No hay un alma, por suerte ventea, recién estamos acribillando al tirano gobierno del presidente de ese norteño país, un poco convencidos que acá en el sur se está lejos de algo así... ¡qué equivocados!
Pequeña Orquesta Reincidentes, no hay un alma, la luna medio se asoma en Combate de los Pozos, no importa si resolvemos algo, el mundo se torna serio, gracioso y salta eso que al unisono decimos: "¡a full!".
No importa qué sea, no hay un alma y esta maravillosa versión de la vida que se sostiene entre las nubes, 3 galletas y aparece un gigante trajeado y con cabeza de trompeta, inclina su campana sobre la mesa que apenas se distingue por lo poco que escapa de la cocina, algo invisible presiona los pistones y succiona una y otra vez los pensamientos. Tres galletas son demasiadas dicen la Sra. Rata y una producción seriada de gotas.
Con el tiempo dirán que los antiguos lo llamaban "El festín para ratis".
Bien cerca del caos, no hay un alma, toneladas de sándwiches de bondiola abarrotados de papas fritas y mayonesa. No hay un alma, sin documentos, mareas de mermelada, extrañamente atemporal, toda la lucha en pocos metros cuadrados, todo el espacio en millones de páginas compañeras. No es fácil entrar, tiene truco la puerta, ella rebota por las paredes y ella y el I-Ching tiran todas las respuestas; especulan con una universidad y ella, solo ella puede ser rectora, rectora vitalicia.
No hay un alma y qué delicia la torta fría, tres generaciones nadando en Amargo Obrero, también qué delicia; anda bien el Fernet con pomelo para desbaratar la noche en Tabú y declararle odio eterno a La Caja de Pandora.
Su cabellera es la mejor gráfica de su bella mente, millones de mundo mejores todos a la vez y hacia todos lados. Tanta ironía, tanto sarcasmo, tanta verdad en su voz.
Él con su nube de tranquilidad, se consume y vuelve a armarse distinta, muy distinta, pero funciona; muchas menos palabras y también tanta verdad, el resto dice una cosa y la sospecha con que mira lo delata, simplemente es melodía en otro tiempo, sabe todas las escalas e improvisa apenas sujetándose del ensamble con 3 o 4 magníficas salidas.
No hay un alma, hay un jardín de sueños que el Dub Side of the Moon estimula. Hay vino, champaña con fresas y otro glosario de malas palabras. El 2 o el 37 dejan a cuadra y media, el 6B es eterno.
No hay un alma y vamos resolviendo el crimen y Frida se ríe y Juan Domingo sigue con la mirada sus manos, tanta política que ella acaba con el ejército de tutucas.
No hay un alma y la puta que los parió, hijos de mil yutas, son todos soretes.
- Tranquila.
- Me hinchan los ovarios. ¿Armás uno?
- Dale.
No hay un alma y Belgrano comienza a llenarse.
- Nos vemo' amigo, me re fui.
Son las... ¡bah! Parte del abecedario y algunos otros caracteres cuelgan de tu frente.
- Buenos días.
- Hola.
- ¿Un pucho?
- ¡¿Cómo?!¿Pensás desayunar?
- Vamos que amanece en Costanera.
No hay un alma, riega las plantas, está listo el arroz.
sábado, 27 de mayo de 2017
Los tacos que te debo
Realmente muy poco conocía de ahí: Zitarrosa, Benedetti, Mujica, Francescoli, Tres Cruces, el Centenario tres mañanas después de Sabina, Peñarol y un carbonero que me llamó "amigo Boca-boquense".
Crucé el Río de La Plata algo derrotado, lleno de incertidumbre y miedo por esa cualidad/facultad/habilidad que nuestra especie aún no desarrolla o quienes ya, no la comparten, pero que es también el mejor condimento de la vida: no saber qué pasará, no saber qué día se volverá. Entonces y tras 8 pasos básicos que el mundo asume todos y todas ejecutan en cada rincón de ese espectacular lugar, y tratando de mitigar con un pucho esos demonios que me acompañaban sin pagar pasaje, aparecieron las Leticias; dos mujeres de entonces 66 años, de Montevideo viviendo en Buenos Aires, que jamás se habían visto y que su simple deseo de felicitar las unió.
- Hace años que la vida me trajo a acá.
- ¿Y a usted?
- También. Pero te digo algo, no hay mejor lugar que casa.
Volví y entonces vos, ajonjolí de todos los moles, visceral mujer de escasa estatura y risa contagiosa, desordenada cabellera charrúa ocupada de quedarse con algo y de tejer un sólido macramé tan resistente como su temple, tan elaborado y sencillo como su fe en las personas.
Entonces marchas de nuevo ya sin incertidumbre temerosa, contento y con cierta deuda; y una mañana quizá mucho después de Sabina, con el tiempo ya muy evidente, timbras o mejor te inventas algo y entras a sonar la puerta y atiende una vieja inconfundible porque su risa y su esencia en nada pueden esconderse.
- ¡Hola!¡¿Qué hacés acá, negri?!
- Y, acá estamos por los tacos que te debo.
Logramos, con una dificultad que antes no estuvo, elegir una banca en el Ameghino, cebas el primero y enciendo un cigarrillo.
Crucé el Río de La Plata algo derrotado, lleno de incertidumbre y miedo por esa cualidad/facultad/habilidad que nuestra especie aún no desarrolla o quienes ya, no la comparten, pero que es también el mejor condimento de la vida: no saber qué pasará, no saber qué día se volverá. Entonces y tras 8 pasos básicos que el mundo asume todos y todas ejecutan en cada rincón de ese espectacular lugar, y tratando de mitigar con un pucho esos demonios que me acompañaban sin pagar pasaje, aparecieron las Leticias; dos mujeres de entonces 66 años, de Montevideo viviendo en Buenos Aires, que jamás se habían visto y que su simple deseo de felicitar las unió.
- Hace años que la vida me trajo a acá.
- ¿Y a usted?
- También. Pero te digo algo, no hay mejor lugar que casa.
Volví y entonces vos, ajonjolí de todos los moles, visceral mujer de escasa estatura y risa contagiosa, desordenada cabellera charrúa ocupada de quedarse con algo y de tejer un sólido macramé tan resistente como su temple, tan elaborado y sencillo como su fe en las personas.
Entonces marchas de nuevo ya sin incertidumbre temerosa, contento y con cierta deuda; y una mañana quizá mucho después de Sabina, con el tiempo ya muy evidente, timbras o mejor te inventas algo y entras a sonar la puerta y atiende una vieja inconfundible porque su risa y su esencia en nada pueden esconderse.
- ¡Hola!¡¿Qué hacés acá, negri?!
- Y, acá estamos por los tacos que te debo.
Logramos, con una dificultad que antes no estuvo, elegir una banca en el Ameghino, cebas el primero y enciendo un cigarrillo.
viernes, 26 de mayo de 2017
En Almagro
Se antoja una presentación a lo Michael Jordan defendiendo a sus Toros de Chicago; Sirius de Alan Parsons Project, luz apagada y una voz aguardientosa gritando dónde nació, el número en el dorsal y la posición en la que juega, pero no; vamos con el recibimiento que la hinchada canalla da a los suyos jugando en el Gigante contra la lepra, y eso porque se trata de un canalla, un rosarino.
Esto de las redes sociales trae mucho aspecto positivo y lo menciono porque cumplió con su propósito.
Un amigo periodista publicó un video que dura como media hora -ya sé que hace falta estar muy al pedo para chutarse treinta minutos de video (entiéndase YouTube o el Tube que más frecuenten)- y en donde actores, exfutbolistas, directores técnicos construyen una apología a Tomás Felipe Carlovich, el Trinche; yo no lo haré porque me limitaría a repetir lo del video, así que si les interesa saber sobre el Trinche, búsquenlo. Yo les hablaré de otro Trinche.
En Buenos Aires, Argentina muchos viernes del 2015, en el barrio de Constitución, en la calle Solís al 1973, en el bachillerato popular Miguelito Pepe coincidí con el Trinche, un rosarino que en ese bachillerato colabora en el área de matemáticas de tercero. Comenzamos con las cordialidades habituales hasta que un buen día le pregunto por el Trinche Carlovich ya que tiene mucho que ver con Rosario; habré preguntado poco antes de las 19:30, hora a la que este Trinche arrancaba sus clases y alcanzó a decirme: "¡No! ¡No me hables del Trinche que no entro a clases!".
Este Trinche es canalla como creo la mayoría, a muerte, y se lo debe a su abuelo; para muchas cosas juega fácil, de primera, pero dos cosas le involucran en estas palabras: el asado y su habilidad para contar historias.
Si bien ya lo conocía a este Trinche, otro genio fue quien me acercó a ese templo de logística filosófica de la calle Maza, el buen Kaky, cuerpo celeste de desconocida trayectoria y lugar de impacto con quien el gusto por la sana convivencia es una afinidad y quien un buen día me invitó a una reunión del área de matemáticas, nada tenía que hacer yo ahí, pero fui.
Los viernes de primavera sobre Maza bien pudiese postulárseles como de los días más lindos que acá aparecen; mucho tienen que ver las palomas en el cruce con Las Casas, arman su fiesta y verlas seguir y andar; y en el cruce con Calvo hay un almacén de sueños y un tipo esperando, y ahí llega ella, sin previa lo besa, le entra por cada punto posible y entonces comienza el día, el de él. En el colectivo que se los tatúa -a las y los transeúntes y los sueños y las palomas- se descansa como en ningún otro lugar; un tipo viene a dos manos planchando el uniforme, intenta no quedarse dormido, no pasarse 30 cuadras y se concentra en la viejita que aún no está convencida de haber tomado la ruta correcta y cada esquina pregunta si pasarán por donde ocupa. Ahí no se razona ni se intenta razonar, no existe tal instancia entre querer y necesitar descansar, no se piensa en el pendiente del trabajo ni en la masacre verbal que se avecina cortesía del patrón. Desconexión, ausencia y a Morfeo se lo ve colgando un letrerito de "Vuelvo en 5 minutos" para mecerse en una hamaca.
A un par de calles está el templo del cual el sacerdote simpatiza con la idea de Jesús hombre, mente brillante, pero hombre. Cuentan que alguna ocasión planteó que Jesús no caminó sobre el agua, era un tipo con mucha mente fría, esperó, observó y quizá halló un caminito de rocas y entonces anduvo.
Bariloche lo trajo hasta Baires, habrá que esperar a ver a dónde lo lleva Baires.
Vaya y que le cuente, con asado y vino, del tipo y sus libros para encontrar el jugador ideal para casi todas las posiciones.
Un tipo alto de sonrisa inocente que inspira toda la confianza, nada más no lo busque si está jugando Central porque si algo no sale usted será culpable, no importa que el canalla arrugue por excelencia. Ya esperaré respuesta si se entera de estas palabras.
Tocas timbre y asoma el Trinche para avisar que está por comenzar el tour por entre esa otra cara de la vida que el trajín al que la mayoría nos entregamos, nos esconde. Un breve pasillo que te regala la adrenalina previa a su cancha; es ir recorriendo los vestidores y pasas por el área administrativa, después donde se organiza la estrategia del compromiso en puerta, para luego subir una escalera que te saca justo a metros de la popular que se entrega a las genialidades de asado y bondiola que este tipo dibuja a pasitos frente a ella.
Historias grandes, un payador que se ubica re bien en el campo y sabe llevar el partido, siempre te deja habilitado y se inventa lindas jugadas que levantan todos los aplausos.
Ahí va el Trinche sabiendo que lo mira Solari por siempre y en mitad de la tribuna del Parque Independencia se pregunta qué hace un tipo tirado acaparando varios lugares hasta que le explican que se trata de Fontanarrosa y lo entiende años después.
Por ahí y se muestra en las crónicas del apasionado, no tan seguido, futsal, porque según él, para ser canalla, se es a full o no se es.
La bella vida se obstina en amargarse y éste la encara con porciones de la inspiración de Uli. Ese es el Trinche, este Trinche con su not so good english, la fuerza de Cande y la complicidad de Trini.
Esto de las redes sociales trae mucho aspecto positivo y lo menciono porque cumplió con su propósito.
Un amigo periodista publicó un video que dura como media hora -ya sé que hace falta estar muy al pedo para chutarse treinta minutos de video (entiéndase YouTube o el Tube que más frecuenten)- y en donde actores, exfutbolistas, directores técnicos construyen una apología a Tomás Felipe Carlovich, el Trinche; yo no lo haré porque me limitaría a repetir lo del video, así que si les interesa saber sobre el Trinche, búsquenlo. Yo les hablaré de otro Trinche.
En Buenos Aires, Argentina muchos viernes del 2015, en el barrio de Constitución, en la calle Solís al 1973, en el bachillerato popular Miguelito Pepe coincidí con el Trinche, un rosarino que en ese bachillerato colabora en el área de matemáticas de tercero. Comenzamos con las cordialidades habituales hasta que un buen día le pregunto por el Trinche Carlovich ya que tiene mucho que ver con Rosario; habré preguntado poco antes de las 19:30, hora a la que este Trinche arrancaba sus clases y alcanzó a decirme: "¡No! ¡No me hables del Trinche que no entro a clases!".
Este Trinche es canalla como creo la mayoría, a muerte, y se lo debe a su abuelo; para muchas cosas juega fácil, de primera, pero dos cosas le involucran en estas palabras: el asado y su habilidad para contar historias.
Si bien ya lo conocía a este Trinche, otro genio fue quien me acercó a ese templo de logística filosófica de la calle Maza, el buen Kaky, cuerpo celeste de desconocida trayectoria y lugar de impacto con quien el gusto por la sana convivencia es una afinidad y quien un buen día me invitó a una reunión del área de matemáticas, nada tenía que hacer yo ahí, pero fui.
Los viernes de primavera sobre Maza bien pudiese postulárseles como de los días más lindos que acá aparecen; mucho tienen que ver las palomas en el cruce con Las Casas, arman su fiesta y verlas seguir y andar; y en el cruce con Calvo hay un almacén de sueños y un tipo esperando, y ahí llega ella, sin previa lo besa, le entra por cada punto posible y entonces comienza el día, el de él. En el colectivo que se los tatúa -a las y los transeúntes y los sueños y las palomas- se descansa como en ningún otro lugar; un tipo viene a dos manos planchando el uniforme, intenta no quedarse dormido, no pasarse 30 cuadras y se concentra en la viejita que aún no está convencida de haber tomado la ruta correcta y cada esquina pregunta si pasarán por donde ocupa. Ahí no se razona ni se intenta razonar, no existe tal instancia entre querer y necesitar descansar, no se piensa en el pendiente del trabajo ni en la masacre verbal que se avecina cortesía del patrón. Desconexión, ausencia y a Morfeo se lo ve colgando un letrerito de "Vuelvo en 5 minutos" para mecerse en una hamaca.
A un par de calles está el templo del cual el sacerdote simpatiza con la idea de Jesús hombre, mente brillante, pero hombre. Cuentan que alguna ocasión planteó que Jesús no caminó sobre el agua, era un tipo con mucha mente fría, esperó, observó y quizá halló un caminito de rocas y entonces anduvo.
Bariloche lo trajo hasta Baires, habrá que esperar a ver a dónde lo lleva Baires.
Vaya y que le cuente, con asado y vino, del tipo y sus libros para encontrar el jugador ideal para casi todas las posiciones.
Un tipo alto de sonrisa inocente que inspira toda la confianza, nada más no lo busque si está jugando Central porque si algo no sale usted será culpable, no importa que el canalla arrugue por excelencia. Ya esperaré respuesta si se entera de estas palabras.
Tocas timbre y asoma el Trinche para avisar que está por comenzar el tour por entre esa otra cara de la vida que el trajín al que la mayoría nos entregamos, nos esconde. Un breve pasillo que te regala la adrenalina previa a su cancha; es ir recorriendo los vestidores y pasas por el área administrativa, después donde se organiza la estrategia del compromiso en puerta, para luego subir una escalera que te saca justo a metros de la popular que se entrega a las genialidades de asado y bondiola que este tipo dibuja a pasitos frente a ella.
Historias grandes, un payador que se ubica re bien en el campo y sabe llevar el partido, siempre te deja habilitado y se inventa lindas jugadas que levantan todos los aplausos.
Ahí va el Trinche sabiendo que lo mira Solari por siempre y en mitad de la tribuna del Parque Independencia se pregunta qué hace un tipo tirado acaparando varios lugares hasta que le explican que se trata de Fontanarrosa y lo entiende años después.
Por ahí y se muestra en las crónicas del apasionado, no tan seguido, futsal, porque según él, para ser canalla, se es a full o no se es.
La bella vida se obstina en amargarse y éste la encara con porciones de la inspiración de Uli. Ese es el Trinche, este Trinche con su not so good english, la fuerza de Cande y la complicidad de Trini.
domingo, 5 de marzo de 2017
...
El gris horizonte que no se anima a precipitarse se organiza una y otra vez ahí después de la eterna marcha de botellas rotas o vidrios abiertos según algún estudioso de hoy.
Resulta que cada tanto se les ve a la muerte y al diablo bailando al ritmo de una tarola que cualquiera de ese par improvisa y quien no interprete va arrojando petardos; no están por alguien, es tan solo su fiesta aparte porque han sabido charlar con las personas correctas, las más enamoradas de la vida y su inagotable magia, como el abuelo de Milo. Entonces quieren saberlo, que no sea solo un relato que les deja con los ojos bien abiertos y media sonrisa de lado, de ésas que se aparecen en la cara cuando el recuerdo de una "maldad" se evoca; y quieren jugar también, sentir y saltar y agitar la mano, y cagarse de risa, y desparramarse a mitad de un parque y llegar corriendo a casa para preparar eso que recién descubren y que se llama café, y echar la cabeza hacia atrás y dejar que el humo de ese otro nuevo hábito se eleve como se eleva el Blue Trombone y azota el cielorraso como un pequeño mar de notas.
Tremendo grado de dificultad eso que hacen los mariachis de salir corriendo 30 o 40 metros haciendo sonar la trompeta o el violín para llegar hasta donde exponen su oferta y la promesa de una épica borrachera.
El derecho, el deber, la obligación, el menester, la necesidad de vivir con pasión, sentirse vivo/viva, y todos los vicios y las malas compañías, y el café, y las botellas rotas y el horizonte que ahora es azul, y Miró y Aisha y todas las películas de Woody Allen, y Seb hablando de jazz como exitosamente no puedo hacerlo tratándose de ti porque estás más allá de las palabras.
Resulta que cada tanto se les ve a la muerte y al diablo bailando al ritmo de una tarola que cualquiera de ese par improvisa y quien no interprete va arrojando petardos; no están por alguien, es tan solo su fiesta aparte porque han sabido charlar con las personas correctas, las más enamoradas de la vida y su inagotable magia, como el abuelo de Milo. Entonces quieren saberlo, que no sea solo un relato que les deja con los ojos bien abiertos y media sonrisa de lado, de ésas que se aparecen en la cara cuando el recuerdo de una "maldad" se evoca; y quieren jugar también, sentir y saltar y agitar la mano, y cagarse de risa, y desparramarse a mitad de un parque y llegar corriendo a casa para preparar eso que recién descubren y que se llama café, y echar la cabeza hacia atrás y dejar que el humo de ese otro nuevo hábito se eleve como se eleva el Blue Trombone y azota el cielorraso como un pequeño mar de notas.
Tremendo grado de dificultad eso que hacen los mariachis de salir corriendo 30 o 40 metros haciendo sonar la trompeta o el violín para llegar hasta donde exponen su oferta y la promesa de una épica borrachera.
El derecho, el deber, la obligación, el menester, la necesidad de vivir con pasión, sentirse vivo/viva, y todos los vicios y las malas compañías, y el café, y las botellas rotas y el horizonte que ahora es azul, y Miró y Aisha y todas las películas de Woody Allen, y Seb hablando de jazz como exitosamente no puedo hacerlo tratándose de ti porque estás más allá de las palabras.
viernes, 20 de enero de 2017
267302
Lo que es posible descubrir o enterarse una mañana cualquiera esperando que se le atienda en el hospital, el que usted guste, público o privado son una porquería de servicio.
Perdieron la cuenta, hacía ya un montón que esperaban y ella no se había movido más que una vez al baño y volvió y seguían casi las mismas personas que llegaron después. Algunas se fueron y volvieron, otras no.
Somos 37 contando al que llegó recién, pero creo que murió; quizá murió antes y en una especie de reflejo llegó como para hacer saber que falleció y que alguien notifique a quien tenga que ser notificado, aunque parece que llegó solo. No aguantó mucho - dijo ella sin recibir la más mínima señal de atención del sujeto sentado a su lado izquierdo.
Ella tenía una enorme habilidad para darle sentido a los números, ese vicio de, cuando aún se utilizaban, hacer sumatorias con los dígitos del ticket del colectivo; guardaba los que dieran veintiuno como resultado o los que representaban la letra inicial del nombre de algún tipo que le gustara.
¡Uy! ¡Se murió otra! ¡Tan linda! Coincidimos saliendo del baño, me dijo que nació en un pueblo del norte y que vino para acá a probar suerte; acá descubrió su gusto por la arquitectura, la estudió y trabajaba en obra, y ahí sufrió el accidente - continuaba ella hablando con el viento.
Si bien el tipo hacía como que la ignoraba, iba registrando cada comentario de ella.
- He esperado hasta 6 horas.
- ¿Eh? ¿Por qué tanto? - por fin preguntó él.
- ¿Usted es tarado?
- ¡¿Qué le pasa?!
- ¡Y, sí! Si me van a atender ¡Qué mierda hago!
- ¡Ja! Bueno, mi duda no es por qué esperó, sino qué pasó que tardaron tanto.
- Hace preguntas muy estúpidas.
- ¡Váyase a la mierda!
- Ja, ja, ja, ja. ¡Qué sentido!
- Deje de joder.
- Solo intento aligerarle la espera.
- ¡Aaah! ¡¿Es un nuevo servicio?!
- Ja, ja, ja, ja. Igual pasaré primero.
- ¡Ja! ¡Ahora resulta!
- Espere.
- ¿Qué pasa?
- Sabe, hace un rato la doctora salió a comentar que debía atender a otra chica que estaba en la sala porque le solicitó que viniera hoy. Pasó la chica y después llegó un tipo por quien ya no hubo explicación y entró de una.
Resultó que estaban citados para tener sexo, un trío, lo supimos cuando se escucharon esas inconfundibles exaltaciones; de hecho tuvimos que cantar para distraer a un niño que andaba a los brincos justo aquí.
- ¡¿En serio?!
- Ja, ja, ja, ja ¡Sí!
- Ja, ja, ja, ja ¡Qué loco! Bueno ¿y por qué está acá?
- Tengo una alergia nerviosa - cortita y al pie la dejó ella - ¿Vos?
- Y, cuando no hay recursos vas al público.
- Claro.
- ¿Qué con eso de la alergia nerviosa?
- Me empezó a partir de que sacaron los tickets del colectivo.
- ¿Por?
- Guardaba todos los que sumaban veintiuno.
- ¿Con el folio del ticket?
- Sí.
- ¿Por qué guardaba los veintiuno?
- Por un juego que aprendí en el secundario, de que sumabas los números del folio y si daban veintiuno, equivalen a un beso.
- ¿Canjeables?
- Algo así.
- ¿Y quién te los daría?
- Y, alguien.
- Mmm... ¿Y los que no eran veintiuno?
- Depende.
- ¿De?
- Pues, por ejemplo, si el ticket es el 981517, al sumar cada dígito el resultado es 31...
- Ajá...
- Ahora, el abecedario tiene 27 letras por lo que el 31 no representa ninguna de ellas.
- Sí...
- Entonces sumas el 3 más el 1 y te da 4. La "D" es la cuarta letra del abecedario.
- Ajá...
- Bueno, si conoces alguien cuyo nombre comience con "D" y te gusta, guardabas el ticket y si tenías otro con veintiuno, podías canjear ese "21" con esa "D".
- Ja, ja, ja, ja. Y si quien me gusta su nombre empieza con la letra 21 ¿qué pasa?
- ¡Mierda! ¡Nunca lo pensé! Pides dos besos, supongo.
- Ja, ja, ja, ja. Igual es divertido.
- ¡No te burles! Sufro por eso. Desde que sacaron los tickets no he conocido a alguien que me agrade.
- Me estás diciendo que tu vida amorosa depende de un ticket de colectivo?
- ¡¿Qué te importa?!
- ¡Cálmate! Hay números en todas partes.
- ¡¿Como en dónde?!
- Mmm... Pues... Seguro pagas algún servicio: agua, luz, etc; las boletas traen todas folio.
- ¡Tienes razón! ¡Lo intentaré!
- ¡Bien!
Salió una enfermera a informar que había una demora de 2 horas y en esa intervención se fue la chica de los números.
- ¿Cómo te ganas la vida? - preguntó ella.
- De momento solo subo al subte a tocar la guitarra y ganarme unos pesos y...
- ¡Ahora no me digas tu nombre!
- ¿Eh?
- Sí. Solo dime el número de la letra con la que empieza.
- ¡Ah! A ver, deja hago cuentas.
- ¡Bah!
- Mmm... ¡la 10!
- Ok. ¡Chau!
- Pero... ¿no te vas a atender?
- Ya no. Lo mío es alergia nerviosa.
Ella habrá esperado 4 horas y se fue sin ser atendida, él habrá esperado otras 3 y en ese inter pensaba y pensaba en el juego de los números; cuanto más se obsesionaba, más absurdo lo encontraba e intentaba pensar otra cosa.
Luego de unos días, una mañana el tipo interpretaba su lista de canciones y colocó su gorra para quien quisiera cooperar. En el último vagón donde tocaría tan solo le colocaron un billete de 5 y otro de 10; alistaba todo para bajar y otra persona llega y le arroja un montón de papeles.
El tipo se sorprendió, no entendía porque una persona agarraría de basurero su gorra; quería mandarle un derechazo, pero se contuvo y notó que lo que le habían arrojado eran todos tickets de colectivo. Tomó uno, hizo la suma... ¡21! Tomó otro, hizo la suma... ¡21!
- Son todos 21 - le dijo una mujer.
Levantó la cabeza y vio una mano que le extendía un ticket más; hizo la suma y daba 10.
- Soy Tamara.
Se reincorporó por completo y sonrió a la par de su ex compañera de sala de espera del hospital.
Perdieron la cuenta, hacía ya un montón que esperaban y ella no se había movido más que una vez al baño y volvió y seguían casi las mismas personas que llegaron después. Algunas se fueron y volvieron, otras no.
Somos 37 contando al que llegó recién, pero creo que murió; quizá murió antes y en una especie de reflejo llegó como para hacer saber que falleció y que alguien notifique a quien tenga que ser notificado, aunque parece que llegó solo. No aguantó mucho - dijo ella sin recibir la más mínima señal de atención del sujeto sentado a su lado izquierdo.
Ella tenía una enorme habilidad para darle sentido a los números, ese vicio de, cuando aún se utilizaban, hacer sumatorias con los dígitos del ticket del colectivo; guardaba los que dieran veintiuno como resultado o los que representaban la letra inicial del nombre de algún tipo que le gustara.
¡Uy! ¡Se murió otra! ¡Tan linda! Coincidimos saliendo del baño, me dijo que nació en un pueblo del norte y que vino para acá a probar suerte; acá descubrió su gusto por la arquitectura, la estudió y trabajaba en obra, y ahí sufrió el accidente - continuaba ella hablando con el viento.
Si bien el tipo hacía como que la ignoraba, iba registrando cada comentario de ella.
- He esperado hasta 6 horas.
- ¿Eh? ¿Por qué tanto? - por fin preguntó él.
- ¿Usted es tarado?
- ¡¿Qué le pasa?!
- ¡Y, sí! Si me van a atender ¡Qué mierda hago!
- ¡Ja! Bueno, mi duda no es por qué esperó, sino qué pasó que tardaron tanto.
- Hace preguntas muy estúpidas.
- ¡Váyase a la mierda!
- Ja, ja, ja, ja. ¡Qué sentido!
- Deje de joder.
- Solo intento aligerarle la espera.
- ¡Aaah! ¡¿Es un nuevo servicio?!
- Ja, ja, ja, ja. Igual pasaré primero.
- ¡Ja! ¡Ahora resulta!
- Espere.
- ¿Qué pasa?
- Sabe, hace un rato la doctora salió a comentar que debía atender a otra chica que estaba en la sala porque le solicitó que viniera hoy. Pasó la chica y después llegó un tipo por quien ya no hubo explicación y entró de una.
Resultó que estaban citados para tener sexo, un trío, lo supimos cuando se escucharon esas inconfundibles exaltaciones; de hecho tuvimos que cantar para distraer a un niño que andaba a los brincos justo aquí.
- ¡¿En serio?!
- Ja, ja, ja, ja ¡Sí!
- Ja, ja, ja, ja ¡Qué loco! Bueno ¿y por qué está acá?
- Tengo una alergia nerviosa - cortita y al pie la dejó ella - ¿Vos?
- Y, cuando no hay recursos vas al público.
- Claro.
- ¿Qué con eso de la alergia nerviosa?
- Me empezó a partir de que sacaron los tickets del colectivo.
- ¿Por?
- Guardaba todos los que sumaban veintiuno.
- ¿Con el folio del ticket?
- Sí.
- ¿Por qué guardaba los veintiuno?
- Por un juego que aprendí en el secundario, de que sumabas los números del folio y si daban veintiuno, equivalen a un beso.
- ¿Canjeables?
- Algo así.
- ¿Y quién te los daría?
- Y, alguien.
- Mmm... ¿Y los que no eran veintiuno?
- Depende.
- ¿De?
- Pues, por ejemplo, si el ticket es el 981517, al sumar cada dígito el resultado es 31...
- Ajá...
- Ahora, el abecedario tiene 27 letras por lo que el 31 no representa ninguna de ellas.
- Sí...
- Entonces sumas el 3 más el 1 y te da 4. La "D" es la cuarta letra del abecedario.
- Ajá...
- Bueno, si conoces alguien cuyo nombre comience con "D" y te gusta, guardabas el ticket y si tenías otro con veintiuno, podías canjear ese "21" con esa "D".
- Ja, ja, ja, ja. Y si quien me gusta su nombre empieza con la letra 21 ¿qué pasa?
- ¡Mierda! ¡Nunca lo pensé! Pides dos besos, supongo.
- Ja, ja, ja, ja. Igual es divertido.
- ¡No te burles! Sufro por eso. Desde que sacaron los tickets no he conocido a alguien que me agrade.
- Me estás diciendo que tu vida amorosa depende de un ticket de colectivo?
- ¡¿Qué te importa?!
- ¡Cálmate! Hay números en todas partes.
- ¡¿Como en dónde?!
- Mmm... Pues... Seguro pagas algún servicio: agua, luz, etc; las boletas traen todas folio.
- ¡Tienes razón! ¡Lo intentaré!
- ¡Bien!
Salió una enfermera a informar que había una demora de 2 horas y en esa intervención se fue la chica de los números.
- ¿Cómo te ganas la vida? - preguntó ella.
- De momento solo subo al subte a tocar la guitarra y ganarme unos pesos y...
- ¡Ahora no me digas tu nombre!
- ¿Eh?
- Sí. Solo dime el número de la letra con la que empieza.
- ¡Ah! A ver, deja hago cuentas.
- ¡Bah!
- Mmm... ¡la 10!
- Ok. ¡Chau!
- Pero... ¿no te vas a atender?
- Ya no. Lo mío es alergia nerviosa.
Ella habrá esperado 4 horas y se fue sin ser atendida, él habrá esperado otras 3 y en ese inter pensaba y pensaba en el juego de los números; cuanto más se obsesionaba, más absurdo lo encontraba e intentaba pensar otra cosa.
Luego de unos días, una mañana el tipo interpretaba su lista de canciones y colocó su gorra para quien quisiera cooperar. En el último vagón donde tocaría tan solo le colocaron un billete de 5 y otro de 10; alistaba todo para bajar y otra persona llega y le arroja un montón de papeles.
El tipo se sorprendió, no entendía porque una persona agarraría de basurero su gorra; quería mandarle un derechazo, pero se contuvo y notó que lo que le habían arrojado eran todos tickets de colectivo. Tomó uno, hizo la suma... ¡21! Tomó otro, hizo la suma... ¡21!
- Son todos 21 - le dijo una mujer.
Levantó la cabeza y vio una mano que le extendía un ticket más; hizo la suma y daba 10.
- Soy Tamara.
Se reincorporó por completo y sonrió a la par de su ex compañera de sala de espera del hospital.
jueves, 12 de enero de 2017
Pañalera color rosa
Como no sabían si sería niña o niño consiguieron una pañalera amarilla, color "neutro" para no fallarle.
En el hipotético caso de que apostaran porque sería nena y elegían la color rosa ¿habría habido crisis, devaluación, represión, censura, violencia de género, machismo enfermo, feminicidios, corrupción, opresores, oprimidas? Pasó igual y no creo que por el color de una pañalera.
Enseñemos a ser felices, libres, a -como dice Merlí- ser.
Inculquemos el amor por el amor, a llenarse de sensaciones, momentos, experiencias, no a vivir ocupados de si la marca se raya o se mancha. Cortázar sugería como un infierno florido el que te regalen un reloj, pero es algo que aplica para tanto porque, como bien dijo, te regalan el miedo a perderlo, a que te lo roben, a que se te rompa; con el tiempo vendrán a preguntarte por el obsequio, jamás preguntan si la pasaste para la mierda cuidando de algo y deseando un campo de protección de 5 metros de radio. Prueba de este revoltijo de palabras: el juguete de moda y siempre preferimos la caja nave espacial/coche de carreras/chistera/et al, hasta que nos pasan al rastro y nos mutilan el cerebro.
Me invade una preocupación enorme, es quizá un mal terrible, espero no sufrir severos trastornos físicos porque tengo una playera rosa y me gusta mucho; ahora me dio por lavar trastes, también ropa, cada tanto barro y trapeo y hasta cocino; veo películas de comedia romántica o drama y río y lloro y a veces lo hago comiendo helado.
¿Y si es verdad? ¿Y si el machito está cayéndose a pedazos?
De hecho, ahora que lo pienso, mi voz está cambiando, estoy terminando de convertirme en un tremendo tarado.
Y por fin me pregunto ¡¿qué chingados si la pañalera era rosa?!
En el hipotético caso de que apostaran porque sería nena y elegían la color rosa ¿habría habido crisis, devaluación, represión, censura, violencia de género, machismo enfermo, feminicidios, corrupción, opresores, oprimidas? Pasó igual y no creo que por el color de una pañalera.
Enseñemos a ser felices, libres, a -como dice Merlí- ser.
Inculquemos el amor por el amor, a llenarse de sensaciones, momentos, experiencias, no a vivir ocupados de si la marca se raya o se mancha. Cortázar sugería como un infierno florido el que te regalen un reloj, pero es algo que aplica para tanto porque, como bien dijo, te regalan el miedo a perderlo, a que te lo roben, a que se te rompa; con el tiempo vendrán a preguntarte por el obsequio, jamás preguntan si la pasaste para la mierda cuidando de algo y deseando un campo de protección de 5 metros de radio. Prueba de este revoltijo de palabras: el juguete de moda y siempre preferimos la caja nave espacial/coche de carreras/chistera/et al, hasta que nos pasan al rastro y nos mutilan el cerebro.
Me invade una preocupación enorme, es quizá un mal terrible, espero no sufrir severos trastornos físicos porque tengo una playera rosa y me gusta mucho; ahora me dio por lavar trastes, también ropa, cada tanto barro y trapeo y hasta cocino; veo películas de comedia romántica o drama y río y lloro y a veces lo hago comiendo helado.
¿Y si es verdad? ¿Y si el machito está cayéndose a pedazos?
De hecho, ahora que lo pienso, mi voz está cambiando, estoy terminando de convertirme en un tremendo tarado.
Y por fin me pregunto ¡¿qué chingados si la pañalera era rosa?!
lunes, 9 de enero de 2017
Clase de filosofía
Para el pequeño Larousse Ilustrado la filosofía es amor al conocimiento, ya si se consulta la RAE, Wikipedia, El Rincón del Vago o monografias.com, quizá venga algo más desglosado, vasto, explícito, pero groso modo esto sirve.
Según una amiga que estudió filosofía, todo el mundo hace filosofía; acorde a lo anterior, habré interactuado con grandes filósofos. Nunca investigué con qué se drogaban filósofos griegos o alemanes, pero alcohol y/o porro fomentan esta actividad.
Un ejemplo de esto son esos ya impresos lunes en Combate de los Pozos donde desaparecieron muchos más de Tres Deseos, algunos cuantos litros de gaseosa, algunos cuantos paquetes de arroz, una que otra tira de asado y muchas latas con atún; Ludo reloca rebotando en las paredes, nosotros fantaseando con las terrazas de enfrente, media sonrisa por la tranquilidad de un peculiar pensamiento y salir por Belgrano.
- Relajá que vamos muy aprisa.
- Ok.
- El que espera no desespera.
- Chúpame el mión.
- ¡Cállese pinche perro!
Para mi amiga, y sujetándome a lo que entendí de lo mucho que me explicó, la filosofía es un tremendo platillo con personas, experiencias, sensaciones como ingredientes. Hago una pausa para confesar que entre lo del jengibre, los conectores y la inexistencia del tiempo, sigo tratando de juntar los pedacitos de cerebro que tengo bajo mi custodia.
Mientras todos los reptiles estaban preocupados por el asadito e iban bajando las reservas cerveceras, comenzaron a tratar de resolver el mundo, a querer entender por qué el cangrejo va hacia atrás o si va hacia delante, y saltó el primer profundo.
- Según Spinoza, Dios hubiera dicho: "lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida".
- ¿Paz? - preguntó/respondió el típico que siempre se fastidia por esas pláticas.
- ¡Baruch, puños! - contraatacó el primer profundo.
- Y Dios ha muerto, según Nietzsche - saltó el segundo profundo.
- Y Pedro Infante está vivo, pasa todas las mañanas, según Arjona - atacó de nuevo el fastidiado.
- Pinche vatito cagapalos - se defendió el segundo.
- No puedo comprender lo que sería una libertad que me fuera dada por un ser superior, dijo Camus - aportó el tercero de los profundos - Y ya no estés chingando - se dirigió al fastidiado.
Entonces intervino el cuarto y más profundo de todos.
¡Déjense de mamadas y pónganse a pistear!
Según una amiga que estudió filosofía, todo el mundo hace filosofía; acorde a lo anterior, habré interactuado con grandes filósofos. Nunca investigué con qué se drogaban filósofos griegos o alemanes, pero alcohol y/o porro fomentan esta actividad.
Un ejemplo de esto son esos ya impresos lunes en Combate de los Pozos donde desaparecieron muchos más de Tres Deseos, algunos cuantos litros de gaseosa, algunos cuantos paquetes de arroz, una que otra tira de asado y muchas latas con atún; Ludo reloca rebotando en las paredes, nosotros fantaseando con las terrazas de enfrente, media sonrisa por la tranquilidad de un peculiar pensamiento y salir por Belgrano.
- Relajá que vamos muy aprisa.
- Ok.
- El que espera no desespera.
- Chúpame el mión.
- ¡Cállese pinche perro!
Para mi amiga, y sujetándome a lo que entendí de lo mucho que me explicó, la filosofía es un tremendo platillo con personas, experiencias, sensaciones como ingredientes. Hago una pausa para confesar que entre lo del jengibre, los conectores y la inexistencia del tiempo, sigo tratando de juntar los pedacitos de cerebro que tengo bajo mi custodia.
Mientras todos los reptiles estaban preocupados por el asadito e iban bajando las reservas cerveceras, comenzaron a tratar de resolver el mundo, a querer entender por qué el cangrejo va hacia atrás o si va hacia delante, y saltó el primer profundo.
- Según Spinoza, Dios hubiera dicho: "lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida".
- ¿Paz? - preguntó/respondió el típico que siempre se fastidia por esas pláticas.
- ¡Baruch, puños! - contraatacó el primer profundo.
- Y Dios ha muerto, según Nietzsche - saltó el segundo profundo.
- Y Pedro Infante está vivo, pasa todas las mañanas, según Arjona - atacó de nuevo el fastidiado.
- Pinche vatito cagapalos - se defendió el segundo.
- No puedo comprender lo que sería una libertad que me fuera dada por un ser superior, dijo Camus - aportó el tercero de los profundos - Y ya no estés chingando - se dirigió al fastidiado.
Entonces intervino el cuarto y más profundo de todos.
¡Déjense de mamadas y pónganse a pistear!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)