jueves, 23 de abril de 2015

Anda de chiquilla

Acorde al tiempo y la biología, sumados con griegos y chinos, soy tauro y rata.

Me parece que la familia estaba de vacaciones cuando tuve la ocurrencia de aparecer. Como no estaba en el programa, mientras mamá estaba siendo atendida papá salió a buscar ropa para el indeseado nuevo integrante; indeseado porque según sé, y a como entiendo, no entraba en el presupuesto y por lo tanto representaba un problema. ¡Ah, pero ahí andaban de cachorros!

En fin, problema o no, ya se habían chingado porque ya desde la tremenda timba que le boté a mamá era una realidad. Víctima de la tecnología de la época en el lugar, no sabían si sería niño o niña; todos esperaban una niña y por lo tanto papá regresó con ropita para la princesita que acababa de nacer.

Mis padres muy avanzados para la época: un niño con ropa de niña y todo bien.

La enfermera destacó el tamaño de mis manos, aunque papá -alimentando mi ego- jure que la trabajadora se refería a otra cosa que también son dos y uno está más cerca del suelo que el otro.

Así fue como un sábado 28 de abril de 1984, por ahí de las 13:30, me incorporé al show.
Un tipo que simboliza estabilidad, fuerza de voluntad, practicidad, y que gusta del arte y la música; que es también rígido, argumentativo, egocéntrico y terco, según los griegos. Los chinos sugieren una persona disciplinada, meticulosa, cruel, intolerante, egoísta. En suma o campechaneando: un tipo romántico, sensible, sociable, frío y culero.

Acorde a la vida y el destino, sumados con griegos y chinos, soy escorpión (no dorado) y buey.

No sé cuánto tiempo pasó en todo el proceso, pero la historia así fue.
Yo ya caminaba, pero no hablaba. Para ese entonces -supongo- ya se habían encariñado conmigo y por eso no me regalaron.

Me cargaban y me encorvaba porque algo no andaba bien en mis entrañas. Me llevaron al hospital -no al veterinario- y el doctor dijo que tenía -yo- un problema en las anginas; tan parecido al caso del tipo que le hallaron almorranas con sólo verle las muelas y que quiso saber si tendría muelas picadas revisándose el yofo con un espejito. ¡Pinche doctor puñetas! ¡Me hubieran llevado al veterinario!

Como continuó el cuadro, deciden llevarme con el buen Aristeo Ávalos; Tello pa' la raza.
Supongo que es por eso que a la fecha, tratándose de malestares, sigo visitándolo.

En esa ocasión y en otras, demostró ser un campeón. Un día -no hace mucho- fui a visitarlo porque traía -yo- una infección en el brazo por pellejear mucho; el vato me observa, piensa un tiempito y dice: "traes una infección". ¡Una pinche riata bien parada este vato!

Cuando fuimos a que me revisara por el dolor este en el área abdominal, el vato -mucho, pero un chingo más orientado que el envergado del hospital- dijo: "tiene un problema intestinal". ¡A huevo, puto! Si me cargan y me encorvo, tiene sentido que sea una molestia en la cangurera y no un pinche dolor de garganta. ¡No mames!

Producto de su diagnóstico: curanderas, medicamentos y varias chingaderas más; me aplicaron cuanta mamada hallaron intentando sacar la calabaza rancia que me tenía empinoles. Pero el pedo siguió.

Me llevaron nuevamente al hospital y aunque papá jura que le dijo al doctor -porque me recibió de nuevo el genio de las anginas- respetuosamente: "Doctor, no se ofenda, pero le agradecería llamara a un colega suyo más especializado" -y le habló al proctólogo-, yo tengo mi idea sobre el diálogo:

*Hagamos un ejercicio de imaginación. Papá y mamá llegando al hospital con la piltrafa y se dirigen a recepción:

- Papá.- Traemos al niño porque sigue con malestar en su pancita -porque en ese entonces tenía pancita, no estaba cuachón como ahora-.

- Recepción.- Sí señor, ya viene el doctor __________ (aquí va el apellido del puto de las anginas).

- Papá.- ¡Nooo! ¡No mames! ¡Ese hijo de la chingada va a salir con que le falta agua al radiador (no es metáfora)!

- Doctor.- ¿Qué tal, señor? Déjeme revi...

- Papá.- ¡No, cagada! ¡Ve a picarte el culo o echarte mierda en las anginas y háblale a un wey que sí sepa o te meo!

- Doctor.- ¡Claro que sí, señor! Ya le llamamos al doctor __________ (aquí va el apellido del que me salvó).


Llegó el chido, testereó y este fue el diálogo -según-:

- Doctor chido.- Señor, lo tengo que operar -o sea a mí- o en dos horas -ya se lo cargó Don José Marroquín, o sea Pipo, o sea el payaso; o sea me iba a cargar el riel, es decir, me iba a morir- no se lo garantizo.

- Papá.- ¡Opérelo!

- Doctor chido.- Bueno, pase a trabajo social a dar unos datos, pague y se hace el guiso.


Y así fue que conseguí mis chichotas y me hicieron la jarocha.


Bueno, la apéndice la tenía mandada al chosto y por eso todo el pedo.

Un lunes 18 de noviembre de 1985 el creador decidió darme champú. Champú a un tipo que se renueva, simboliza retos, donaciones, sueños; un tipo que es intenso, afable, sensible y acá, según los griegos; según los chinos, champú a un tipo metódico, paciente, tenaz, obstinado, intolerante, próspero, celoso y sensual -¡a la madre!-. Ya haciendo revoltijo: un vato prendido, necio y acá.

Acorde al tiempo, la biología, la vida, el destino, los griegos y los chinos, nací a finales de abril y comencé a vivir a mediados de noviembre.
Meticuloso, intenso, afable, sensible, con gusto por el arte y la música; disciplinado, romántico, sociable, frío y/u ojete, tan sólo un sujeto sencillo -con la dicha de haber dejado la categoría de problema y recibir montones por formar parte de tan hermosa familia- queriendo darse champú y soltarse.

Para la raza soy ejemplo de globalización: mexicano que parece coreano, se cree argentino y anda de chiquilla.

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