Cuando niños, y aún ahora cuando adultos, un beso es una señal inequívoca de enseñanza y aprendizaje.
Besamos para enseñar que hemos aprendido a manifestar afecto, besamos para saludar, besamos para despedir, para desear una buena jornada, para desear un dulce sueño; besamos para arrebatar palabras, besamos para detenerlas, besamos para generar duda, besamos para salir de ella.
Besamos para afrontar el frío, besamos para burlar al calor, besamos para desafiar al vestido, besamos para acompañar la desnudez.
Ahora bien, la respuesta al beso depende de dónde se dé; dónde se dé geográficamente en el mundo, geográficamente en el tiempo, geográficamente en el cuerpo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario