15. diciembre. 2012
En pocos días, tenemos entendido
que termina el mundo,
pero ¿Qué mundo?
Primero disculpa el desorden de mis ideas,
las mostraré esperando hagan sentido,
si no, al final, tan solo haz la sumatoria:
te quiero.
Por una parte, tenía convenio editorial
con mis obsesiones, de permitirme llamarle un buen año
si me gastaba al menos una libreta en ese período;
esta vez faltaré a ese absurdo pensamiento,
restando no sé qué tantas hojas; al menos ahora veo
que el inicio del final de todas ellas, es para hablar de ti.
Para ofrecer un escrito con tintas barrocas
de lo que lleva ya tiempo sucediendo.
No me había animado a aceptar, siquiera a notar,
que el aliento me abandona cuando te miro,
debe ser algo bueno.
A veces tomo calle casi en ayunas,
solo llevo en el estómago tus sugerencias,
tus buenos deseos y el boceto de un encuentro
que denota sencillas conversaciones
y acota besos y abrazos.
Ten por seguro que los viajeros se cruzarán
con un semblante lejano, con una atónita mirada
que dos pies flotantes transportan,
esa cara de tonto, pasmado, que va pintando
las calles, de tu existencia se desprende.
Ahora mismo no recuerdo la intención de todo esto,
me gustas, ya lo sabes, no actúo más;
en verdad no se asoman razones y no hacen falta,
me centro en pensarte.
Que termine el mundo, aquél de ausencias,
de limitantes, de privaciones; ante la ciudad,
ante el fresco, vayamos rescatando lo magnífico
y comencemos a narrar el nuestro.
gatts
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