Bien pudiera ser el intento número... ¡bah! no sé qué número sería, de tomar la palabra y buscar rascar un poco a la inspiración la pasión que algunas lindas personas llevan en su voz.
Será solo sobre una parte del todo, porque este todo, como todo lo magnífico, hay que vivirlo, absorberle cada porción y arrojarse al mundo con la responsabilidad de esos nuevos seres humanos en que nos convierte: cooperativistas, autogestivos, públicos, populares.
Ni ahí es que quiera o intente abordar la jodida situación de vivienda en Buenos Aires; seguro lleva 109 años, mínimo. Incrementos, desalojos, que te re caguen tu sueldo para medio jugar a vivir; cuanta razón la de Amparo Ochoa: "Esto de jugar a la vida es algo que a veces duele...".
No, de hecho no, no quiero ni intento abordar el tema porque por sangre hay colectivos que le mantienen vivo, presente; colectivos muy en la línea dispuestos a resonar, a grabar en el tiempo la lucha misma y las huellas que incomodan a la tiranía.
Comité de Divulgación o Congreso de la Ñoñez, vasta exposición de hermosos detalles, monólogo de un gen obsesivo; interesante comienzo de una broma: "estaban 5 historiadorxs y 2 secretarias populares planificando, investigando, redactando, recortando, sugiriendo, celebrando cada sugerencia, incrementándole el nivel de ñoñez"... unx más ñoñx que la/el otrx. Tremendo performance de huelguistas y policías, de matemática y magia, de noche de lecturas y recuerdos, de sol de comida y canciones, de un poema, de dos poemas y una bellísima placa en rojo.
Es la parte que no cumplen con divulgar para que haya que vivirlo, como todo lo magnífico.
lunes, 31 de octubre de 2016
... (capítulo II)
Mañana de brujas, pequeña confesión de primavera: soda, café, dos medialunas, manteca y mermelada de frutilla/fresa/strawberry/fragola/fraise; el maldito tráfico, el corrupto gobierno, el puto calor o el puto frío, la manga de muertos pechofrío que no dan una; las y los madrugadorxs del crossfit apropiándose de la vereda, un perro y su desentendidx dueñx colocándole una apestosa trampa a cualquier transeúnte. Se han ido un par de diarios, un póker de buenos días, puchos y el héroe de la esquina que alcanza a atajar a la kamikaze que por audífonos y teléfono estuvo a muy poco de ser portada.
Todo ese revoltijo de ideas, de recuerdos, de hacerle creer a unxs cuantxs que contemplamos un adaptador de corriente como si lo entendiéramos, como si lográsemos llevarle a otro plano y un poco enderezamos el cuello y un poco que atacamos lo que nos queda de uña; exaltados pasamos la mano desde las orejas hasta el cenit de la barbilla, buscamos no sé qué en alguna parte de no sé dónde, tronamos los dedos de una mano, de la otra, mordemos un labio, el otro; sacudimos el pie -el derecho o el izquierdo, no importa cuál-, tamborileamos al aire, hacemos percusión en los hombros, y ni una sola palabra aún; exhalamos, pasamos la lengua por entre los dientes, sonrisa.
Resuena lo explicado por el escritor, no lo de Barry Allen o lo del verdadero Linterna Verde, sino lo que dijo que dijo Aristófanes o más o menos, que estamos a instantes de encontrarnos, y con esa linda idea que rescata Sabina de José Alfredo: lejos de leyes, de justicia, de dioses.
Me tomas del brazo para cruzar la calle, esa capacidad que el mundo va olvidando de detenerse a asombrarse por un jardín colgante; y un día cualquiera, sobre una calle cualquiera, en un puesto cualquiera te detienes a probarte unas gafas y preguntas que qué tal te quedan, me hago el boludo ojeando una revista y volteo, y antes de poder responder, viene el manazo y tu risa.
Todo ese revoltijo de ideas, de recuerdos, de hacerle creer a unxs cuantxs que contemplamos un adaptador de corriente como si lo entendiéramos, como si lográsemos llevarle a otro plano y un poco enderezamos el cuello y un poco que atacamos lo que nos queda de uña; exaltados pasamos la mano desde las orejas hasta el cenit de la barbilla, buscamos no sé qué en alguna parte de no sé dónde, tronamos los dedos de una mano, de la otra, mordemos un labio, el otro; sacudimos el pie -el derecho o el izquierdo, no importa cuál-, tamborileamos al aire, hacemos percusión en los hombros, y ni una sola palabra aún; exhalamos, pasamos la lengua por entre los dientes, sonrisa.
Resuena lo explicado por el escritor, no lo de Barry Allen o lo del verdadero Linterna Verde, sino lo que dijo que dijo Aristófanes o más o menos, que estamos a instantes de encontrarnos, y con esa linda idea que rescata Sabina de José Alfredo: lejos de leyes, de justicia, de dioses.
Me tomas del brazo para cruzar la calle, esa capacidad que el mundo va olvidando de detenerse a asombrarse por un jardín colgante; y un día cualquiera, sobre una calle cualquiera, en un puesto cualquiera te detienes a probarte unas gafas y preguntas que qué tal te quedan, me hago el boludo ojeando una revista y volteo, y antes de poder responder, viene el manazo y tu risa.
jueves, 8 de septiembre de 2016
El fin de un secreto
Y hasta acá, después si recuerdo algo que decirte, lo haré. Y lo recordé.
Está todo bien con la Mafalda y las enormes filas para retratarse con ella; con esa pareja que es el puente de la mujer y que se requiere mucha imaginación para notarla. Está todo bien con Caminito, con el doble de Maradona, el severo robo de lxs "bailarines" de tango al colocarte el bombín o el pañuelo y cobrarte cualquier cosa; el obelisco desde todos los ángulos, disfrazadxs al Colón, el extraño paseo por Recoleta y el tristísimo museo de Boca y todo junto sobre un camión de dos pisos.
Nadie nunca dirá que nos tiramos en el Ameghino a fumar un porro y ver cómo un perro se alejaba con nuestro almuerzo. Nadie mencionará cómo rodeábamos el Garrahan en caminatas y rastros de ceniza, ni las birras en Gasoleros y todas las fritas del mundo entendiendo a la vida como un gran platillo y nosotrxs, nuestras circunstancias, nuestros sentimientos, nuestras experiencias, sus ingredientes.
Nadie hablará del Tucu y sus remedios, de lo mucho que enderezamos en la banca de Venezuela y que vimos el gran desfile en la banca de Belgrano; quizá nadie hable de las alfombras violetas en la primavera de Parque Chacabuco o que en la madrugada de Almagro se inhalan el pasado. Nadie hablará de los domingos y lo lindo de mandarse una hora de viaje para beber vino con soda con el viejo, u otros domingos con mucho menos viaje para comerse un asado con ella, quien si no te reputea al saludar, algo anda mal; o del café con crema y maní tostado del filósofo guaraní.
Y llega y se va el aliento, lo miramos desde un puente y nos recorre ese intenso deseo de arrojarnos a la nada para por un momento sentir que nos abandona y vuelve y sentir que existimos y que somos nosotrxs y todas esas otras tantas cosas que no aparecemos en ningún folleto ni detrás del escritorio de cualquier agencia de viajes.
Está todo bien con la Mafalda y las enormes filas para retratarse con ella; con esa pareja que es el puente de la mujer y que se requiere mucha imaginación para notarla. Está todo bien con Caminito, con el doble de Maradona, el severo robo de lxs "bailarines" de tango al colocarte el bombín o el pañuelo y cobrarte cualquier cosa; el obelisco desde todos los ángulos, disfrazadxs al Colón, el extraño paseo por Recoleta y el tristísimo museo de Boca y todo junto sobre un camión de dos pisos.
Nadie nunca dirá que nos tiramos en el Ameghino a fumar un porro y ver cómo un perro se alejaba con nuestro almuerzo. Nadie mencionará cómo rodeábamos el Garrahan en caminatas y rastros de ceniza, ni las birras en Gasoleros y todas las fritas del mundo entendiendo a la vida como un gran platillo y nosotrxs, nuestras circunstancias, nuestros sentimientos, nuestras experiencias, sus ingredientes.
Nadie hablará del Tucu y sus remedios, de lo mucho que enderezamos en la banca de Venezuela y que vimos el gran desfile en la banca de Belgrano; quizá nadie hable de las alfombras violetas en la primavera de Parque Chacabuco o que en la madrugada de Almagro se inhalan el pasado. Nadie hablará de los domingos y lo lindo de mandarse una hora de viaje para beber vino con soda con el viejo, u otros domingos con mucho menos viaje para comerse un asado con ella, quien si no te reputea al saludar, algo anda mal; o del café con crema y maní tostado del filósofo guaraní.
Y llega y se va el aliento, lo miramos desde un puente y nos recorre ese intenso deseo de arrojarnos a la nada para por un momento sentir que nos abandona y vuelve y sentir que existimos y que somos nosotrxs y todas esas otras tantas cosas que no aparecemos en ningún folleto ni detrás del escritorio de cualquier agencia de viajes.
viernes, 2 de septiembre de 2016
...
Entonces uno empieza a inventar y le hará saber al universo, por cuanto medio se le ocurra, que hay un fragmento de él -del universo- que ha venido a alterar este otro fragmento y fluyen ya, al menos, los pensamientos de una nueva variante con la incongruencia como mayor argumento, porque uno no entiende cómo y/o por qué, sin entender, el mundo tiene sentido.
Creo en tanto: el destino, el tiempo, la suerte, el plan maestro, y lo que sea que sea, muy poco necesitó. Habrás asomado y bajó tu alegría, ahí lo supe, esa confianza de andar sin saber hacia dónde, esa alegría de subirte a mis pies y que tu estatura alcance mi barbilla, esa desbocada manera que tienes de ir inventando todos los gestos, todo el lenguaje para completar tus relatos; y miro cómo me escuchas, cómo me miras para dar paso a tu pregunta: "¿por qué te creo todo lo que me decís, boludo?", o responder con tu mueca-sonrisa y un leve sonido cuya onomatopeya aún no descifro como si recién aprendieras algo o cordial y oficialmente me mandaras a la mierda, según sea el caso.
Todo nos va llevando: una constelación de lunares o la nieve en primavera, salir a alcanzar los primeros panes del barrio, la superstición por un club y querer bailar; levantarse cada día a reconstruir una historia y el desayuno.
Somos todo eso que no se calcula, que no se anticipa, que no se pronostica; todos esos desencuentros y esas agrias promesas alentadas por uno o dos resultados no deseados, pero necesarios. Somos todas las fotos de un puente bajo el arcoíris, de la noche en la ciudad; somos todas las flores, las que amenazan con caerse y todas las cuales atajamos como si de la lluvia salieran; somos toda la lluvia, toda la gente que se esconde y toda esa que gustosa se sumerge en un charco. Somos un café y tres cigarrillos, un cigarrillo y tres cafés; una birra y tres porciones de pizza, tres birras, una porción de fritas y dos alfajores, no importa; y el mundo gira y gira como sugiere esa canción italiana y nuestro universo aparte comienza a ausentarse, vos desapareciendo en la escalera del subte, yo alejándome en el bondi - ¡Cuidate! - me dices - Vos también - respondo, y nos llevamos un beso en la mejilla.
Creo en tanto: el destino, el tiempo, la suerte, el plan maestro, y lo que sea que sea, muy poco necesitó. Habrás asomado y bajó tu alegría, ahí lo supe, esa confianza de andar sin saber hacia dónde, esa alegría de subirte a mis pies y que tu estatura alcance mi barbilla, esa desbocada manera que tienes de ir inventando todos los gestos, todo el lenguaje para completar tus relatos; y miro cómo me escuchas, cómo me miras para dar paso a tu pregunta: "¿por qué te creo todo lo que me decís, boludo?", o responder con tu mueca-sonrisa y un leve sonido cuya onomatopeya aún no descifro como si recién aprendieras algo o cordial y oficialmente me mandaras a la mierda, según sea el caso.
Todo nos va llevando: una constelación de lunares o la nieve en primavera, salir a alcanzar los primeros panes del barrio, la superstición por un club y querer bailar; levantarse cada día a reconstruir una historia y el desayuno.
Somos todo eso que no se calcula, que no se anticipa, que no se pronostica; todos esos desencuentros y esas agrias promesas alentadas por uno o dos resultados no deseados, pero necesarios. Somos todas las fotos de un puente bajo el arcoíris, de la noche en la ciudad; somos todas las flores, las que amenazan con caerse y todas las cuales atajamos como si de la lluvia salieran; somos toda la lluvia, toda la gente que se esconde y toda esa que gustosa se sumerge en un charco. Somos un café y tres cigarrillos, un cigarrillo y tres cafés; una birra y tres porciones de pizza, tres birras, una porción de fritas y dos alfajores, no importa; y el mundo gira y gira como sugiere esa canción italiana y nuestro universo aparte comienza a ausentarse, vos desapareciendo en la escalera del subte, yo alejándome en el bondi - ¡Cuidate! - me dices - Vos también - respondo, y nos llevamos un beso en la mejilla.
jueves, 21 de julio de 2016
Muchxs tienen a lxs mejores
Te darás cuenta que muchas personas, según ellas mismas, tienen lxs mejores padres, madres, hijxs, hermanxs, sobrinxs; pero no sé realmente quién tenga a lxs mejores, incluso no sé si sea algo posible de definir porque -y también te darás cuenta- lo mejor para ti no será precisamente igual a lo mejor para alguien más.
Lo que sí puedo declarar con certeza es lo que representas para mí, de ello jamás habrá duda porque llegaste siendo aprendizaje, conocimiento y fe pura, yo que no soy tan creyente.
Hasta hoy la única ocasión que debí regresar a casa a cambiarme la camisa porque la que llevaba quedó vomitada, te la debo a ti.
Me habrán cantado tal vez en 32 ocasiones el cumpleaños feliz; digo tal vez porque no puedo garantizar que en cada año de mi vida haya ocurrido, pero atesoro la versión dedicada a mis 31 que cantaste aunque querías dedicársela a tu amigo que es mi tocayo; después, al año siguiente, tu eufórica felicitación que no tendrá comparativa a menos que decidas remasterizarla.
Tenías los ojos bien abiertos y una mano -que no alcanzaba a ocultarlos- cubriéndote la cara cuando nos conocimos; habrán sido alrededor de las 3:30 del martes 19 de julio del 2011. A las 22 del 18 me llamó tu jefe para avisarme que llevaba a tu jefa al hospital porque ya estabas por llegar.
La idea era que nacieras sin intervención quirúrgica, pero en una última revisión detectaron que la llegabas muy lejos y que no saldrías porque se iba a trabar, entonces hubo cesárea.
Mientras llevaban a la Frizbie al quirófano y Puppy la acompañaba, me pidieron que consiguiera una espada de hoja de diamante porque solo ese tipo de hoja no se rompería al chocar con tu esta tan bañada. El problema era que ese tipo de espada hacía 400 años que no se veía una.
Salí corriendo a cualquier lado por no saber cómo ayudar hasta que encontré una puerta de cristal que si le arrojas fuego directamente, te convierte en humo y eso hace posible que te comuniques con las nubes y ellas te muevan en el tiempo porque ellas son testigo de toda la vida.
Me movieron hasta Australia 400 años atrás donde vivía el forjador de la espada que necesitábamos; el vato me dijo que tenía que viajar hasta 32 años antes de tu llegada y buscar a dos bebés y limpiarles la frente con un algodón rociado de una poción de evenflez: el bebé varón estaba naciendo en Reynosa; la beba, en Monterrey.
Lo que esa poción provocaría era que la beba y el bebé cuando crecieran se buscarían y darían vida al ser que justificaría la existencia de la espada de diamante oculta por siglos en el corazón de la Sierra Madre Oriental.
Pude volver a tiempo, a la 1:19am con la espada y 2 horas después llegaste.
Quizá por esto te rete la Frizbie, pero de todos los "no mames" que me han dicho, los tuyos son los mejores.
Un rompecabezas que no se ve, completo sin imagen definida, armado, pero vas pintando cada pieza con cada uno de tus detalles.
Hasta donde me es posible confirmar, eres el mejor primer sobrino para mí, porque la mínima diferencia y no aplica.
Eres la única persona a quien para hacerle estudios le sacan agua de jamaica.
Lo que sí puedo declarar con certeza es lo que representas para mí, de ello jamás habrá duda porque llegaste siendo aprendizaje, conocimiento y fe pura, yo que no soy tan creyente.
Hasta hoy la única ocasión que debí regresar a casa a cambiarme la camisa porque la que llevaba quedó vomitada, te la debo a ti.
Me habrán cantado tal vez en 32 ocasiones el cumpleaños feliz; digo tal vez porque no puedo garantizar que en cada año de mi vida haya ocurrido, pero atesoro la versión dedicada a mis 31 que cantaste aunque querías dedicársela a tu amigo que es mi tocayo; después, al año siguiente, tu eufórica felicitación que no tendrá comparativa a menos que decidas remasterizarla.
Tenías los ojos bien abiertos y una mano -que no alcanzaba a ocultarlos- cubriéndote la cara cuando nos conocimos; habrán sido alrededor de las 3:30 del martes 19 de julio del 2011. A las 22 del 18 me llamó tu jefe para avisarme que llevaba a tu jefa al hospital porque ya estabas por llegar.
La idea era que nacieras sin intervención quirúrgica, pero en una última revisión detectaron que la llegabas muy lejos y que no saldrías porque se iba a trabar, entonces hubo cesárea.
Mientras llevaban a la Frizbie al quirófano y Puppy la acompañaba, me pidieron que consiguiera una espada de hoja de diamante porque solo ese tipo de hoja no se rompería al chocar con tu esta tan bañada. El problema era que ese tipo de espada hacía 400 años que no se veía una.
Salí corriendo a cualquier lado por no saber cómo ayudar hasta que encontré una puerta de cristal que si le arrojas fuego directamente, te convierte en humo y eso hace posible que te comuniques con las nubes y ellas te muevan en el tiempo porque ellas son testigo de toda la vida.
Me movieron hasta Australia 400 años atrás donde vivía el forjador de la espada que necesitábamos; el vato me dijo que tenía que viajar hasta 32 años antes de tu llegada y buscar a dos bebés y limpiarles la frente con un algodón rociado de una poción de evenflez: el bebé varón estaba naciendo en Reynosa; la beba, en Monterrey.
Lo que esa poción provocaría era que la beba y el bebé cuando crecieran se buscarían y darían vida al ser que justificaría la existencia de la espada de diamante oculta por siglos en el corazón de la Sierra Madre Oriental.
Pude volver a tiempo, a la 1:19am con la espada y 2 horas después llegaste.
Quizá por esto te rete la Frizbie, pero de todos los "no mames" que me han dicho, los tuyos son los mejores.
Un rompecabezas que no se ve, completo sin imagen definida, armado, pero vas pintando cada pieza con cada uno de tus detalles.
Hasta donde me es posible confirmar, eres el mejor primer sobrino para mí, porque la mínima diferencia y no aplica.
Eres la única persona a quien para hacerle estudios le sacan agua de jamaica.
sábado, 9 de julio de 2016
Temas sin sentido
Si pudieras ver los cielos de Buenos Aires en junio, no sé quién está encargadx de cambiar esas diapositivas, pero es un genio, una genia; son naranjas, los cielos, claro.
Digo de Buenos Aires en junio y no de junio en Buenos Aires porque -y de esto no tengo fundamento alguno- estoy convencido que este lugar es un museo con esta exposición tan particular por la que poco se esmeran, no te muestran su mejor cara, una mejor perspectiva, quizá estamos tan habituadxs que damos otro valor, obvio que quien recién la descubre la encuentra de un modo y probablemente no le encuentre igual en una segunda oportunidad, porque segundas partes suelen no ser buenas, pero acá no. Puede ser una postura borgeana, celosa, que nadie más pueda verlo.
Hay tantos rincones para desparramarse, para construir clichés en compañía de un libro, cigarrillos, mate, audífonos, que las hojas del libro se llenen de tierra y el separador se manche de yerba. Entonces aparece una señora empujando el cochecito con su nena abordo y retando a su pibe: "¡Caminá adelante que no tengo ojos en el culo!".
Decides andar este lugar y hallas un lindo PH afuera de lo que fue un chino -mercado-; es una linda habitación ensamblada por objetos que la gente larga: un cómodo sillón, un marco que encuadra un fragmento de un graffiti, un pequeño tapete al costado de la cama, unos cuantos títulos sobre una mesa de periodico, techo de cartón y lona, y luz tenue alimentada del poste inmediato.
Personas interactuando en un recoveco lleno de pósters y cosas aparentemente inservibles estratégicamente colocadas, te acercas y son todxs intelectuales -igual con los niveles que uno maneja eso es bastante posible-, escuchan jazz, resuelven política que lxs políticxs no pueden o no quieren, y se reúnen a ver películas nada comerciales procedentes de cualquier parte y te enteras que existe una pieza inconclusa para piano mecánico.
Te alcanza el amanecer con algo de lluvia, llega tu café y ella mira a la calle como si eso apresurara el taxi; se desdobla el tiempo y son ya tres días sin dormir, el cuerpo protesta envolviéndote en un aroma a todos tus vicios, a todos tus miedos, a todo el alcohol, a todo el humo y todas las cenizas.
Una linda mente irrigada por un corazón podrido y esa escena donde él abre la puerta con más bronca que atención y ella todavía tira un último intento:
- Bueno, me voy.
- ¿Volvés?
Mira la hora en su teléfono y luego lo mira a él.
- ¿Querés que vuelva?
Y ahí le encendió el cerebro, la miró, la sujetó de la mano y le habla al oído.
- No quiero ni que te vayas.
Entonces es verdad que lo más trivial se vuelve fundamental, y yo traeré todos los narcisos o la flor que prefieras.
Somos uno de esos temas tan sin sentido, arrancamos de cualquier parte sin punto fijo, sin página ni capítulo.
Digo de Buenos Aires en junio y no de junio en Buenos Aires porque -y de esto no tengo fundamento alguno- estoy convencido que este lugar es un museo con esta exposición tan particular por la que poco se esmeran, no te muestran su mejor cara, una mejor perspectiva, quizá estamos tan habituadxs que damos otro valor, obvio que quien recién la descubre la encuentra de un modo y probablemente no le encuentre igual en una segunda oportunidad, porque segundas partes suelen no ser buenas, pero acá no. Puede ser una postura borgeana, celosa, que nadie más pueda verlo.
Hay tantos rincones para desparramarse, para construir clichés en compañía de un libro, cigarrillos, mate, audífonos, que las hojas del libro se llenen de tierra y el separador se manche de yerba. Entonces aparece una señora empujando el cochecito con su nena abordo y retando a su pibe: "¡Caminá adelante que no tengo ojos en el culo!".
Decides andar este lugar y hallas un lindo PH afuera de lo que fue un chino -mercado-; es una linda habitación ensamblada por objetos que la gente larga: un cómodo sillón, un marco que encuadra un fragmento de un graffiti, un pequeño tapete al costado de la cama, unos cuantos títulos sobre una mesa de periodico, techo de cartón y lona, y luz tenue alimentada del poste inmediato.
Personas interactuando en un recoveco lleno de pósters y cosas aparentemente inservibles estratégicamente colocadas, te acercas y son todxs intelectuales -igual con los niveles que uno maneja eso es bastante posible-, escuchan jazz, resuelven política que lxs políticxs no pueden o no quieren, y se reúnen a ver películas nada comerciales procedentes de cualquier parte y te enteras que existe una pieza inconclusa para piano mecánico.
Te alcanza el amanecer con algo de lluvia, llega tu café y ella mira a la calle como si eso apresurara el taxi; se desdobla el tiempo y son ya tres días sin dormir, el cuerpo protesta envolviéndote en un aroma a todos tus vicios, a todos tus miedos, a todo el alcohol, a todo el humo y todas las cenizas.
Una linda mente irrigada por un corazón podrido y esa escena donde él abre la puerta con más bronca que atención y ella todavía tira un último intento:
- Bueno, me voy.
- ¿Volvés?
Mira la hora en su teléfono y luego lo mira a él.
- ¿Querés que vuelva?
Y ahí le encendió el cerebro, la miró, la sujetó de la mano y le habla al oído.
- No quiero ni que te vayas.
Entonces es verdad que lo más trivial se vuelve fundamental, y yo traeré todos los narcisos o la flor que prefieras.
Somos uno de esos temas tan sin sentido, arrancamos de cualquier parte sin punto fijo, sin página ni capítulo.
martes, 5 de julio de 2016
El Club de la Línea
Comenzaron a organizar velorios como en Cochabamba. Ubicaban muertxs frescxs por quienes ni un alma aparecía, pasaban una iguala mensual a la morgue, en la madrugada sacaban los cuerpos, alguien de lxs integrantes del club de la Línea prestaba su casa, y a los dos días se hacía el velorio; invitaban y se entregaban sobres con guita que luego cada invitadx entregaba a lxs "familiares" que eran quienes ponían la casa para el evento.
El verdadero lavado no era lo que invertían ahí, era una especie de tanda.
Todo cubierto.
Los lunes y los viernes entre las 17 y las 18 era que abordaban ese colectivo y les llamaba la atención que aunque siempre iba lleno fuera un lugar tan sin vida.
La mayor manifestación de vida que en ocasiones encontraban en cualquier unidad era cuando el conductor dejaba pasar a alguna conocida sin cobrarle, le insistía que ocupara el primer asiento -el que está inmediato a la derecha del sujeto- y hacerse el lindo hasta que ella bajara; el resto eran personas dormidas realmente o en sus teléfonos. A veces también rostros laburando en cómo hablar con la linda chica, con el lindo chico; a veces también personas leyendo y unx que otrx pulgosx arrimando de frente o de reversa.
Alguna vez le plantearon al chofi si no le daba hueva tanta gente y tan poca vida, ¿te das cuenta? Suben tristes, molestxs, alegres, nerviosxs, asustadxs, ansiosxs, con sueño, mas no se sabe si aún con ellos. ¿Cómo cambiar semejante dinámica?
Las empresas pagan fortunas por bases de datos y unx tiene tantas posibilidades al alcance, pero prefiere continuar con cargas, aun si se arrepiente de haber asesinado, ya no puede cambiarlo; mientras no haya Ctrl + Z en la vida, no hay manera de cambiar decisiones o comentarios ejecutadxs.
El chofer estuvo de acuerdo en que era complicado, quizá como conducir carrosas.
- A vos que no te preocupe de dónde porque acá no lo haremos, pero necesitamos lavar dinero.
- Pero puedo tener problemas con la administración de la Línea.
- ¡No! Acá saldrá el medio, pero acá no verás esa plata, aunque tendrás tu "beca".
Y ahí cambió el rubro del servicio de colectivos, querían imitarlos. Dejaron de ofrecer el servicio y arrancaron a ofrecer la experiencia, la vivencia.
Se volvió en algo como el Fight Club: una enorme red conectada, personas y personas interactuando, desarrollando y compartiendo conocimientos por otros, una gran fiesta donde cada parada podía ser gente diferente. Ahora todo el día iba llena esa unidad, dejaban pasar hasta 10 unidades con tal de subir a esa.
Todo comenzó con selfies: se llenaba la unidad y ahí uno buscaba el ángulo, los otros -colocados a la mitad y al final del bus- se hacían los copados y agitaban al resto a acomodarse, a posar; después el fotógrafo pasaba una cuenta en facebook para que la gente se hallara y se autoetiquetaban. Como siempre se renovaban el movimiento no aflojaba y ahí comenzaron con otras cosas: contrataban tipos en moto que pasaban a un costado activando rifles con salvas y la gente se tiraba al piso, el claxon del colectivo eran los sonidos de un freno precipitado, golpes, alaridos y cristales en lluvia; todo lo documentaban y cada vez más gente sabía la dinámica.
En épocas de calor a ciertxs pasajerxs les entregaban pistolas para agua y arrancaba la guerra, durante el frío regalaban chocolate caliente, con la noche cada tanto salía esfera disco, siempre había música y hasta habilitaron espacio para música en vivo, poesía, clown y stand up. Al ser un secreto masivo infiltraban espionaje para anticipar inspectores de ruta aunque muchas veces ya eran parte.
El verdadero lavado no era lo que invertían ahí, era una especie de tanda.
Todo cubierto.
Los lunes y los viernes entre las 17 y las 18 era que abordaban ese colectivo y les llamaba la atención que aunque siempre iba lleno fuera un lugar tan sin vida.
La mayor manifestación de vida que en ocasiones encontraban en cualquier unidad era cuando el conductor dejaba pasar a alguna conocida sin cobrarle, le insistía que ocupara el primer asiento -el que está inmediato a la derecha del sujeto- y hacerse el lindo hasta que ella bajara; el resto eran personas dormidas realmente o en sus teléfonos. A veces también rostros laburando en cómo hablar con la linda chica, con el lindo chico; a veces también personas leyendo y unx que otrx pulgosx arrimando de frente o de reversa.
Alguna vez le plantearon al chofi si no le daba hueva tanta gente y tan poca vida, ¿te das cuenta? Suben tristes, molestxs, alegres, nerviosxs, asustadxs, ansiosxs, con sueño, mas no se sabe si aún con ellos. ¿Cómo cambiar semejante dinámica?
Las empresas pagan fortunas por bases de datos y unx tiene tantas posibilidades al alcance, pero prefiere continuar con cargas, aun si se arrepiente de haber asesinado, ya no puede cambiarlo; mientras no haya Ctrl + Z en la vida, no hay manera de cambiar decisiones o comentarios ejecutadxs.
El chofer estuvo de acuerdo en que era complicado, quizá como conducir carrosas.
- A vos que no te preocupe de dónde porque acá no lo haremos, pero necesitamos lavar dinero.
- Pero puedo tener problemas con la administración de la Línea.
- ¡No! Acá saldrá el medio, pero acá no verás esa plata, aunque tendrás tu "beca".
Y ahí cambió el rubro del servicio de colectivos, querían imitarlos. Dejaron de ofrecer el servicio y arrancaron a ofrecer la experiencia, la vivencia.
Se volvió en algo como el Fight Club: una enorme red conectada, personas y personas interactuando, desarrollando y compartiendo conocimientos por otros, una gran fiesta donde cada parada podía ser gente diferente. Ahora todo el día iba llena esa unidad, dejaban pasar hasta 10 unidades con tal de subir a esa.
Todo comenzó con selfies: se llenaba la unidad y ahí uno buscaba el ángulo, los otros -colocados a la mitad y al final del bus- se hacían los copados y agitaban al resto a acomodarse, a posar; después el fotógrafo pasaba una cuenta en facebook para que la gente se hallara y se autoetiquetaban. Como siempre se renovaban el movimiento no aflojaba y ahí comenzaron con otras cosas: contrataban tipos en moto que pasaban a un costado activando rifles con salvas y la gente se tiraba al piso, el claxon del colectivo eran los sonidos de un freno precipitado, golpes, alaridos y cristales en lluvia; todo lo documentaban y cada vez más gente sabía la dinámica.
En épocas de calor a ciertxs pasajerxs les entregaban pistolas para agua y arrancaba la guerra, durante el frío regalaban chocolate caliente, con la noche cada tanto salía esfera disco, siempre había música y hasta habilitaron espacio para música en vivo, poesía, clown y stand up. Al ser un secreto masivo infiltraban espionaje para anticipar inspectores de ruta aunque muchas veces ya eran parte.
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