿Vos decís?
- ¡Sí! ¡Ja, ja! ¿Loco? No sé si todavía me queda usar esa palabra, digo, suena a palabra que usan lxs jóvenes; aunque no creo que la usen más en estos días.
- Y, bueno ¿cuál usarías en lugar de "loco"?
- "Impresionante", aunque no tenga cara de utilizar esa palabra.
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Vos estás re loco!
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Me descubriste!
Se obsequiaron otro silencio.
- Che, me quedé con la duda. ¿Cómo robaste esta idea?
- Yo también me quedé con la duda.
- ¿Eh? ¿Qué duda?
- ¿Encontró lo que buscaba, señorita?
Se miraron, intercambiaron sonrisas y se tomaron de la mano. Voltearon hacia la aurora, ella se acurrucó; él la abrazó.
- Noche de bodas, de Sabina - dijo él y después le dio un beso en la frente.
Él, atento al escenario, se enganchó de la conversación de una pareja (una muchacha y un muchacho) que estaba a su espalda.
- Me hace tanto ruido que me digan "ojalá encuentres lo que buscas" - dijo el muchacho para luego ir bajando los hombros mientras exhalaba.
- Una o uno busca nada más que el amor, señorito - dijo ella, sonrió, le obsequió una palmadita y comenzó a cantar la canción que sonaba.
Luego de un par de canciones casi sin pausa intermedia, continuó la conversación.
- Estarás de acuerdo que el amor no precisamente llega en una persona - retomó él.
- Puede ser, pero como en qué podría ser.
- Ni puta idea, pero se me ocurre - comentó él un poco desesperado.
- Ja, ja, ja, ja - se soltó ella - Bueno, lo tendré en cuenta.
Se despidió por primera vez el artista, y mientras la mayoría de los presentes pedían que volviera e interpretara otros tantos temas, la pareja se extendió.
- Mmm... por ejemplo en lo que hagamos para vivir - sugirió él.
- Mmm... ¿un lugar? ¿puede ser un lugar? - sugirió ella.
- ¿Cómo?
- Bah, que puede ser un lugar lo que represente lo que entiendes por amor. Igual creo que sea lo que sea depende de si lo compartes y con quien.
- Sí, puede ser ¿Por qué no?
- ¿A dónde te gustaría ir? - preguntó ella.
- La verdad que no había pensado en eso.
- ¡Dale! ¡Metele onda! A mí me gustaría ir a Noruega y ver una aurora boreal.
- ¡Naaa! ¡Qué puto frío!
- ¡Uuuh! ¡Bueeenooo! Por eso aclaré que a mí. ¿No me acompañarías?
- ¿Ya?
- ¡Obvio no, bobo! ¡Estamos a mitad de recital! Además no sé si a la hora que salgamos haya vuelos; lo bueno que allá es invierno y es probable verla si vamos saliendo.
Justo después de ese comentario el tipo volteó a conocerla, mientras el señorito miraba a cualquier lado; ella lo notó, se miraron, intercambiaron sonrisas y el tipo regresó la mirada al escenario.
- Do you spe... - intentó preguntar ella, pero sin éxito.
- ¡Solo español! Ni inglés ni noruego o lo que sea que hablen aquí.
- ¡Ah! ¡Perfecto! Yo también - se emocionó ella - ¿De dónde sos?
- Qué bueno que nos entendemos, aunque probablemente alcanzó a escuchar mis insultos al frío.
- No, no, eso no alcancé. Recién llego y quise hablarle para preguntarle algunas cosas.
- No sé si le sea de mucha ayuda.
- ¿Cómo sabe?¿Por qué lo asume?
- Bueno, tiene razón, depende de sus preguntas; pero si las hace en inglés...
- ¿Cómo sabe que es inglés si no lo habla?
- No sé. De hecho dije eso porque no tengo idea de qué quería decir.
- Justo le iba a preguntar si habla inglés.
- ¿Vio? No le sería de ayuda. ¿Viene mucho a presenciar esto?¿Vive acá?
- ¡No! ¡Eso le iba a preguntar!
- ¿Si vivo aquí?
- ¡No! Pues cosas del lugar. Es la primera vez que vengo.
- Yo también.
- ¡Genial! ¿Qué lo trajo?
- La verdad que era un pendiente que me robé hace años.
- ¿Cómo?
- Bueno, es algo inusual. No sé.
- ¿ Cómo que lo robó?
- Bah, alguna ocasión escuché que estaría bueno ver una aurora y me quedé con la idea.
- Pero si no le gusta el frío ¿qué necesidad?
Se antoja complicado volver a encontrarse con una persona a la que solo viste una vez y de quien desconoces casi todo excepto su deseo de conocer un lugar.
Años después, necesitados de un refugio contra una intensa lluvia, el escenario sería una tienda de música.
- ¿Cree que la música puede representar amor?
- Puede ser - respondió ella sin dejar de chusmear los discos. - ¿Suele escuchar conversaciones ajenas?
- ¿Suelen ignorar sus comentarios?
- ¿Qué le hace pensar eso?
- Cuando uno se fija en una chica que está acompañada -fijarse de que le guste- siempre espera que el tipo sea un perfecto imbécil.
- Oh, y por eso escucha demás.
- Tal parece.
- ¿Vos tenés algún lugar al que quieras ir?
- Sí.
- ¿Y lo compartirías?
- Sí.
- ¿Dónde?
- Un café. Contigo. Ahora.
- Está lloviendo.
- Qué cliché.
- Yo también te recordé.
- ¿Con la misma desesperación?
- Con la misma ilusión.
La oscuridad comenzó a llenarse de olas multicolor.
- Un poco de frío capaz que lo vale ¿no cree?
- Sí, claro. ¿Y, vino solo?
- Sí. ¿Usted?
- También. Pero cómo es que se animó a venir.
- Hace años que quería, pero no me decidía, hasta que luego de 30 años en una empresa, me echaron y con el dinero que me dieron pagué el viaje.
- ¡¿Treinta años?! ¡Son un montón!
- Sí, pero es así con las empresas: un día no te ocupan más. Era solo un número para ellxs.
- Pero ¿y por qué solo?
- Nadie quiso acompañarme.
- Claro, pe...
- ¿Usted por qué se animó?
- Bueno, es algo que desde hace años quería hacer...
- ¡Ah, mire! No me estaba espiando ¿verdad?
- ¡Ja, ja! Desde joven, pero hallé siempre otra cosa para postergarlo.
- Bueno...
- Bueno...
Quedaron en silencio.
- ¿Qué canción o melodía le pondría a este momento? - preguntó él.
- Mmm... se me ocurre "Você" de Jeites. ¿Vos? ¿Puedo hablarte de vos?
- Claro. Mmm... ¿Sabes? Me quedé pensando ¡qué curioso que ambos quisiéramos desde jóvenes venir a acá y hayamos elegido el mismo día.
- Sí, o el día nos habrá elegido.
- Ah, bueno, eso sería algo muy loco.
- ¿Vos decís?
- ¡Sí! ¡Ja, ja! ¿Loco? No sé si todavía me queda usar esa palabra, digo, suena a palabra que usan lxs jóvenes; aunque no creo que la usen más en estos días.
- Y, bueno ¿cuál usarías en lugar de "loco"?
- "Impresionante", aunque no tenga cara de utilizar esa palabra.
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Vos estás re loco!
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Me descubriste!
Se obsequiaron otro silencio.
- Che, me quedé con la duda. ¿Cómo robaste esta idea?
- Yo también me quedé con la duda.
- ¿Eh? ¿Qué duda?
- ¿Encontró lo que buscaba, señorita?
Se miraron, intercambiaron sonrisas y se tomaron de la mano. Voltearon hacia la aurora, ella se acurrucó; él la abrazó.
- Noche de bodas, de Sabina - dijo él y después le dio un beso en la frente.
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