lunes, 14 de enero de 2013

Carta No. 5

Es muy probable que para una mayoría
un negocio tome cinco minutos
y el resto de las dos horas destinadas a esa reunión,
serán para valorar lo que ocurra en cualquier parte:
bromas, música, bailes, catastrofes.

Algo también probable es que esa misma mayoría
no entienda nuestra empresa, no conciba que nos tomamos cinco minutos
de impuesta cordura y el resto destinado
lo saboreamos, lo digerimos, lo tomamos cual café
y lo acompañamos con nuestras vidas
desmenuzadas como panecillos.

Para lo banal, son cinco minutos;
para lo importante, hacen falta esos cinco minutos.

Está también ese juego, desgastado, siempre vigente,
de guardarse las cosas para no quedar expuesto;
me parece más terrible quedar expuesto a la soledad,
por guardarse un "me gustas",
por besarte un "te quiero".

Ese cúmulo de ideas que aparece de golpe,
que uno tanto ensaya para reducir los índices
de error, de confusión.

La piedra Rosetta lleva un mismo mensaje en tres lenguajes, mensaje lineal;
la mente, los sueños, el subconsciente, manejan
una misma idea en diferente lenguaje,
así creo que pasa con las declaraciones de amor,
uno trae tantas cosas que decir, que no logra darle un orden,
se sabe cuando se siente, de ahí me parece que surge la frase:
"El amor de mis sueños".

Lo que el subconsciente sugiere, a veces sueño que lo sueño,
y lo mejor que al consciente se le ocurre es procurarte,
¿besarte? es lienzo libre, tuyo.

Debo mencionarlo ahora, no voy a ocultarlo,
aunque no hace falta, lo cierto son tus labios rosas,
me hipnotizan con sonrisas y con besos detonan todo en mí,
todo eso que no ves, ellos lo hablan, ellos lo recitan.

Ahora quiero hablar de tus ojos
van de un lado a otro provocando a los míos a corretearlos;
cuando miras hacia arriba, ahí está parte de tu encanto,
eres tan expresiva, cómo tus pestañas: largas, abundantes,
se sincronizan, se muestran en grupos
y obsequias dos pequeñas coronas
y yo me ocupo de tus manos frías.

Cuando insitas en alejarme
por lo que llamas debilidad,
contaré entonces cada uno de tus lunares.

Pones barreras con la idea de sentirte mal,
pero tú, como un sólo gesto,
no puedes ocultarte.

Un diminuto sol me permite notarlo,
debería sumergirme en el mundo detrás de los párpados,
ese que creamos y se mantiene agasapado,
ajeno, huraño y que en un instante encedemos,
iniciamos una fiesta tan apasionada.




gatts

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