viernes, 11 de agosto de 2017

Llegando llegaste

Para la Chinis carajuda, la más victorense de Yuríria, y escribo esto porque portas mucha bohemia Méndez...

Arranco con una breve confesión, y es que ante tal consigna esa fue la primer impresión; me sentí cual Joan Sebastian con Julián o Tommy y las cartas de Paco.

La gente debería enamorarse como tú, y no solo me refiero a encontrar algo de uno o una en otra persona, sino en todas las cosas: reír, viajar, emborracharse, bailar, comer un elote del modo que lo haces; dejar las dudas para quienes precisan evaluaciones para calmar la incertidumbre de si es el camino correcto; dejar los miedos para quienes alimentan la deplorable creencia de que algún día lo harán, como si fuesen a estar cualquier tarde.

Hasta que no se disponga de una manera física de volver en el tiempo, no es posible saber si era posible saber tanto de una persona sin conocerla, ahora están las redes y/o ciertos dispositivos que agilizan esta cuestión.

Pera de Goma tiene un tema de nombre "Tu mp3" y que plantea el dispositivo de una chica olvidado en un colectivo y encontrado por un chico; después el deseo de él por retoparse con ella y compartir gustos musicales afines revelados por la tecnología. Hay personas que no les gusta que vean su música (en teléfonos o reproductores) pues consideran que es como leer su diario personal.

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En algún punto alertarían que era casi el video de una canción, una versión muy de parques y tiempos mejor invertidos que lo que oficialmente deberían cumplir de "Más extraño que la ficción", pero sin la voz del narrador sacudiendo la existencia.

El tipo se sentaba diario justo a un costado de donde el colectivo blanco con azul escupía a media universidad y tres cuartos de prepa, ahí bajo la relajante sombra de la valla de viejos árboles cuyas raíces despatarraron la vereda, justo terminando el puente. Pasaba horas pendejeando con su vecino y compañero de salón, poco resolvían y juntaban el dinero que era para sus almuerzos para convertirlo en dos refrescos y ocho cigarrillos sueltos -cuatro para cada quien-, o dos cafés con leche y la misma cantidad de cigarrillos. Jamás iban a clases.

Tan solo dos ocasiones la vio, ella quizá ninguna. La primera fue el día que ella bajó del colectivo y rápido tomó otro, pero fue suficiente para que él quisiera verla a diario, encararla y pasear o colarse a alguna sala de cine y fastidiarle la función a quienes en verdad solo tienen las horas del mediodía para saciar su cinefilia. La segunda meses después ella tomó más tiempo en abordar el otro colectivo, él la observaba intermitentemente y a distancia para no levantar ninguna sospecha que muy seguro terminaría con tintes perversos.

- ¡Qué linda es esa chica! - arrojaba el humo y frotaba el nervioso sudor de la mano desocupada, porque en la otra tenía el cigarrillo, aclaro.
- Y, ve a hablarle güey - pragmático el amigo.
- Me da culo.
- Dame un consejo.
- ¡Chupas!
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Pos ve cabrón!
- Me va a mandar al chorizo.
- ¡Güey! Vas a hablar, no a pedirle cooperación para tus imaginarios hijos enfermos.
- ¡Ya sé, pendejo!
- ¿Entonces?
- Güey... Además está con los pinches audífonos.
- ¡Ay, no mames!

En ese momento se acerca otra chica a hablar con la chica, ella se saca los audífonos y coloca a su costado el reproductor y auriculares. Charlan hasta que llega el otro colectivo y suben, pero olvida su música, y por imposible que suene, nadie más lo notó solo el muchacho a distancia, y fue por él.

- Tengo que devolvérselo.
- ¡No mames! ¡Quédatelo!
- ¡No cabrón!
- Bueno, pos otro día que ya tenemos que caerle.
- ¡Chinga'o! Pos sí.
- ¿Qué pinche música trae? Seguro puras mamadas, se ve fresa la morra.
- A ver...
- ¿Sí le sabes, nalga?
- Aguanta güe.
- ¡Ándale cabrón!
- Mmm... Maluma...
- ¡No mames! ¡Hazle un favor y tíralo!
- ¡Ja, ja, ja, ja!
- ¡Son mamadas!
- ¡Ay, no mames! Bien que cantas pinche "Despacito".
- Bueno ¡qué güe! Está pegajosa.
- Mira güe ¿sabes cuál está pegajosa?
- ¡El cenizo tienes pegajoso!
- ¡Ja, ja, ja, ja!
- ¿Neta puro pop?
- No. De hecho trae una lista de música viejona.
- ¿Viejona tipo fox trot?
- No.
- ¿Tons?
- Sandro, Enrique Guzmán, Leo Dan...
- ¡No seas mamón!
- ¡Piero!

Pasaban los meses y no volvía a encontrarla y ni el frío lo ahuyentaba.

- Güey, al chile voy a entrar a clases, hace un chingo de frío. ¿Te quedas?
- Date güe, a ver sí aparece.

Entre bocanadas escuchando su música, la de ella.

- Pensé que ya no lo vería - voz de mujer que lo cimbró.

Alzó la mirada y por fin.

- Hace tiempo que te busco para devolvértelo - se reagrupó y habló firme.
- Si eso fuese, ahí están mis redes, hay maneras.
- Pero quería que fuese así.
- Pues gracias.
- ¿Puedo invitarte un café?
- No te conozco.
- Precisamente.
- Ok. Por cuidar de él.

Pidieron dos cafés con leche.

- Nunca vas a la escuela ¿verdad?
- Je, je, je, je, algo así. ¿Se me nota?
- Pues seguido te veo sentado bajo los árboles.
- ¿Y por qué nunca me hablaste?
- No te había visto con mi pertenencia.
- ¡Oh! Te juro que desde que lo olvidaste te busco.
- ¡Ja! Está bien. ¿Viste algo? ¿Mis fotos boudoir?

El tipo se sonrojó.

- ¡No! ¡Te juro que no vi fotos!
- ¡Ay! ¡Meses con él y vas a decirme que no husmeaste!
- ¡Te lo juro! ¡No vi fotos!
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Es broma!
- Je, je, je, je...
- ¿Entonces? ¿Solo la música?
- ¡Sí! ¡Te lo juro!
- Debes ser muy religioso.
- ¡No! ¡¿Por?!
- Todo lo juras ja, ja, ja, ja.
- Es que...
- ¡No te apures! ¿Te gustó algo?
- ¡Piero!
- ¡Aaah! ¡Me encanta!
- Es muy bueno. Algún día dedicaré "Llegando llegaste".
- ¡Muy linda!
- Sí.
- Sabes...
- Dime.
- Sabía que lo tenías.
- ¿En serio?
- Sí.
- Y...
- Y... Aunque es mío, no me animaba a hablarte.
- Bien podías hasta tildarme de ladrón.
- ¡Ja! Y, sí.
- ¿Entonces?
- Quería que fuese así.
- Y, acá estamos.
- Y, sí.
- Y, es de mañana.
- Ajá...
- Mezclas tu café, mezclo el mío.
- Ajá...
- Pero...
- ¿Pero? ¿Tan pronto con peros?
- Y, sí...
- ¿Pero qué?
- Pero con la diferencia que no tengo que dibujarte más en una servilleta blanca.
- Je, je, je, je. ¡Cierto!
- Cierto.
- ¿Y luego?
- Luego...

El tipo exhaló brevemente, la miró y esbozó una pequeña sonrisa, luego la besó.

jueves, 3 de agosto de 2017

Todavía y siempre (el cielo puede esperar)

Con el parrillero, tres recipientes con salsas diferentes y dos sándwiches de bondiola como testigos:
- Esa canción se la cantaba a una novia.
- ¿La versión de Salomón Robles o la del Buki? Je, je, je, je.
- ¡¿El Buki?!
- Sí güe.
- ¡Nomb'e, no seas mamón! ¡¿A poco también la canta ese we?!
- ¡Pos si él la escribió!
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¡No mames güey! ¡Ja, ja, ja, ja!
- ¡Neta güe! Ese güey la compuso.
- ¡Ni de pedo!
- Al chile güe, el vato la compuso.
- ¡Cabrón! ¡Ni de pedo ese güey pudo escribir una frase como: "algún libidinoso que te hable palabras románticas".
- ¡Oh chingá! La voy a buscar y te paso el video pa' que veas que no es mamada.
- ¡Ja, ja, ja, ja! Bueno cabrón.

Parece que ocurrió un día de diciembre en Puerto Madero mientras amanecía.

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Creía estar comprobando esa creencia de que toda la vida te pasa en instantes cuando estás por marchar, ya nada esperaba, incluso pensaba que la vida no era otra cosa que eso, un instante. Se esforzaba para mirar a sus costados, algo buscaba y nadie entendía; entonces llegó ella.

- ¿Qué buscas? - preguntó tan elegante, pero extrañamente cálida a como se dice que es.
- Creo que a ti - habló apenas y entre cortado.
- Me caes bien, siempre fue así.
- Jamás tuve curiosidad por ti.
- Pero si sabías que vendría.
- Igual nunca me interesaste, no me lo tomes a mal.
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Nooo! ¡Para nada! Eres sincero y te lo respeto, la mayoría lo dice por miedo.
- Me imagino. Tú dirás...
- Je, je, je, je. Todo para lo que decidiste vivir te tiene en este lugar: estabilidad económica, respetar ciertas reglas, la necesidad; una persona que quiero mucho dijo ésta no debería truncar tu sueño ¿estás de acuerdo?
- Sabes que quise y no me dejaron.
- Quisiste un tiempo, después fuiste tu propia censura.
- Es que...
- No te preocupes más, no a esta altura, no ahora.
- Tienes razón.
- ¿Seguro que me buscas a mí o...?
- ¿Podré engañarte alguna vez?
- ¡Ja! ¡No!
- Entonces sabes a quién busco.
- De hecho. Quiero mostrarte a un pequeño que tiene sueños como los que empolvaste.
- ¿Puedo?
- ¡Claro! Obsérvalo y decide si está contento con lo que hicieron de él, con cómo cuidaron de él.

El tipo se largó a llorar a cuenta gotas, pero con inmenso dolor y un dejo de arrepentimiento.

- Calma - dijo ella- vengo a ofrecerte un trabajo.

Arrastró el pulgar y el índice de la derecha desde los pómulos hasta el tabique nasal para sacarse un par de lágrimas, sollozó y exhaló.

- ¿Acá?
- ¡Obvio! El cielo, si es que vas para allá, puede esperar; además mi trabajo es muy mío y ahí no contrato a nadie ¡ja, ja, ja, ja!
- Con lo bien que me viene un poco de sarcasmo ¡no mames!
- ¡Ja, ja, ja, ja!
- Bueeeno ¿cuál es el trabajo?
- Todavía y siempre hay y habrá gente que se enamora, gente que se despide, se angustia, pierde la esperanza...
- Mmm...
- ¡Bah! Mucho tiempo jugaste a generar deseos por cosas que no se necesitan, ahora ocupo que halles la manera de hacer eternas las sensaciones, una emocioteca que al percibir lo que hiciste se evoquen esas cosas que todavía hay y siempre habrá.
- Es complicado.
- ¡Claro que lo es! Incluso pasarás más tiempo buscando oportunidades que haciéndolo.
- ¿A cambio de qué?
- ¡Ja! Te dirán que puedes hacer lo que quieras, te envidiarán eso.
- ¿Entonces?
- Entonces enséñale a tu sombra trucos de magia, chistes, a ser divertida.
- ¿Tanto así?
- Vas a ayudar a generar las polaroids de los álbumes que el corazón y la memoria cada tanto hojean, cada que se citan a tomar un café.
- ¿Aún puedo ayudar al niño?
- Él es el principal para tu trabajo.
- Más complicado.
- Y, tu sueño estaría siendo mi necesidad.

Así en un vendaval se extinguió toda la luz, todo el sonido y el pequeño está a un costado de la cancha junto a tanta gente siendo un Hediondo del Fracc. más, sabe que no entrará a patear, pero descubre sus primeras figuras, se ríe y va adaptándose al escenario que antes no alcanzó; ríe con toda la felicidad de alguien que cuenta que tiró acordes con Lennon y fumó un puro con el Che.

sábado, 1 de julio de 2017

Frente al puerto

Disculpe, quien avisa, no traiciona y yo le aviso que estamos a instantes que se manifieste todo el amor en mí, y no digo esto con doble sentido y sí; se lo digo desde el vestigio de inocencia que creemos tener, aunque haya en quienes en realidad impere, pero tristemente se entregaron a esa rara epidemia que llaman crecer.

Esa inocencia de antes que caiga la noche, termine el noticiero y unos niños se nieguen a la sugerencia y petición y se lleven la mano a los ojos y crean que triunfan porque de manera intermitente separan los dedos y cambian para siempre sus pensamientos.

Algo tan simple, como Gloria y Uriel, ser esos siameses que muchos/muchas somos en la temprana juventud, dos cuerpos que detestan alejarse y con dificultad descienden una escalera eléctrica, ella con esfuerzo echando su cabeza hacia atrás y hacia arriba para que escuche su risa, él inclinando la suya para decir te quiero; debatirse en duelo de esgrima y da en la mejilla de él una estocada sabor fresa y él marca su nariz, la de ella, con vainilla; mirarse sin tiempo encontrados en un sincronizado movimiento pendular de un par de columpios ante la furiosa mirada de una madre que espera se larguen para poder intentar calmar a sus insoportables hijos.

Era Funes a quien las páginas podían remitirle a la espuma generada por un remo y recordaba a detalle las formas de las nubes del cielo más remoto, y habrá quien a la distancia pueda remitirse porque haya destinado unos minutos para contemplar ese maravilloso cielo del Bajío teñido de pasteles durante los últimos suspiros de junio y esas formas que replican fielmente todos sus gestos y cada momento que la descubrió.

Estaba frente al jardín sentada haciéndole compañía a una vieja mesa alta en uno de los pasillos, esos de todos los tiempos y que desde siempre convencen que al pasar por ahí de madrugada dirán tantos secretos imaginen, y una piedra dará detalle de cada ocasión que fue y sonrió y se acomodaba el cabello y que el kiosco de enfrente le dijo que corriendo se le rompió un tacón, y que un día se detuvo, sujetó las presillas laterales y dio dos breves saltos para acomodarse el pantalón. Ahí bebiendo sangría y dando a una escueta audiencia cátedra de cómo hacen esa bebida, que aunque puede no ser importante, por como lo desmenuzaba parecía el futuro de la especie, porque bebía y hablaba con tanta seguridad, la misma de la clase política en campaña para seducirnos y la misma que la clase política tras conseguir su ansiado lugar usa para mandarnos bien a la mierda.

Es muy linda esa gente que algo tan simple, sin trascendencia, lo hacen parecer único; esa gente está enamorada de la vida y tiene una mente hermosa que se ríe de la ocurrencias de los hombres y las mujeres que hasta tienen canales de televisión de 24 horas de apología para las otras especies supuestamente de intelecto inferior, pero que jamás se les ve destruyendo su hogar ni cuanta atrocidad por los motivos que el lobo vio y le contó a San Francisco.

Evidentemente despreocupada del universo -esos rostros no se fingen- bailando con un niño sobre sus pies al que llevaba cual marioneta y sus acompañantes seguían los pasos, paraban instantes para avanzar sus cervezas y luego se perseguían arrojándose globos con agua. Esas personas están enamoradas de la vida, encaran situaciones que llega uno a creer que tienen 4 o 5 por día, se sumergen en el barrio y te aparecen una pieza de pan de una panadería que cualquiera creería que es nueva, pero lleva toda la vida ahí, y ella no es cualquiera; la pieza comienza a vencerse, amenaza con dejar su título de "la" y adoptar el de "las" porque la lluvia cayó de golpe, está invadiendo cada porción de ciudad, y uno corre como si el agua diez metros adelante mojara menos, en cambio ella, y esa gente enamorada de la vida, corren calculando exitosos acuatizajes para desintegrar todos los charcos.

- ¡Pásele, pásele! ¡Hay guacamayas, tortas y tacos de carnitas - dijo el vendedor medio girando la cara para soltar el humo de su cigarrillo.
- ¿Quieres almorzar? - preguntó el tipo frenándose frente al puestito.
- Mmm... No. ¿Sabes qué sí quiero? - respondió casi inmersa en su antojo.
- Mmm... ¡No! Perdí mis poderes del Profesor Xavier.
- ¡Tarado! ¡Ja, ja, ja, ja! Limítate a preguntar qué.
- Je, je. Ok. ¿Qué?
- Calimoche.
- O sea, quieres pistear como campeona.
- No, solo un trago.
- Igual te pregunté de comer algo, no de beber.
- ¡Cierto! De comer quiero cantidades obscenas de carbohidratos.
- ¿Ya tienes el menú?
- ¡Todo listo!
- A ver...
- Hamburguesa con doble carne y chingo de tocino.
- ¿Y chingos de queso?
- ¡Obvio!
- Ok, ok. ¿Qué más?
- Pastel y malteada.
- Ajá...
- Y vemos una película.
- ¿Cuál?
- Hombre mirando al sudeste.

Su enmarcada tarde frente al puerto, en la derecha el café que no encontró más, en la izquierda un cigarrillo, en la mente un improvisado y desenfrenado jazz, y en su cabello el viento.

sábado, 27 de mayo de 2017

No hay un alma

No hay un alma, por suerte ventea, recién estamos acribillando al tirano gobierno del presidente de ese norteño país, un poco convencidos que acá en el sur se está lejos de algo así... ¡qué equivocados!

Pequeña Orquesta Reincidentes, no hay un alma, la luna medio se asoma en Combate de los Pozos, no importa si resolvemos algo, el mundo se torna serio, gracioso y salta eso que al unisono decimos: "¡a full!".

No importa qué sea, no hay un alma y esta maravillosa versión de la vida que se sostiene entre las nubes, 3 galletas y aparece un gigante trajeado y con cabeza de trompeta, inclina su campana sobre la mesa que apenas se distingue por lo poco que escapa de la cocina, algo invisible presiona los pistones y succiona una y otra vez los pensamientos. Tres galletas son demasiadas dicen la Sra. Rata y una producción seriada de gotas.

Con el tiempo dirán que los antiguos lo llamaban "El festín para ratis".

Bien cerca del caos, no hay un alma, toneladas de sándwiches de bondiola abarrotados de papas fritas y mayonesa. No hay un alma, sin documentos, mareas de mermelada, extrañamente atemporal, toda la lucha en pocos metros cuadrados, todo el espacio en millones de páginas compañeras. No es fácil entrar, tiene truco la puerta, ella rebota por las paredes y ella y el I-Ching tiran todas las respuestas; especulan con una universidad y ella, solo ella puede ser rectora, rectora vitalicia.

No hay un alma y qué delicia la torta fría, tres generaciones nadando en Amargo Obrero, también qué delicia; anda bien el Fernet con pomelo para desbaratar la noche en Tabú y declararle odio eterno a La Caja de Pandora.

Su cabellera es la mejor gráfica de su bella mente, millones de mundo mejores todos a la vez y hacia todos lados. Tanta ironía, tanto sarcasmo, tanta verdad en su voz.
Él con su nube de tranquilidad, se consume y vuelve a armarse distinta, muy distinta, pero funciona; muchas menos palabras y también tanta verdad, el resto dice una cosa y la sospecha con que mira lo delata, simplemente es melodía en otro tiempo, sabe todas las escalas e improvisa apenas sujetándose del ensamble con 3 o 4 magníficas salidas.

No hay un alma, hay un jardín de sueños que el Dub Side of the Moon estimula. Hay vino, champaña con fresas y otro glosario de malas palabras. El 2 o el 37 dejan a cuadra y media, el 6B es eterno.

No hay un alma y vamos resolviendo el crimen y Frida se ríe y Juan Domingo sigue con la mirada sus manos, tanta política que ella acaba con el ejército de tutucas.

No hay un alma y la puta que los parió, hijos de mil yutas, son todos soretes.

- Tranquila.
- Me hinchan los ovarios. ¿Armás uno?
- Dale.

No hay un alma y Belgrano comienza a llenarse.

- Nos vemo' amigo, me re fui.

Son las... ¡bah! Parte del abecedario y algunos otros caracteres cuelgan de tu frente.

- Buenos días.
- Hola.
- ¿Un pucho?
- ¡¿Cómo?!¿Pensás desayunar?
- Vamos que amanece en Costanera.

No hay un alma, riega las plantas, está listo el arroz.

Los tacos que te debo

Realmente muy poco conocía de ahí: Zitarrosa, Benedetti, Mujica, Francescoli, Tres Cruces, el Centenario tres mañanas después de Sabina, Peñarol y un carbonero que me llamó "amigo Boca-boquense".

Crucé el Río de La Plata algo derrotado, lleno de incertidumbre y miedo por esa cualidad/facultad/habilidad que nuestra especie aún no desarrolla o quienes ya, no la comparten, pero que es también el mejor condimento de la vida: no saber qué pasará, no saber qué día se volverá. Entonces y tras 8 pasos básicos que el mundo asume todos y todas ejecutan en cada rincón de ese espectacular lugar, y tratando de mitigar con un pucho esos demonios que me acompañaban sin pagar pasaje, aparecieron las Leticias; dos mujeres de entonces 66 años, de Montevideo viviendo en Buenos Aires, que jamás se habían visto y que su simple deseo de felicitar las unió.

- Hace años que la vida me trajo a acá.
- ¿Y a usted?
- También. Pero te digo algo, no hay mejor lugar que casa.

Volví y entonces vos, ajonjolí de todos los moles, visceral mujer de escasa estatura y risa contagiosa, desordenada cabellera charrúa ocupada de quedarse con algo y de tejer un sólido macramé tan resistente como su temple, tan elaborado y sencillo como su fe en las personas.

Entonces marchas de nuevo ya sin incertidumbre temerosa, contento y con cierta deuda; y una mañana quizá mucho después de Sabina, con el tiempo ya muy evidente, timbras o mejor te inventas algo y entras a sonar la puerta y atiende una vieja inconfundible porque su risa y su esencia en nada pueden esconderse.

- ¡Hola!¡¿Qué hacés acá, negri?!
- Y, acá estamos por los tacos que te debo.

Logramos, con una dificultad que antes no estuvo, elegir una banca en el Ameghino, cebas el primero y enciendo un cigarrillo.

viernes, 26 de mayo de 2017

En Almagro

Se antoja una presentación a lo Michael Jordan defendiendo a sus Toros de Chicago; Sirius de Alan Parsons Project, luz apagada y una voz aguardientosa gritando dónde nació, el número en el dorsal y la posición en la que juega, pero no; vamos con el recibimiento que la hinchada canalla da a los suyos jugando en el Gigante contra la lepra, y eso porque se trata de un canalla, un rosarino.

Esto de las redes sociales trae mucho aspecto positivo y lo menciono porque cumplió con su propósito.
Un amigo periodista publicó un video que dura como media hora -ya sé que hace falta estar muy al pedo para chutarse treinta minutos de video (entiéndase YouTube o el Tube que más frecuenten)- y en donde actores, exfutbolistas, directores técnicos construyen una apología a Tomás Felipe Carlovich, el Trinche; yo no lo haré porque me limitaría a repetir lo del video, así que si les interesa saber sobre el Trinche, búsquenlo. Yo les hablaré de otro Trinche.

En Buenos Aires, Argentina muchos viernes del 2015, en el barrio de Constitución, en la calle Solís al 1973, en el bachillerato popular Miguelito Pepe coincidí con el Trinche, un rosarino que en ese bachillerato colabora en el área de matemáticas de tercero. Comenzamos con las cordialidades habituales hasta que un buen día le pregunto por el Trinche Carlovich ya que tiene mucho que ver con Rosario; habré preguntado poco antes de las 19:30, hora a la que este Trinche arrancaba sus clases y alcanzó a decirme: "¡No! ¡No me hables del Trinche que no entro a clases!".
Este Trinche es canalla como creo la mayoría, a muerte, y se lo debe a su abuelo; para muchas cosas juega fácil, de primera, pero dos cosas le involucran en estas palabras: el asado y su habilidad para contar historias.
Si bien ya lo conocía a este Trinche, otro genio fue quien me acercó a ese templo de logística filosófica de la calle Maza, el buen Kaky, cuerpo celeste de desconocida trayectoria y lugar de impacto con quien el gusto por la sana convivencia es una afinidad y quien un buen día me invitó a una reunión del área de matemáticas, nada tenía que hacer yo ahí, pero fui.


Los viernes de primavera sobre Maza bien pudiese postulárseles como de los días más lindos que acá aparecen; mucho tienen que ver las palomas en el cruce con Las Casas, arman su fiesta y verlas seguir y andar; y en el cruce con Calvo hay un almacén de sueños y un tipo esperando, y ahí llega ella, sin previa lo besa, le entra por cada punto posible y entonces comienza el día, el de él. En el colectivo que se los tatúa -a las y los transeúntes y los sueños y las palomas- se descansa como en ningún otro lugar; un tipo viene a dos manos planchando el uniforme, intenta no quedarse dormido, no pasarse 30 cuadras y se concentra en la viejita que aún no está convencida de haber tomado la ruta correcta y cada esquina pregunta si pasarán por donde ocupa. Ahí no se razona ni se intenta razonar, no existe tal instancia entre querer y necesitar descansar, no se piensa en el pendiente del trabajo ni en la masacre verbal que se avecina cortesía del patrón. Desconexión, ausencia y a Morfeo se lo ve colgando un letrerito de "Vuelvo en 5 minutos" para mecerse en una hamaca.

A un par de calles está el templo del cual el sacerdote simpatiza con la idea de Jesús hombre, mente brillante, pero hombre. Cuentan que alguna ocasión planteó que Jesús no caminó sobre el agua, era un tipo con mucha mente fría, esperó, observó y quizá halló un caminito de rocas y entonces anduvo.

Bariloche lo trajo hasta Baires, habrá que esperar a ver a dónde lo lleva Baires.
Vaya y que le cuente, con asado y vino, del tipo y sus libros para encontrar el jugador ideal para casi todas las posiciones.

Un tipo alto de sonrisa inocente que inspira toda la confianza, nada más no lo busque si está jugando Central porque si algo no sale usted será culpable, no importa que el canalla arrugue por excelencia. Ya esperaré respuesta si se entera de estas palabras.
Tocas timbre y asoma el Trinche para avisar que está por comenzar el tour por entre esa otra cara de la vida que el trajín al que la mayoría nos entregamos, nos esconde. Un breve pasillo que te regala la adrenalina previa a su cancha; es ir recorriendo los vestidores y pasas por el área administrativa, después donde se organiza la estrategia del compromiso en puerta, para luego subir una escalera que te saca justo a metros de la popular que se entrega a las genialidades de asado y bondiola que este tipo dibuja a pasitos frente a ella.

Historias grandes, un payador que se ubica re bien en el campo y sabe llevar el partido, siempre te deja habilitado y se inventa lindas jugadas que levantan todos los aplausos.

Ahí va el Trinche sabiendo que lo mira Solari por siempre y en mitad de la tribuna del Parque Independencia se pregunta qué hace un tipo tirado acaparando varios lugares hasta que le explican que se trata de Fontanarrosa y lo entiende años después.
Por ahí y se muestra en las crónicas del apasionado, no tan seguido, futsal, porque según él, para ser canalla, se es a full o no se es.
La bella vida se obstina en amargarse y éste la encara con porciones de la inspiración de Uli. Ese es el Trinche, este Trinche con su not so good english, la fuerza de Cande y la complicidad de Trini.

domingo, 5 de marzo de 2017

...

El gris horizonte que no se anima a precipitarse se organiza una y otra vez ahí después de la eterna marcha de botellas rotas o vidrios abiertos según algún estudioso de hoy.

Resulta que cada tanto se les ve a la muerte y al diablo bailando al ritmo de una tarola que cualquiera de ese par improvisa y quien no interprete va arrojando petardos; no están por alguien, es tan solo su fiesta aparte porque han sabido charlar con las personas correctas, las más enamoradas de la vida y su inagotable magia, como el abuelo de Milo. Entonces quieren saberlo, que no sea solo un relato que les deja con los ojos bien abiertos y media sonrisa de lado, de ésas que se aparecen en la cara cuando el recuerdo de una "maldad" se evoca; y quieren jugar también, sentir y saltar y agitar la mano, y cagarse de risa, y desparramarse a mitad de un parque y llegar corriendo a casa para preparar eso que recién descubren y que se llama café, y echar la cabeza hacia atrás y dejar que el humo de ese otro nuevo hábito se eleve como se eleva el Blue Trombone y azota el cielorraso como un pequeño mar de notas.

Tremendo grado de dificultad eso que hacen los mariachis de salir corriendo 30 o 40 metros haciendo sonar la trompeta o el violín para llegar hasta donde exponen su oferta y la promesa de una épica borrachera.

El derecho, el deber, la obligación, el menester, la necesidad de vivir con pasión, sentirse vivo/viva, y todos los vicios y las malas compañías, y el café, y las botellas rotas y el horizonte que ahora es azul, y Miró y Aisha y todas las películas de Woody Allen, y Seb hablando de jazz como exitosamente no puedo hacerlo tratándose de ti porque estás más allá de las palabras.